Esperan que Kirchner baje de la cresta de la ola

Los sectores sociales temen a la palabra y a la acción presidencial.

21 Marzo 2005
Por Hugo E. Grimaldi

BUENOS AIRES.- La semana dejó dos ejes entrecruzados, pero bien claros para el análisis: la hegemonía gubernamental sigue gozando de una salud rebosante y en casi todos los sectores de la vida nacional se verifica claramente por estos días un miedo reverencial ante la palabra y la acción de Néstor Kirchner.
El escenario actual muestra a un presidente ansioso de generarse enemigos de fácil cacheteo para encarar la próxima etapa electoral y, por otro lado, se observa al resto de los actores que -por acción u omisión- concluyen que, ante la enorme popularidad presidencial y la poca lucidez de la oposición, Kirchner ganaría fácilmente.
Las cabezas de Shell, de Rodrigo de Rato, del obispo Antonio Baseotto o del diario "La Nación", cercenadas en poco más de una semana desde el púlpito presidencial, ejemplifican sobre la comodidad y hasta sobre el placer con el que se opera desde la Casa Rosada a la hora de la vindicta verbal. Ante tamaña guillotina, hoy la contrapartida es la manifiesta pasividad de la mayor parte de los sectores.

Mejor, no hablar
Está más que claro que un cuasibíblico temor se instaló muy hondo en la piel de las corporaciones gremiales y empresarias, y en el Congreso, especialmente dentro del justicialismo. Sucede algo similar en entidades y compañías, medios de comunicación, entre los economistas, en los organismos internacionales y hasta en la propia Iglesia. En todos lados se escucha el mismo discurso: "no es bueno hablar, no conviene pelearse con el Gobierno".
A medida que se profundiza en los porqués, en casi todos lados se verifica un lugar común: en el debate de cada organización hay dos posturas bien definidas. Los menos, los que se indignan y quieren romper lanzas, se cruzan con los que prefieren mantener el bajo perfil, no dilapidar capital económico o político y esperar tiempos mejores para replicar.
Estos últimos, hoy mayoritarios, se escudan en la subsistencia: "si todos vamos al choque, se cierran los espacios", justifican ante la necesidad de mantener abiertos los canales de diálogo.
Con todo, los implacables ataques presidenciales marcaron un claro objetivo: el de enfriar la voluntad de otros eventuales críticos o aun de aquellos que quisieran ensayar una mínima réplica y también el de reprimir a los que estaban preparándose para remarcar precios. (DyN)

Tamaño texto
Comentarios