Yihad de alto impacto
19 Agosto 2017

Jorge Elías - Periodista (dirige el sitio web El Ínterin)

Dejó dicho Abu Muhammad al Adnani: “Si no tienen balas o explosivos, tomen una piedra y pártanles la cabeza. O bien mátenlos con un cuchillo. O atropéllenlos con un coche. Arrójenlos desde lo alto de un edificio. O estrangúlenlos con las manos. Usen veneno”. Era el vocero del Daesh, ISIS o Estado Islámico. Murió en Alepo, Siria, en agosto de 2016, durante un bombardeo. La recomendación de Adnani, difundida por los órganos de propaganda de la yihad, caló hondo en los terroristas que lanzaron vehículos contra peatones en Barcelona, Niza, Estocolmo, Berlín, París y Londres. En total ocho, tres de ellos en la capital británica, en 13 meses.

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El manual de instrucciones de terrorismo barato y de alto impacto, publicado en la revista Dabiq (ahora Rumiyah) resultó ser premonitorio frente a la inminente derrota del Daesh en Siria e Irak.

Entre una quinta y una sexta parte de aquellos que conformaban el califato en Sira, Irak y parte de Libia procedían de Europa. La movilización comenzó en 2012. No todos regresaron, pero la mayoría de los atentados que hubo entre 2014 y 2017 coincidió con sus lugares de origen: Francia, Bélgica, Reino Unido, Alemania, Suecia y Dinamarca. En tres años murieron más de 300 inocentes y casi todos los terroristas involucrados. En esos países, de gran población musulmana, pesa la frustración de primeras y segundas generaciones de inmigrantes que no se sienten parte de la sociedad.

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El Daesh, a diferencia de Al-Qaeda, consolidó la idea del califato, inspirado en Mahoma: el dominio territorial. Una premisa fundacional que los seguidores de Abu Bakr al Bagdadi, alias Ibrahim, pudieron sostener gracias a los aportes del mundo árabe, al mercado negro del petróleo y al contrabando de obras de arte, así como a los tributos que impusieron en los enclaves que logaron dominar.

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