22 Marzo 2005 Seguir en 
La Casa de Gobierno de Tucumán fue inaugurada en 1912, de manera que lleva ya 93 años de uso intensivo. Obvio es decir que, cuando se edificó el palacio (en estilo académico francés, con ornamentaciones del "secesión" y detalles del "floreal"), de acuerdo con los planos del ingeniero Domingo Selva, la administración pública era considerablemente menos complicada que en la actualidad.
Y así, aunque se dotó a la ambiciosa construcción de la amplitud que entonces parecía adecuada, no fue posible prever, por ejemplo, que los dos ministerios de entonces se transformarían en cinco; que aparecerían dos secretarías generales, una Fiscalía de Estado con decenas de abogados, diecinueve secretarías de Estado -muchas con sus subsecretarías-, incontables direcciones, generales y de las otras, además de una impresionante suma de mesas de entradas, asesorías y demás oficinas. Es decir, un torrente de organismos, muchos de los cuales irían tomando su espacio en la casa oficial, hasta rebasar completamente su capacidad. A ello se sumaría, por un proceso lógico y comprensible, la concurrencia de una cantidad cada vez mayor de público. Todo esto, por cierto, se ha reflejado tanto en complicaciones internas dentro del edificio como en su inevitable deterioro, secuela de la excesiva utilización y también del maltrato. Ello torna positivo el hecho de que el Gobierno de la Provincia se haya empezado a preocupar por una revalorización de su sede. Se la considera, con toda justicia, como una de las más imponentes y airosas del interior del país, además de indiscutible integrante de nuestro patrimonio cultural y arquitectónico.
Como lo informamos en la edición de ayer, la Unidad de Reconversión de Espacios Públicos, dependiente de la Secretaría General, ha encarado el tema. Inició su tarea con una reubicación de los organismos (lo que incluye el desplazamiento de algunos hacia otros inmuebles); el arreglo de jardines interiores y la incorporación de dos nuevos ascensores (ya está habilitado uno de ellos). Está programado luego algo tan urgente como la reparación integral de los sanitarios y del techo. Esto último incluye también el reacondicionamiento y el repintado de las cúpulas.
Nadie puede discutir la necesidad de que esas tareas se lleven a cabo. Por cierto que se les debieran sumar varias otras. Se nos ocurre, por ejemplo, el reacondicionamiento total de su magnífica carpintería de puertas y ventanas (en muchos casos pintadas desacertadamente), o de los gastados mármoles de sus escaleras, así como la revisión de los tabiques divisorios que desnaturalizan muchas partes de su arquitectura. El palacio tiene también -como lo subrayaba la nota- una serie de dependencias cerradas u ocupadas por materiales en desuso, que debieran ser liberadas y habilitadas para otros fines. En suma, estamos ante una tarea en la que deben aplicarse a fondo los modernos criterios de restauración, con el buen gusto que demanda un edificio de sus características.
Se informó que se dotará a la casa de una iluminación que destaque su arquitectura. al modo de la utilizada en las iglesias de San Francisco y la Catedral. Pensamos que ello sería muy conveniente. Pero que debiera implementarse cuidando de conservar, de todos modos, la luz de los tradicionales focos de las molduras: ellos forman parte del diseño original del palacio, y constituyen un detalle que ya está incorporado a la memoria de la población. Bien merece, un edificio cargado de tantos méritos históricos y artísticos, ser revalorizado debidamente, a casi un siglo de su inauguración. Era una asignatura pendiente, dentro del amplio campo del cuidado de nuestro patrimonio.
Y así, aunque se dotó a la ambiciosa construcción de la amplitud que entonces parecía adecuada, no fue posible prever, por ejemplo, que los dos ministerios de entonces se transformarían en cinco; que aparecerían dos secretarías generales, una Fiscalía de Estado con decenas de abogados, diecinueve secretarías de Estado -muchas con sus subsecretarías-, incontables direcciones, generales y de las otras, además de una impresionante suma de mesas de entradas, asesorías y demás oficinas. Es decir, un torrente de organismos, muchos de los cuales irían tomando su espacio en la casa oficial, hasta rebasar completamente su capacidad. A ello se sumaría, por un proceso lógico y comprensible, la concurrencia de una cantidad cada vez mayor de público. Todo esto, por cierto, se ha reflejado tanto en complicaciones internas dentro del edificio como en su inevitable deterioro, secuela de la excesiva utilización y también del maltrato. Ello torna positivo el hecho de que el Gobierno de la Provincia se haya empezado a preocupar por una revalorización de su sede. Se la considera, con toda justicia, como una de las más imponentes y airosas del interior del país, además de indiscutible integrante de nuestro patrimonio cultural y arquitectónico.
Como lo informamos en la edición de ayer, la Unidad de Reconversión de Espacios Públicos, dependiente de la Secretaría General, ha encarado el tema. Inició su tarea con una reubicación de los organismos (lo que incluye el desplazamiento de algunos hacia otros inmuebles); el arreglo de jardines interiores y la incorporación de dos nuevos ascensores (ya está habilitado uno de ellos). Está programado luego algo tan urgente como la reparación integral de los sanitarios y del techo. Esto último incluye también el reacondicionamiento y el repintado de las cúpulas.
Nadie puede discutir la necesidad de que esas tareas se lleven a cabo. Por cierto que se les debieran sumar varias otras. Se nos ocurre, por ejemplo, el reacondicionamiento total de su magnífica carpintería de puertas y ventanas (en muchos casos pintadas desacertadamente), o de los gastados mármoles de sus escaleras, así como la revisión de los tabiques divisorios que desnaturalizan muchas partes de su arquitectura. El palacio tiene también -como lo subrayaba la nota- una serie de dependencias cerradas u ocupadas por materiales en desuso, que debieran ser liberadas y habilitadas para otros fines. En suma, estamos ante una tarea en la que deben aplicarse a fondo los modernos criterios de restauración, con el buen gusto que demanda un edificio de sus características.
Se informó que se dotará a la casa de una iluminación que destaque su arquitectura. al modo de la utilizada en las iglesias de San Francisco y la Catedral. Pensamos que ello sería muy conveniente. Pero que debiera implementarse cuidando de conservar, de todos modos, la luz de los tradicionales focos de las molduras: ellos forman parte del diseño original del palacio, y constituyen un detalle que ya está incorporado a la memoria de la población. Bien merece, un edificio cargado de tantos méritos históricos y artísticos, ser revalorizado debidamente, a casi un siglo de su inauguración. Era una asignatura pendiente, dentro del amplio campo del cuidado de nuestro patrimonio.







