Gobernar con plata

También en la abundancia hay riesgo de errores.

19 Marzo 2005
Por Roberto Delgado

Como si fuera un nuevo rico, el Gobierno tiró abajo una sala nueva del Hospital de Niños y comenzó otra obra, más ambiciosa, financiada con aportes del Hospital Garrahan y con la idea de que sea equipada con tecnología de punta. Pero se tiraron 300.000 pesos a la basura, y eso enfureció a los integrantes de la Fundación Pro Niño, que se encargaron de cuestionar la demolición de la obra gestionada y montada por ellos. Las autoridades trataron de poner algodones sobre el escandalete, pero este hecho singular puso en el tapete una cuestión a la que no estamos acostumbrados los tucumanos: ¿es posible que un gobernante que tiene plata para administrar se equivoque en el uso del dinero, si se lo ve haciendo obras? ¿El solo hecho de hacer obras indica que se ha mejorado la gestión del Estado? ¿Qué pasa si se cometen errores?
El principal argumento oficial para demoler la sala anterior radica en que el dinero viene de arriba. De Buenos Aires. No lo pone la Provincia. Sin embargo, el mismo argumento se empleó para justificar la obra de la nueva ruta 38, hecha según el capricho de la Nación y no de acuerdo con la necesidad de la gente del sur. Durante 20 años pidieron una autopista junto a la vieja ruta, y por razones de dinero les están dando otra carretera similar a la vieja, ubicada a cinco kilómetros de la actual. "Es eso o nada", les dicen. Hoy hay 40.000 firmas que exigen la autopista original, pero es muy difícil que les hagan caso, si ya está en marcha la obra que entrega la Nación. Es decir que no bastaron 20 años de planes y estrategias. Como un nuevo rico, el Estado nacional reparte el dinero como quiere y no da opciones.
La obra del Hospital de Niños se enmarca en un programa mayor de elogiables objetivos: la ampliación global del hospital, que, además, es una obra más dentro de una serie de mejoras en el programa de salud. Pero, aunque haya buenas intenciones de las autoridades y no se ponga en duda su honestidad, ¿está bien hecho? Los arquitectos reclaman que no se hicieron consultas y que el Hospital de Niños perderá funcionalidad. La Fundación Pro Niño dice que no se debió tirar lo hecho y que eso desanimará a la gente solidaria para el futuro. Dicen que el ministro de Salud intentará apaciguar los ánimos con los miembros de la Pro Niño y que darán una conferencia conjunta esta semana, en la que enfatizarán el objetivo común de mejorar el sistema de salud y la situación de los niños enfermos. Es más, en el encuentro de ayer de funcionarios con legisladores, se destacó que el gran problema fue que no hubo comunicación y por eso se dieron equívocos. "En este caso, el silencio no es salud", dijo el legislador Alejandro Sangenis.
Pero quedan varios interrogantes, a tal punto que el Colegio de Arquitectos plantea que se debe investigar penalmente y advierte que el 95 % de los arquitectos que trabaja para el Estado no está matriculado. El Tribunal de Cuentas dice que antes nunca se controló a las fundaciones y que estas podían hacer lo que quisieran, como contratar a empresas como Mas y Rovira.
Además, el apuro para hacer obras tiene que ver con la desesperación por mostrar cosas en un año electoral y con la certeza de las autoridades de que pronto se acabará la época de vacas gordas. Lo que no se haga ahora no será tan fácil de hacer después. Y en una sociedad acostumbrada a las carencias, las obras disimularán el apuro.
Pero convendría recordar que ya hubo un gobernante que, amparado en su supuesta ejecutividad, quiso encargar a un albañil la construcción de un hospital o que trató de construir un camino a los cerros por una quebrada que es puro barro todo el año. Es fácil la tentación de hacer cosas con plata, pero muchas veces puede ser más difícil que administrar sin dinero, porque el riesgo de que se dilapide lo que no cuesta ganar es grande.

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