Falleció el escritor Gustavo Bravo Figueroa

En junio pasado, la UNT declaró al tucumano Personalidad Ilustre de las Letras y de la Cultura. Además, fue el fundador y principal impulsor de la peña cultural El Cardón. Sus restos serán velados desde las 14 en Las Heras 50. Entre sus obras se destacan "27 Cuentos del Norte Argentino" y "Visiones de Amaicha del Valle".

CON EMOCION. Bravo Figueroa recibió en el Centro Cultural Virla el homenaje de la Universidad, de la que fue docente. LA GACETA
CON EMOCION. Bravo Figueroa recibió en el Centro Cultural Virla el homenaje de la Universidad, de la que fue docente. LA GACETA
04 Noviembre 2007

Esta mañana, falleció en Tucumán, a los 92 años, el destacado escritor Gustavo Bravo Figueroa. Sus restos serán velados desde las 14, en la peña cultural El Cardón, en Las Heras 50.

El 14 de junio pasado, la UNT declaró al poeta tucumano Personalidad Ilustre de las Letras y de la Cultura. En aquella oportunidad, menoscabado por los desaires de la salud, pero feliz por verse rodeado de tantos amigos, manifestó su voluntad de que la peña sirva como espacio para albergar acontecimientos de la vida universitaria.

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Autor de "27 Cuentos del Norte Argentino" y "Visiones de Amaicha del Valle", entre otros libros, Bravo Figueroa fue el primer consejero estudiantil que tuvo la Facultad de Filosofía y Letras, y el primer egresado varón, en 1941. En su labor creativa y docente se interesó por temas y autores representativos de la región.

Un hombre del Noroeste
"Merece ser galardonado como uno de los más entusiastas defensores de la cultura de nuestro país y del Noroeste argentino, reflejado en sus escritos, en los cuales intenta rescatar la realidad circundante, común escenario norteño centrado en el amor a la naturaleza y en el hombre de tierra adentro", destacó la resolución de la UNT.

Según reseñó el profesor Ricardo Kaliman, Bravo Figueroa se desempeñó varios años como docente de esa facultad, pero fue cesanteado en 1947 por cuestiones políticas. Años más tarde, ganó un concurso para reintegrarse, pero le opusieron "cuestiones formales" de dudosa índole.

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Se dedicó entonces de lleno a la enseñanza de la lengua y de la literatura en colegios secundarios, donde dejó gratos recuerdos a muchas generaciones de alumnos.

"Al caminar por solitarias sendas/los pasos van borrando/huellas de tiempo que deben olvidarse/o despertando aquello que hay que recordar", expresa en su poesía el escritor, quien encontró en Amaicha del Valle su paraíso personal.

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