14 Febrero 2005 Seguir en 
CIUDAD DEL VATICANO.- El Angelus que presidió Juan Pablo II el domingo en la plaza San Pedro constituyó un anticipo del ceremonial de Semana Santa que prevé aplicar el Vaticano para adaptarlo a la delicada salud del Papa.
Dos obispos, el argentino Leonardo Sandri, sustituto de la Secretaría de Estado, y numero "tres" del Vaticano y el polaco Stanislao Dziwisz, tuvieron que asistir al Papa en su primera aparición pública después de haber permanecido diez días en el hospital por una laringotraqueítis aguda.
El hecho de que los organizadores de las ceremonias del Vaticano le hayan disminuido el número de intervenciones habladas durante el Angelus dominical implica un cambio de hecho del protocolo vaticano.
Después de haber pronunciado unas pocas palabras en italiano, lo que fue recibido con aplausos y tranquilizó a los católicos sobre la pérdida de su capacidad de hablar, el Papa delegó a sus asistentes la lectura de la homilía y los saludos en diferentes lenguas.
Si bien la homilía desde hace un par de años es leída por otro prelado, para evitarle el agotamiento, el Papa no había dejado los domingos de saludar en una decena de lenguas y siempre pronunciaba apartes claves de sus mensajes, como los llamados por la paz y por los secuestrados, aún si la voz no era clara.
Fuentes cercanas al Vaticano sostienen que el anciano Papa, que en mayo cumplirá 85 años y padece la enfermedad de Parkinson desde hace unos trece años, logra sólo hablar en polaco, su lengua materna, y estiman que en poco tiempo dejará de dirigirse en otros idiomas, por lo que probablemente se va a reforzar el círculo de asistentes polacos.
Pese a los esfuerzos, el pasado domingo el Papa delegó a su secretario la salutación en polaco, lo que alimentó sospechas sobre el avance de la enfermedad y una ulterior pérdida de su capacidad de locución, sobre todo en público, lo que obligará a cambiar el ceremonial.
Debido a sus problemas de salud, Juan Pablo II dejó primero de caminar y empezó a movilizarse primero en una plataforma móvil y luego en una suerte de trono con ruedas para presidir las ceremonias.
Lo mismo ocurrió con las ceremonias para las canonizaciones y en la procesión del Viernes Santo, de las que pasó a lo largo de los últimos cinco años de cargar una cruz pesada a asistir al recorrido desde la colina del Coliseo, donde le instalan una pantalla con imágenes en directa de las estaciones.
Al Papa, al que nunca se le ha visto en una clásica silla de ruedas, es posible que le reduzcan gradualmente sus intervenciones habladas en público a medida que pierda la voz.
Para la próxima Semana Santa, el maestro de Ceremonias del Vaticano, el arzobispo Piero Marini, tendrá que ingeniárselas para cubrir las dificultades y adecuarse a las nuevas exigencias.
"Necesito aún vuestra ayuda para cumplir la misión que Jesús me confió", afirmó el Papa en el mensaje leído por su asistente el domingo pasado.
Un claro mensaje de que el Papa no tiene la menor intención de renunciar a la cátedra de San Pedro, al menos mientras las enfermedades le permitan tener la mente lúcida y pese a que ha delegado buena parte del gobierno central de la Iglesia. (AFP-NA)
Dos obispos, el argentino Leonardo Sandri, sustituto de la Secretaría de Estado, y numero "tres" del Vaticano y el polaco Stanislao Dziwisz, tuvieron que asistir al Papa en su primera aparición pública después de haber permanecido diez días en el hospital por una laringotraqueítis aguda.
El hecho de que los organizadores de las ceremonias del Vaticano le hayan disminuido el número de intervenciones habladas durante el Angelus dominical implica un cambio de hecho del protocolo vaticano.
Después de haber pronunciado unas pocas palabras en italiano, lo que fue recibido con aplausos y tranquilizó a los católicos sobre la pérdida de su capacidad de hablar, el Papa delegó a sus asistentes la lectura de la homilía y los saludos en diferentes lenguas.
Si bien la homilía desde hace un par de años es leída por otro prelado, para evitarle el agotamiento, el Papa no había dejado los domingos de saludar en una decena de lenguas y siempre pronunciaba apartes claves de sus mensajes, como los llamados por la paz y por los secuestrados, aún si la voz no era clara.
Fuentes cercanas al Vaticano sostienen que el anciano Papa, que en mayo cumplirá 85 años y padece la enfermedad de Parkinson desde hace unos trece años, logra sólo hablar en polaco, su lengua materna, y estiman que en poco tiempo dejará de dirigirse en otros idiomas, por lo que probablemente se va a reforzar el círculo de asistentes polacos.
Pese a los esfuerzos, el pasado domingo el Papa delegó a su secretario la salutación en polaco, lo que alimentó sospechas sobre el avance de la enfermedad y una ulterior pérdida de su capacidad de locución, sobre todo en público, lo que obligará a cambiar el ceremonial.
Debido a sus problemas de salud, Juan Pablo II dejó primero de caminar y empezó a movilizarse primero en una plataforma móvil y luego en una suerte de trono con ruedas para presidir las ceremonias.
Lo mismo ocurrió con las ceremonias para las canonizaciones y en la procesión del Viernes Santo, de las que pasó a lo largo de los últimos cinco años de cargar una cruz pesada a asistir al recorrido desde la colina del Coliseo, donde le instalan una pantalla con imágenes en directa de las estaciones.
Al Papa, al que nunca se le ha visto en una clásica silla de ruedas, es posible que le reduzcan gradualmente sus intervenciones habladas en público a medida que pierda la voz.
Para la próxima Semana Santa, el maestro de Ceremonias del Vaticano, el arzobispo Piero Marini, tendrá que ingeniárselas para cubrir las dificultades y adecuarse a las nuevas exigencias.
"Necesito aún vuestra ayuda para cumplir la misión que Jesús me confió", afirmó el Papa en el mensaje leído por su asistente el domingo pasado.
Un claro mensaje de que el Papa no tiene la menor intención de renunciar a la cátedra de San Pedro, al menos mientras las enfermedades le permitan tener la mente lúcida y pese a que ha delegado buena parte del gobierno central de la Iglesia. (AFP-NA)







