19 Marzo 2005 Seguir en 
Está a la vista de todos la importancia fundamental que la zona de la plaza Independencia tiene en el sistema de tránsito de San Miguel de Tucumán. Ello, a lo largo de toda la jornada, y por cierto que especialmente durante las horas hábiles, de la mañana o de la tarde.
Tan conocida circunstancia debiera crear en las autoridades la obligación de mantener constantemente libre el paso de los automotores por las calles que circundan el paseo. Arterias más anchas que las estrechas calzadas restantes de la zona sin duda aportan poderosamente a la fluidez de una circulación cada vez más abundante y anárquica.
Sin embargo, el criterio oficial es exactamente opuesto a lo que parecería lógico. Lo decimos porque, lejos de cuidar el libre transcurrir de los vehículos, se elige precisamente la zona de la plaza Independencia para todo tipo de actividad que represente un corte del tránsito.
Así es como, a cada momento, las calles 25 de Mayo, 24 de Setiembre, Laprida y San Martín se ven cerradas al paso de los automotores por algún tipo de acto. Esto, en una amplia gama que va, por ejemplo, desde la exhibición de las nuevas ambulancias, hasta espectáculos de música o de baile. Es sabido que las escalinatas del palacio de Gobierno ya prácticamente han incorporado a su estructura el tablado para presentaciones.
Por cierto, no es solamente el poder público quien toma estas medidas. Los ciudadanos también colaboran con la clausura del tránsito de las más diversas maneras: a veces se trata de manifestaciones de protesta; otras, de exteriorizaciones de júbilo (el triunfo de algún equipo de fútbol, por ejemplo). En suma, ocurre que el tránsito libre por las arterias que circundan la plaza, lejos de constituir la situación normal, es casi la excepción.
Esto resulta criticable, en una ciudad de más de medio millón de habitantes, dotada de un parque automotor en constante crecimiento y caracterizada, como decimos arriba, por la estrechez de las arterias de su casco céntrico. Es conocido que los cortes en el sector del paseo derivan en un descomunal embotellamiento en varias cuadras a la redonda, y precisamente durante las horas críticas de la jornada de que se trate.
Consideramos que ya sería hora de cambiar de criterio. Si bien no parece posible evitar que los actos de protesta converjan sobre la plaza Independencia -por encontrarse allí la sede del Gobierno-, sí sería practicable que el poder público y los particulares eligieran otros puntos para sus actos.
Esto, además de descongestionar positivamente el área a la que nos referimos, colaboraría con la creación, en nuestra capital, de otros centros de esparcimiento para la comunidad. Pensamos, por ejemplo, en lugares como las plazas Belgrano, San Martín, Urquiza e Yrigoyen, donde podrían localizarse muchas de las expresiones que actualmente se desarrollan en la plaza central.
Esos paseos están, por otra parte, a muy pocas cuadras de distancia, y en barrios densamente poblados, de manera que tendrían una concurrencia masiva asegurada, sin las complicaciones que derivan de la interrupción del tránsito en el centro.
Hay en la cuestión además, nos parece, un aspecto de jerarquía. La plaza Independencia, por su condición de centro histórico de la capital, existente desde hace más de tres siglos, merece reservarse para las grandes manifestaciones cívicas o patrióticas, y no constituir el asiento obligado de cuanto espectáculo se programe en la ciudad.
No es la primera vez que tocamos el tema. Sería deseable asistir a alguna modificación en un hábito que ya crea demasiadas perturbaciones a la vida normal de la población.
Tan conocida circunstancia debiera crear en las autoridades la obligación de mantener constantemente libre el paso de los automotores por las calles que circundan el paseo. Arterias más anchas que las estrechas calzadas restantes de la zona sin duda aportan poderosamente a la fluidez de una circulación cada vez más abundante y anárquica.
Sin embargo, el criterio oficial es exactamente opuesto a lo que parecería lógico. Lo decimos porque, lejos de cuidar el libre transcurrir de los vehículos, se elige precisamente la zona de la plaza Independencia para todo tipo de actividad que represente un corte del tránsito.
Así es como, a cada momento, las calles 25 de Mayo, 24 de Setiembre, Laprida y San Martín se ven cerradas al paso de los automotores por algún tipo de acto. Esto, en una amplia gama que va, por ejemplo, desde la exhibición de las nuevas ambulancias, hasta espectáculos de música o de baile. Es sabido que las escalinatas del palacio de Gobierno ya prácticamente han incorporado a su estructura el tablado para presentaciones.
Por cierto, no es solamente el poder público quien toma estas medidas. Los ciudadanos también colaboran con la clausura del tránsito de las más diversas maneras: a veces se trata de manifestaciones de protesta; otras, de exteriorizaciones de júbilo (el triunfo de algún equipo de fútbol, por ejemplo). En suma, ocurre que el tránsito libre por las arterias que circundan la plaza, lejos de constituir la situación normal, es casi la excepción.
Esto resulta criticable, en una ciudad de más de medio millón de habitantes, dotada de un parque automotor en constante crecimiento y caracterizada, como decimos arriba, por la estrechez de las arterias de su casco céntrico. Es conocido que los cortes en el sector del paseo derivan en un descomunal embotellamiento en varias cuadras a la redonda, y precisamente durante las horas críticas de la jornada de que se trate.
Consideramos que ya sería hora de cambiar de criterio. Si bien no parece posible evitar que los actos de protesta converjan sobre la plaza Independencia -por encontrarse allí la sede del Gobierno-, sí sería practicable que el poder público y los particulares eligieran otros puntos para sus actos.
Esto, además de descongestionar positivamente el área a la que nos referimos, colaboraría con la creación, en nuestra capital, de otros centros de esparcimiento para la comunidad. Pensamos, por ejemplo, en lugares como las plazas Belgrano, San Martín, Urquiza e Yrigoyen, donde podrían localizarse muchas de las expresiones que actualmente se desarrollan en la plaza central.
Esos paseos están, por otra parte, a muy pocas cuadras de distancia, y en barrios densamente poblados, de manera que tendrían una concurrencia masiva asegurada, sin las complicaciones que derivan de la interrupción del tránsito en el centro.
Hay en la cuestión además, nos parece, un aspecto de jerarquía. La plaza Independencia, por su condición de centro histórico de la capital, existente desde hace más de tres siglos, merece reservarse para las grandes manifestaciones cívicas o patrióticas, y no constituir el asiento obligado de cuanto espectáculo se programe en la ciudad.
No es la primera vez que tocamos el tema. Sería deseable asistir a alguna modificación en un hábito que ya crea demasiadas perturbaciones a la vida normal de la población.







