Barrilete cósmico

24 Ene 2019
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Colorido barrilete

Caminando por la arena, hace 15 años, un hilo me pasó por los pies. Comencé a seguirlo. En el otro extremo había un barrilete sin dueño o con dueño desconocido. El barrilete se había liberado para seguir su camino. A muchos cometas no les gusta estar amarrados. 

Tomé el hilo y lo sostuve mirando como jugaba con el viento. Era blanco y tenía forma de diamante. Algo me decía que podía más. Sin dejarlo tocar el suelo, lo até y cruce la calle en busca de más hilo. Compré dos rollos y los agregué al volantín. Presentí que él sabía lo que yo estaba haciendo. Sin dudarlo, aprovechó la oportunidad para desplegar su potencial y voló muy lejos.

Esa fue una experiencia inolvidable que no quedaría allí. Al año siguiente, mucho más animado, volví a la arena con un rollo de aproximadamente mil metros de un hilo especial, un cometa semi profesional y un entusiasmo desbordante. Me quedé impresionado con la velocidad con que el cometa se dejaba llevar. Se sentía seguro entre el sol y la fuerza del viento que lo hacía ascender. Al poco tiempo, lo perdí de vista. Estaba en la línea, tiraba muy fuerte del carretel y quería llegar al sol.

Un hombre muy curioso se acercó, cruzó sus brazos sobre su dorada y prominente barriga y se quedó observando el fenómeno. Al rato dijo: "¡Claro! Al final, uno le puede dar todo el hilo que quiera..."

Hoy me pregunto:

¿De qué se había dado cuenta el curioso señor?

¿En dónde habrá aplicado esa nueva forma de ver el mundo?

¿Cuál es el verdadero potencial de quien quiere volar lejos?

¿En dónde empieza el límite real del cometa? y

¿Cuántos hilos pasaron por tus pies?

¡Hasta la próxima!




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Abogado, Escribano, Mediador y miembro activo del Centro Judicial de Mediación de la Provincia de Tucumán.