21 Marzo 2005 Seguir en 
El sábado se registró un impactante accidente en la ruta 38. El percance se agrega a la demasiado larga lista que exhibe esa carretera. Es conocido que llegó a ser conocida como "ruta de la muerte", ya que allí se suscitan, por año, numerosas defunciones como consecuencia de choques. Pero el triste hecho último sirve, además, para subrayar lo adecuado del requerimiento que expresó una lista de 40.000 firmas recogidas el año pasado.
Ese petitorio solicitaba la construcción de una autopista que reemplace la vieja ruta, en los 90 kilómetros que van desde Famaillá a Juan Bautista Alberdi. Como se sabe, actualmente llega hasta Famaillá la autopista que sale de nuestra ciudad (y que es propiamente "autopista" sólo en una parte, ya que luego tiene un solo carril con doble mano, aunque de mayor anchura que los habituales). No obstante, esa autopista permitió, en su momento, descomprimir parcialmente la ex ruta 38 (hoy 301) entre Famaillá y la capital).La ruta 38, cabe recordarlo, no sólo es una verdadera columna vertebral dentro del sistema de tránsito desde y hacia el sur de Tucumán.
En los hechos, constituye una suerte de "avenida central" de los pueblos que atraviesa. Por ella camina el público, cruzan los chicos, pasan los carros y las bicicletas, todo en medio de un tránsito tan veloz como intenso, en todas las horas de todas las jornadas. El tramo de circulación más denso es el que va desde Monteros a Alberdi. Los vehículos pesados y las rastras cañeras tienen allí una presencia constante, de la cual, como es sabido, han derivado los grandes accidentes.
Se hicieron varios planes nacionales para modificar la ruta 38, y ninguno de ellos cuajó por falta del presupuesto correspondiente. Ante la insistencia de las fuerzas vivas del sur, la decisión del Gobierno nacional fue construir una nueva ruta (un solo carril con doble mano) que salga de Famaillá y llegue hasta Monteros, obra que estaría lista en 2006. También se prometió extender esa ruta hasta Alberdi, pero no se dio fecha ni siquiera del inicio de la obra. Además, la nueva traza estaría a cinco km de la actual, lo que permite profetizar que, en los hechos, se seguiría utilizando la vieja ruta, por obvias razones de distancia.
Con las 40.000 firmas reunidas en el sur, se postula algo que creemos razonable. Es decir, la prolongación de la autopista desde Famaillá, no hasta Monteros sino hasta Alberdi. No se necesitan nuevos argumentos para demostrar lo que ya está probado hasta el cansancio. Es decir, la necesidad de que el tránsito al sur, hasta Alberdi, se encauce por una autovía adecuada a la realidad que se impone en estos momentos.
El gobierno de Tucumán se ha comprometido a la realización de los estudios técnicos correspondientes, por medio de Vialidad provincial. Por su parte, el Gobierno nacional prometió garantizar el presupuesto necesario, a medida que avancen los trabajos de reconocimiento de la traza prevista en el anteproyecto. Pero es evidente que la obra final no será la misma que pidieron a lo largo de por lo menos dos décadas los vecinos del sur. Sería de esperar que se hagan estudios a fin de que la cuestión pueda encauzarse medianamente para satisfacer las necesidades planteadas por las fuerzas vivas.
Las obras públicas de envergadura -como sin duda lo es la construcción de una nueva ruta- deben ser planificadas de una manera consensuada con quienes van a ser sus usuarios, y ajustarse realmente a los requerimientos de estos y del desarrollo demográfico y económico de la provincia. De otra manera, se corre el riesgo de que los trabajos resulten insuficientes, y ya se sabe que la corrección podría demandar muchos años, si es que se efectúa alguna vez. Sobrada experiencia hay en ese sentido.
Ese petitorio solicitaba la construcción de una autopista que reemplace la vieja ruta, en los 90 kilómetros que van desde Famaillá a Juan Bautista Alberdi. Como se sabe, actualmente llega hasta Famaillá la autopista que sale de nuestra ciudad (y que es propiamente "autopista" sólo en una parte, ya que luego tiene un solo carril con doble mano, aunque de mayor anchura que los habituales). No obstante, esa autopista permitió, en su momento, descomprimir parcialmente la ex ruta 38 (hoy 301) entre Famaillá y la capital).La ruta 38, cabe recordarlo, no sólo es una verdadera columna vertebral dentro del sistema de tránsito desde y hacia el sur de Tucumán.
En los hechos, constituye una suerte de "avenida central" de los pueblos que atraviesa. Por ella camina el público, cruzan los chicos, pasan los carros y las bicicletas, todo en medio de un tránsito tan veloz como intenso, en todas las horas de todas las jornadas. El tramo de circulación más denso es el que va desde Monteros a Alberdi. Los vehículos pesados y las rastras cañeras tienen allí una presencia constante, de la cual, como es sabido, han derivado los grandes accidentes.
Se hicieron varios planes nacionales para modificar la ruta 38, y ninguno de ellos cuajó por falta del presupuesto correspondiente. Ante la insistencia de las fuerzas vivas del sur, la decisión del Gobierno nacional fue construir una nueva ruta (un solo carril con doble mano) que salga de Famaillá y llegue hasta Monteros, obra que estaría lista en 2006. También se prometió extender esa ruta hasta Alberdi, pero no se dio fecha ni siquiera del inicio de la obra. Además, la nueva traza estaría a cinco km de la actual, lo que permite profetizar que, en los hechos, se seguiría utilizando la vieja ruta, por obvias razones de distancia.
Con las 40.000 firmas reunidas en el sur, se postula algo que creemos razonable. Es decir, la prolongación de la autopista desde Famaillá, no hasta Monteros sino hasta Alberdi. No se necesitan nuevos argumentos para demostrar lo que ya está probado hasta el cansancio. Es decir, la necesidad de que el tránsito al sur, hasta Alberdi, se encauce por una autovía adecuada a la realidad que se impone en estos momentos.
El gobierno de Tucumán se ha comprometido a la realización de los estudios técnicos correspondientes, por medio de Vialidad provincial. Por su parte, el Gobierno nacional prometió garantizar el presupuesto necesario, a medida que avancen los trabajos de reconocimiento de la traza prevista en el anteproyecto. Pero es evidente que la obra final no será la misma que pidieron a lo largo de por lo menos dos décadas los vecinos del sur. Sería de esperar que se hagan estudios a fin de que la cuestión pueda encauzarse medianamente para satisfacer las necesidades planteadas por las fuerzas vivas.
Las obras públicas de envergadura -como sin duda lo es la construcción de una nueva ruta- deben ser planificadas de una manera consensuada con quienes van a ser sus usuarios, y ajustarse realmente a los requerimientos de estos y del desarrollo demográfico y económico de la provincia. De otra manera, se corre el riesgo de que los trabajos resulten insuficientes, y ya se sabe que la corrección podría demandar muchos años, si es que se efectúa alguna vez. Sobrada experiencia hay en ese sentido.







