25 Marzo 2005 Seguir en 
Caracteriza a nuestra ciudad -y ello nos enorgullece justificadamente- una muy activa vida cultural. Su intensidad no ha decrecido en ninguna época, a pesar de las crisis económicas y de las serias preocupaciones que, a raíz de aquellas, sin duda ocupan lugar predominante en la psique de los ciudadanos. En efecto, si se inventariase la cantidad de exposiciones, ediciones, congresos, conferencias, cursos, seminarios, etcétera, que se realizan en el transcurso de cada año, así como los espectáculos teatrales o musicales, la suma nos sorprendería, como reveladora de la intensidad de la inclinación cultural de los tucumanos.
De más está decir que, si todo ello ocurre, es porque existe un espíritu francamente receptivo en la ciudadanía. Sus integrantes se comprometen, como participantes o como espectadores, en todas esas expresiones, con lo cual las fomentan y multiplican. Se trata de un fenómeno que siempre ha singularizado a nuestra provincia dentro del mapa espiritual de la Nación. Así, a todos interesa que no sólo se mantenga vigente, sino que se acreciente.
Justamente, esta época del año -en que está a punto de iniciarse la temporada cultural- parece oportuno reiterar una sugerencia que hemos planteado otras veces. Se trata de que se considere la posibilidad de que tales expresiones se coordinen adecuadamente, de manera que se distribuyan en una proporción apropiada a lo largo del año y que, al mismo tiempo, tenga toda la población la posibilidad de beneficiarse con ellas. Lo decimos porque, según la experiencia lo indica, tal coordinación no se tiene en cuenta, y su carencia limita el provecho que fluye de todo acto cultural.Lo normal es que las actividades se agolpen en una parte del año -generalmente de julio en adelante- hasta adquirir un verdadero "crescendo" en los últimos meses, a pesar de que en ellos nuestro clima no resulta el más adecuado.
Y de ese agolpamiento se deriva el hecho de que, con mucha frecuencia, las actividades se superponen y obligan a optar entre unas y otras a muchos interesados, que, de serles posible, hubieran concurrido de buena gana a todas.
Así, es común que el mismo día y a la misma hora en que se inaugura una muestra, o se presenta un libro, o se pronuncia una conferencia, exista un acto de la misma importancia a pocas cuadras. El resultado es, como decimos, que las expresiones se quitan recíprocamente público y, obviamente, viene a limitarse la cantidad de asistentes a cada una.
Cabe recordar que, años atrás, se planteó la inquietud oficial respecto de una coordinación, pero nada llegó a efectivarse. No pareciera demasiado difícil organizarla. Bastaría con poner a cargo de algún organismo (inclusive podrían turnarse varios a ese efecto), la confección de un calendario general de actividades culturales -públicas y privadas- , de acuerdo con los datos que sus organizadores fueran aportando. Ello podría surgir inclusive de reuniones previas a la fijación de fechas, donde se ajusten estas o las líneas de actividades, de acuerdo con el panorama general que la coordinación presentaría.
De esta manera, se lograría dotar a Tucumán de un calendario anual de cultura, a cuyos actos todos podrían concurrir, sin superposiciones y sin falta de proporción de una época del año con respecto a la otra.
A la vez, la necesidad de establecer una lista de ese tipo obligaría a trabajar con tiempo y con orden, lo que se reflejaría positivamente en la organización de cada evento. Es un tema que interesa a todas las entidades culturales. Habría que dedicarle la preocupación que merece.
De más está decir que, si todo ello ocurre, es porque existe un espíritu francamente receptivo en la ciudadanía. Sus integrantes se comprometen, como participantes o como espectadores, en todas esas expresiones, con lo cual las fomentan y multiplican. Se trata de un fenómeno que siempre ha singularizado a nuestra provincia dentro del mapa espiritual de la Nación. Así, a todos interesa que no sólo se mantenga vigente, sino que se acreciente.
Justamente, esta época del año -en que está a punto de iniciarse la temporada cultural- parece oportuno reiterar una sugerencia que hemos planteado otras veces. Se trata de que se considere la posibilidad de que tales expresiones se coordinen adecuadamente, de manera que se distribuyan en una proporción apropiada a lo largo del año y que, al mismo tiempo, tenga toda la población la posibilidad de beneficiarse con ellas. Lo decimos porque, según la experiencia lo indica, tal coordinación no se tiene en cuenta, y su carencia limita el provecho que fluye de todo acto cultural.Lo normal es que las actividades se agolpen en una parte del año -generalmente de julio en adelante- hasta adquirir un verdadero "crescendo" en los últimos meses, a pesar de que en ellos nuestro clima no resulta el más adecuado.
Y de ese agolpamiento se deriva el hecho de que, con mucha frecuencia, las actividades se superponen y obligan a optar entre unas y otras a muchos interesados, que, de serles posible, hubieran concurrido de buena gana a todas.
Así, es común que el mismo día y a la misma hora en que se inaugura una muestra, o se presenta un libro, o se pronuncia una conferencia, exista un acto de la misma importancia a pocas cuadras. El resultado es, como decimos, que las expresiones se quitan recíprocamente público y, obviamente, viene a limitarse la cantidad de asistentes a cada una.
Cabe recordar que, años atrás, se planteó la inquietud oficial respecto de una coordinación, pero nada llegó a efectivarse. No pareciera demasiado difícil organizarla. Bastaría con poner a cargo de algún organismo (inclusive podrían turnarse varios a ese efecto), la confección de un calendario general de actividades culturales -públicas y privadas- , de acuerdo con los datos que sus organizadores fueran aportando. Ello podría surgir inclusive de reuniones previas a la fijación de fechas, donde se ajusten estas o las líneas de actividades, de acuerdo con el panorama general que la coordinación presentaría.
De esta manera, se lograría dotar a Tucumán de un calendario anual de cultura, a cuyos actos todos podrían concurrir, sin superposiciones y sin falta de proporción de una época del año con respecto a la otra.
A la vez, la necesidad de establecer una lista de ese tipo obligaría a trabajar con tiempo y con orden, lo que se reflejaría positivamente en la organización de cada evento. Es un tema que interesa a todas las entidades culturales. Habría que dedicarle la preocupación que merece.







