13 Marzo 2005 Seguir en 
Los músicos no siempre se encasillan en un solo género. Hay quienes por gusto o por dinero, se animan a convivir en dos mundos distintos. Y, en Tucumán, hay varios casos. La mayoría transita entre lo clásico y el pop. Tal es el caso del percusionista Adolfo Palomino, quien además de ser docente en el Conservatorio de Música y timbalista de la Orquesta Sinfónica de la UNT, es el baterista de "Karma Sudaca" uno de los grupos rockeros más exitosos de la región. "Me gusta Tchaicovsky, pero me fascina el rock", comentó. Un caso emblemático es el maestro Oscar Pastor Olivares, actual director de la Banda Sinfónica de la Provincia, quien entre los años 1975 y 1982 condujo la banda de música tropical "Morito y su conjunto", con la que llegó a grabar cuatro discos, dos de ellos producidos por RCA y distribuidos en 16 países de Latinoamérica.
De la solemne partitura a la furia de la batería
Adolfo "Cacho" Palomino tiene 33 años, y ha aprendido a disfrutar de la partitura clásica y del rock más pesado.
Además de enseñar en el Conservatorio de Música de la Provincia (desde 1999), es timbalista de la Orquesta Sinfónica de la UNT (cargo que ganó por concurso), y percusionista bajo contrato desde hace cuatro años en la Orquesta Estable de la Provincia. Pero la mayoría de la gente lo conoce como el baterista de "Karma Sudaca", ya desde hace nueve años. Orgulloso de su profesión, es uno de los pocos que vive de la música.
"La música clásica apareció como de casualidad en mi vida, porque ante la enfermedad de un profesor debí reemplazarlo y hacer de refuerzo; pero ya entonces me generaba algo, me fascinaba Tchaicovsky, por ejemplo", aseguró a LA GACETA. "Cuando hice el refuerzo, la nueva situación me obligó a formarme repentinamente, y me lo tomé con mucha responsabilidad". Por eso, tomó clases con Angel Frette y Arturo Vergara (ambos, integrantes de la Orquesta Sinfónica de Buenos Aires).
"El desafío es meterse en cada contexto, pero lo principal es aprender a disfrutar lo clásico y lo rockero. Me moviliza pasar de la partitura a tocar ?al palo? con "Karma", forte para arriba, respetando los tempos y el poder de la distorsión", describe exhultante cuando se le consulta cómo compatibiliza los distintos ritmos. "Si me das a elegir, no podría hacerlo, sencillamente; me quedo con una y con la otra, no puedo optar. Con "Karma" me divierto y me puedo expresar, soy libre, además porque los temas no se tocan siempre de igual manera. Hay posibilidad de introducir arreglos. En la Orquesta, por el contrario, la partitura limita, la tenés ahí enfrente y la tenés que seguir".
"Cacho" Palomino recuerda que además de juntarse con el "Mocho" Urueña para hacer tocadas de jazz, también integró un conjunto folclórico ("Y de ay chango!") que compitió en el festival de Cosquín hace unos años. "En realidad, hago lo que me gusta, pero a mis alumnos les aconsejo seguir y cumplir las distintas etapas de formación, que no se adelanten. El problema fue que en Tucumán hubo en un momento un hueco en la percusión orquestal, y hubo que llenar ese vacío", concluyó.
"Se puede hacer arte con lo popular"
Entre los años 1975 y 1982, Oscar Pastor Olivares convivió con dos amores: integraba la Banda Sinfónica de la Provincia (que pasó a dirigir desde 1985 en adelante) y conducía "Morito y su conjunto", un grupo que hacía música tropical. Además, en 1980 se incorporó a la Orquesta Sinfónica de la UNT.
Con el seudónimo de Morito grabó cuatro discos (el tercero y el cuarto fueron producidos por RCA y distribuidos en 16 países). "Empecé a trabajar de pantalones cortos, pero siempre tuve el objetivo de la música clásica", recuerda, mientras se toma su tiempo para decidir que sus autores predilectos son Tchaicovsky y Brahms. "Cada vez que ejecuto Brahms, quedo en un estado de gracia", sostiene.
Respecto de su constante fluctuación entre lo clásico y la música tropical, el director señaló que todo forma parte de un mismo universo: la música. "Lo popular se puede hacer también con seriedad, profesionalismo y perfección. Se puede hacer arte con lo popular", asegura.
Pastor Olivares admite que respeta y admira a los músicos que tocan de oído, porque son capaces de transitar todos los géneros, aunque no sepan leer una partitura. "Son músicos que tienen la capacidad de adaptación", señaló. Y, aunque le gusta toda la buena música, reconoce que no es lo mismo dirigir "La marcha eslava" (Tchaicovsky) que un pasodoble. "Cuando dirijo me interesa que la banda tenga ritmo", dijo.
"En una orquesta todo está pautado"
En la Banda Sinfónica de la Provincia toca los platillos; en la Orquesta Juvenil de la UNT, los timbales y accesorios, y en "Euzkadi-rock", la batería. Además, es refuerzo de la Sinfónica de la UNT, en triángulo, bombo y pandereta.
Raúl Aguirre (de 31 años) estudió en el Conservatorio de Música de la Provincia y el año pasado se incorporó a la Sinfónica porque faltaban músicos.
"En la música clásica no hay lugar para la creación, todo está pautado rigurosamente, pero me gusta porque me sirve para ordenar y precisar mis conocimientos; para prepararme técnicamente y capacitarme. ?De la cabeza a las manos es la distancia más larga?, me dijo un día un amigo. Y es verdad, es largo el camino de llevar las ideas a su concreción", reflexiona Aguirre, quien también es vendedor ambulante de ropa india y de sahumerios.
Los directores
Claro que tocar dos estilos distintos tiene su secreto. "Lo clásico y el rock son géneros distintos, pero yo gozo de los dos tipos de música. No es igual tocar con 60 instrumentistas al lado y un director, que en una banda donde los directores somos nosotros mismos. ?Euzkadi? me permite hacer lo que me gusta", señaló.
Asimismo, admitió que la Sinfónica y la Juvenil son para él una ayuda económica importante, porque con "Euzkadi-rock" no se gana plata.
Convivencia armónica
Víctor Bossard es pianista y estudia en el Instituto Superior de Música. "Aprendí el piano interpretando música clásica", confiesa. Y reconoce un cultor de Beethoven, Chopin, Schubert , Brahms, y sobre todo de la música de cámara, que es muy armónica.
"Me agrada la organización de cómo ejecutar las obras, y que te exige mucho; el problema es que uno no es tan libre como en otros géneros. Sin embargo, se lo pudo ver actuando como tecladista de "Euzkadi rock". "Al rock llegué por el grupo de amigos, que nos juntamos a escuchar. Cuando me invitaron a tocar en 'Euzkadi' me sentí libre". "No sé si es mayor la posibilidad de creación, pero sí sé que es algo diferente, que no me plantea mayores exigencias". "Yo mantengo una convivencia armónica con las dos músicas", señaló.
De la solemne partitura a la furia de la batería
Adolfo "Cacho" Palomino tiene 33 años, y ha aprendido a disfrutar de la partitura clásica y del rock más pesado.
Además de enseñar en el Conservatorio de Música de la Provincia (desde 1999), es timbalista de la Orquesta Sinfónica de la UNT (cargo que ganó por concurso), y percusionista bajo contrato desde hace cuatro años en la Orquesta Estable de la Provincia. Pero la mayoría de la gente lo conoce como el baterista de "Karma Sudaca", ya desde hace nueve años. Orgulloso de su profesión, es uno de los pocos que vive de la música.
"La música clásica apareció como de casualidad en mi vida, porque ante la enfermedad de un profesor debí reemplazarlo y hacer de refuerzo; pero ya entonces me generaba algo, me fascinaba Tchaicovsky, por ejemplo", aseguró a LA GACETA. "Cuando hice el refuerzo, la nueva situación me obligó a formarme repentinamente, y me lo tomé con mucha responsabilidad". Por eso, tomó clases con Angel Frette y Arturo Vergara (ambos, integrantes de la Orquesta Sinfónica de Buenos Aires).
"El desafío es meterse en cada contexto, pero lo principal es aprender a disfrutar lo clásico y lo rockero. Me moviliza pasar de la partitura a tocar ?al palo? con "Karma", forte para arriba, respetando los tempos y el poder de la distorsión", describe exhultante cuando se le consulta cómo compatibiliza los distintos ritmos. "Si me das a elegir, no podría hacerlo, sencillamente; me quedo con una y con la otra, no puedo optar. Con "Karma" me divierto y me puedo expresar, soy libre, además porque los temas no se tocan siempre de igual manera. Hay posibilidad de introducir arreglos. En la Orquesta, por el contrario, la partitura limita, la tenés ahí enfrente y la tenés que seguir".
"Cacho" Palomino recuerda que además de juntarse con el "Mocho" Urueña para hacer tocadas de jazz, también integró un conjunto folclórico ("Y de ay chango!") que compitió en el festival de Cosquín hace unos años. "En realidad, hago lo que me gusta, pero a mis alumnos les aconsejo seguir y cumplir las distintas etapas de formación, que no se adelanten. El problema fue que en Tucumán hubo en un momento un hueco en la percusión orquestal, y hubo que llenar ese vacío", concluyó.
"Se puede hacer arte con lo popular"
Entre los años 1975 y 1982, Oscar Pastor Olivares convivió con dos amores: integraba la Banda Sinfónica de la Provincia (que pasó a dirigir desde 1985 en adelante) y conducía "Morito y su conjunto", un grupo que hacía música tropical. Además, en 1980 se incorporó a la Orquesta Sinfónica de la UNT.
Con el seudónimo de Morito grabó cuatro discos (el tercero y el cuarto fueron producidos por RCA y distribuidos en 16 países). "Empecé a trabajar de pantalones cortos, pero siempre tuve el objetivo de la música clásica", recuerda, mientras se toma su tiempo para decidir que sus autores predilectos son Tchaicovsky y Brahms. "Cada vez que ejecuto Brahms, quedo en un estado de gracia", sostiene.
Respecto de su constante fluctuación entre lo clásico y la música tropical, el director señaló que todo forma parte de un mismo universo: la música. "Lo popular se puede hacer también con seriedad, profesionalismo y perfección. Se puede hacer arte con lo popular", asegura.
Pastor Olivares admite que respeta y admira a los músicos que tocan de oído, porque son capaces de transitar todos los géneros, aunque no sepan leer una partitura. "Son músicos que tienen la capacidad de adaptación", señaló. Y, aunque le gusta toda la buena música, reconoce que no es lo mismo dirigir "La marcha eslava" (Tchaicovsky) que un pasodoble. "Cuando dirijo me interesa que la banda tenga ritmo", dijo.
"En una orquesta todo está pautado"
En la Banda Sinfónica de la Provincia toca los platillos; en la Orquesta Juvenil de la UNT, los timbales y accesorios, y en "Euzkadi-rock", la batería. Además, es refuerzo de la Sinfónica de la UNT, en triángulo, bombo y pandereta.
Raúl Aguirre (de 31 años) estudió en el Conservatorio de Música de la Provincia y el año pasado se incorporó a la Sinfónica porque faltaban músicos.
"En la música clásica no hay lugar para la creación, todo está pautado rigurosamente, pero me gusta porque me sirve para ordenar y precisar mis conocimientos; para prepararme técnicamente y capacitarme. ?De la cabeza a las manos es la distancia más larga?, me dijo un día un amigo. Y es verdad, es largo el camino de llevar las ideas a su concreción", reflexiona Aguirre, quien también es vendedor ambulante de ropa india y de sahumerios.
Los directores
Claro que tocar dos estilos distintos tiene su secreto. "Lo clásico y el rock son géneros distintos, pero yo gozo de los dos tipos de música. No es igual tocar con 60 instrumentistas al lado y un director, que en una banda donde los directores somos nosotros mismos. ?Euzkadi? me permite hacer lo que me gusta", señaló.
Asimismo, admitió que la Sinfónica y la Juvenil son para él una ayuda económica importante, porque con "Euzkadi-rock" no se gana plata.
Convivencia armónica
Víctor Bossard es pianista y estudia en el Instituto Superior de Música. "Aprendí el piano interpretando música clásica", confiesa. Y reconoce un cultor de Beethoven, Chopin, Schubert , Brahms, y sobre todo de la música de cámara, que es muy armónica.
"Me agrada la organización de cómo ejecutar las obras, y que te exige mucho; el problema es que uno no es tan libre como en otros géneros. Sin embargo, se lo pudo ver actuando como tecladista de "Euzkadi rock". "Al rock llegué por el grupo de amigos, que nos juntamos a escuchar. Cuando me invitaron a tocar en 'Euzkadi' me sentí libre". "No sé si es mayor la posibilidad de creación, pero sí sé que es algo diferente, que no me plantea mayores exigencias". "Yo mantengo una convivencia armónica con las dos músicas", señaló.







