¿Bailamos?

El filme que protagoniza el maduro galán de Hollywood sirve de inspiración para muchas personas que aman la música.

23 Enero 2005
La película que protagonizan Richard Gere, Jennifer López y Susan Sarandon pone en el tapete un tema que los tucumanos conocen muy bien: cómo superar la rutina diaria (tanto individual como de pareja) a través del baile. En un recorrido por diversos talleres de verano, LA GACETA recogió testimonios de matrimonios y parejas de novios que encontraron en el tango, el folclore y los ritmos latinos, un medio de expresión que los ayuda a superar la timidez y a revivir la magia del encuentro mutuo. Una tendencia que crece cada vez más.

Una vieja pasión
El estreno del filme "¿Bailamos?" revivió en Tucumán una vieja pasión: el baile. Y no sólo por el baile en las discos (que siempre estuvo presente entre los jóvenes) sino fundamentalmente el baile de salón. El que practican las parejas para salir de la rutina y agregar un poco más de chispa a la vida en común.
De hecho, muchos profesores que dictan talleres de baile durante el verano confesaron que son cada vez más numerosas las parejas que quieren aprender a bailar. Y, entre las disciplinas más elegidas están el tango y el folclore, además de los ritmos latinos.
Claro que no todos aspiran a vivir una historia como la de Richard Gere. En el filme, el popular y maduro galán interpreta a un contador sobrecargado de trabajo de la ciudad de Chicago, cansado de la aburrida y rutinaria vida que lleva con su mujer, interpretada por Susan Sarandon. Un día ve una bella profesora de baile (la sensual Jennifer López) a través de una ventana y decide comenzar a tomar clases para poder conocerla. A medida que la diversión del baile entra en su vida, descubre que quizás encuentre a través de la música el secreto para salvar su matrimonio. Mientras mejora sus movimientos con las clases, decide anotarse en la competencia de baile de salón del Chicago Crystal.
Se trata de la tercera película que Jennifer López protagoniza para Miramax Films y es la segunda película consecutiva de Richard Gere para el mismo estudio, después de "Chicago", otro musical en el que el actor no sólo cantó sino que también bailó. Cuando Miramax comenzó con la preparación de este proyecto a principios de los años 90, la intención era que Tom Hanks la interpretara, pero eventualmente lo abandonó y fue reemplazado por Richard Gere. En cuanto al personaje de Susan Sarandon, anteriormente era Emma Thompson quien iba a interpretar el papel. La historia es una remake de la película japonesa de 1996, "Shall we dance", que recaudó 9,5 millones de dólares en la taquilla norteamericana, todo un récord para un filme oriental.
En Tucumán, la película tuvo un comportamiento bastante singular. Se estrenó a fines de diciembre sin demasiada promoción y con un notable bajo perfil a comparación de otros filmes de Hollywood. Sin embargo, con el transcurso de las semanas, generó una gran expectativa ya que aún permanece en cartel con una buena concurrencia de público. "La historia me encantó. Hacía tiempo que no veía una película que movilice tanto los afectos de manera tan positiva", comentó Carmen Morales, una abogada de 29 años, que fue a ver la película junto a una amiga. "Ahora tengo unas ganas enormes de aprender a bailar tango", agregó.
Martín González y su novia Lucrecia, también quedaron fascinados con la película. "Yo no quería verla, porque no me gustan los filmes románticos. Prefiero los de acción o de ciencia ficción. Sin embargo, esta historia me atrapó. Deja muchas enseñanzas y, a nosotros, nos hizo pensar mucho en cómo va nuestra relación de pareja. Eso de no dejar morir la magia es una gran enseñanza", comentó Martín.

Una pareja unida por el dos por cuatro

La pasión por la música los unió y hoy son inseparables. Mariana y Manuel Suárez se conocieron en un seminario de tango hace cuatro años y hoy siguen bailando junto a Mateo, su hijo de siete meses, esta vez como profesores. "En el taller nos anotamos como novios porque para las parejas era más barato", señaló Mariana. Los dos todavía recuerdan la primera canción que bailaron juntos: "Nostalgias", de Enrique Cadícamo.
Mariana y Manuel enseñan a bailar tango desde hace tres años, en distintas instituciones, y siempre llevan a su hijo. "Cuando estaba embarazada ponía un parlantecito en la panza, para que el bebé comparta con nosotros esta música tan especial, que nos unió como pareja", cuenta emocionada Mariana.
Al año de conocerse se casaron. Pero no todo fue fácil para ellos. "Había días que no teníamos dinero para llegar a dar clases, por lo que caminábamos desde el centro hasta el Barrio Kennedy donde vivimos, para ahorrar el cospel de las siguientes clases", contó Manuel.
Claro que, además del amor, también los une la música. "Para nosotros el tango es una pasión que se expresa en forma espontánea. Nos sirve como una terapia. Es algo muy importante en nuestras vidas y seguramente lo será en la de nuestro hijo", afirmó Mariana.
Pero, además, está pasión por el tango los anima a ayudar a los más necesitados. Para el día Nacional del Tango, el 11 de diciembre del año pasado, decidieron bailar 12 horas seguidas para recaudar alimentos y donarlos a comedores infantiles.
"Por suerte convocamos a muchos jóvenes y profesores que nos apoyaron en ese deseo", dijo Manuel. "Bailar juntos un tango es enamorarnos por primera vez, es un acto de amor y entrega. Una pasión que la vivimos de a dos", afirman a dúo Mariana y Manuel.

"El tango es una música que tiene mucha sensualidad"

Mientras en el salón del Centro Cultural Virla sonaba una chacarera, el profesor marcaba los 8 compases. Inés Martínez, de 53 años, con los pies descalzos, parecía una experta en la vuelta entera. Su esposo, Héctor Martínez, de 56, trataba de seguirla, sin entorpecer demasiado su danza. Parecían entenderse muy bien. "Nos gusta mucho el folclore, por eso decidimos aprender a bailarlo. En las reuniones familiares veíamos a los que bailaban y queríamos hacer lo mismo. Decidimos que estas vacaciones serían diferentes", cuenta Héctor. Los dos están de acuerdo en que comenzar el taller de baile es un desafío que quieren encarar de a dos. Aparte del amor por el folclore, también los une su profesión: ambos son profesores de Educación física."Nos conectamos muy bien bailando, además nos ayuda en nuestra profesión", agregaron.
La hija mayor de Inés y Héctor también baila folclore, desde hace unos años. "Nos da mucho placer verla danzando esa música tan especial para nosotros", asegura la pareja.
En el salón, Mariano Mores marcaba el ritmo y las parejas tomadas de las manos daban sus primeros pasos. Así fue como se conocieron Noemí Figueroa, de 44 años, y Julio Rodríguez, de 40: se enamoraron en una clase de tango en 2002. Hoy están viviendo juntos y aseguran que bailar es la forma más romántica de mantener la pareja siempre unida y libre del tedío. "Cuando nos conocimos yo le enseñaba, porque el no tenía idea de como se bailaba, así fue como empezamos a comunicarnos y de esta manera nació el amor" comentó Noemí.
Otra pareja que decidió aprender a bailar el dos por cuatro es la conformada por Elizabeth Tavio, de 36 años y Marco Albornoz, de 28. "El tango es una música que tiene mucha sensualidad", aseguran. "Por eso estamos seguros que nos ayudará como pareja. Creo que desde que bailamos tango, estamos más unidos que nunca. Ojalá esto perdure y podamos seguir de esta manera", declaró Albornoz visiblemente emocionado.

TONOS LATINOS
Bailando se superan las frustraciones

Lorena Campero Lastra, de 27 años, es profesora de baile caribeño, tango y otras danzas en el Centro Shambhala.
Amante de los ritmos latinos, Lorena contó que muchas personas se conocieron en las clases y hasta se casaron después de unos años. También asisten parejas de novios y esposos que quieren compartir más tiempo juntos. "Los problemas matrimoniales surgen a medida que están bailando, hasta hay discusiones, pero sirve como una buena terapia, porque se van mucho mejor de lo que vienen", contó. Es común ver el caso de profesores que son pareja porque, según cuenta Lorena, cuando los cuerpos se acercan, el amor surge. "Sentís la pasión, el sufrimiento y el amor", contó emocionada.
No sólo para los matrimonios o los novios el baile sirve como terapia. La profesora dijo que van muchos adolescentes con problemas alimentarios y el baile les sirve para aprender a respetarse, a aceptarse tal cual son. "Canalizan toda la frustración que tienen con la música y los movimientos de la danza. Así logran exorcisar sus demonios", contó Lorena antes de dar su clase de ritmos caribeños, una de las más populares del taller.

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