07 Marzo 2005 Seguir en 
Unos 850 tucumanos se vistieron de gala el viernes para la primera presentación de 2005 de la Orquesta Sinfónica de la UNT. Un exquisito repertorio romántico, con obras de compositores de distintos países de Europa, fue interpretado por la agrupación universitaria que tocó bajo la batuta del maestro Miguel Angel Gilardi, en carácter de invitado.
Con el teatro Alberdi colmado, la Sinfónica inició en horario la "Obertura de Rosamunda", del compositor austríaco Franz Schubert, seguida por el "Concierto para violín y orquesta", del alemán Felix Mendelssohn. El difícil solo de violín de esta obra -que cerró la primera parte de la velada, que duró 44 minutos-, fue interpretado por Cecilia Isas, que tuvo un buen desempeño.
Luego del intervalo, la segunda parte comenzó con dos bellísimas melodías elegíacas para cuerdas, del compositor noruego Edward Grieg.
Dedicatoria
Anteriormente, Gilardi explicó al público que Grieg había compuesto estas dos obras -"Corazón herido" y "En primavera"- para que un amigo suyo, que había fallecido y al que no había podido despedir, sepa que él lo estaba recordando. Entonces, pidió permiso a la concurrencia para dedicar la interpretación de las dos melodías al ex integrante de la Sinfónica, Guido Torres, quien falleció el año pasado. "Hizo mucho por esta orquesta y por la cultura en Tucumán", destacó Gilardi, que fue titular de la agrupación universitaria.
El actual director, Roberto Buffo, esta vez apareció recién en las dos últimas obras, pero tocando el piano. La primera de estas, el "Concierto de Varsovia" para piano y orquesta, del inglés Richard Addinsell, ya deslumbró al público que lo ovacionó luego de haberlo escuchado en silencio.
Definitivamente, Buffo se lució en la introducción "Andante spianato", de la "Gran Polonesa" para piano y orquesta, una de las obras más difundidas del polaco Fréderic Chopin. En la propia "Gran Polonesa" demostró mucha expresividad y una coordinación casi perfecta con la orquesta.
Isas volvió al escenario para interpretar el bis junto a Buffo, luego de la ovación del público. La obra elegida fue "Vocalise", del ruso Sergei Rachmaninov, una dulce melodía para piano y voz que, al no tener letra, fue reemplazada por el violín.
La gente se fue satisfecha del Alberdi, con la alegría que sólo los espectáculos musicales generan, si son agradables y bien llevados a cabo.
Con el teatro Alberdi colmado, la Sinfónica inició en horario la "Obertura de Rosamunda", del compositor austríaco Franz Schubert, seguida por el "Concierto para violín y orquesta", del alemán Felix Mendelssohn. El difícil solo de violín de esta obra -que cerró la primera parte de la velada, que duró 44 minutos-, fue interpretado por Cecilia Isas, que tuvo un buen desempeño.
Luego del intervalo, la segunda parte comenzó con dos bellísimas melodías elegíacas para cuerdas, del compositor noruego Edward Grieg.
Dedicatoria
Anteriormente, Gilardi explicó al público que Grieg había compuesto estas dos obras -"Corazón herido" y "En primavera"- para que un amigo suyo, que había fallecido y al que no había podido despedir, sepa que él lo estaba recordando. Entonces, pidió permiso a la concurrencia para dedicar la interpretación de las dos melodías al ex integrante de la Sinfónica, Guido Torres, quien falleció el año pasado. "Hizo mucho por esta orquesta y por la cultura en Tucumán", destacó Gilardi, que fue titular de la agrupación universitaria.
El actual director, Roberto Buffo, esta vez apareció recién en las dos últimas obras, pero tocando el piano. La primera de estas, el "Concierto de Varsovia" para piano y orquesta, del inglés Richard Addinsell, ya deslumbró al público que lo ovacionó luego de haberlo escuchado en silencio.
Definitivamente, Buffo se lució en la introducción "Andante spianato", de la "Gran Polonesa" para piano y orquesta, una de las obras más difundidas del polaco Fréderic Chopin. En la propia "Gran Polonesa" demostró mucha expresividad y una coordinación casi perfecta con la orquesta.
Isas volvió al escenario para interpretar el bis junto a Buffo, luego de la ovación del público. La obra elegida fue "Vocalise", del ruso Sergei Rachmaninov, una dulce melodía para piano y voz que, al no tener letra, fue reemplazada por el violín.
La gente se fue satisfecha del Alberdi, con la alegría que sólo los espectáculos musicales generan, si son agradables y bien llevados a cabo.







