Por Manuel Riva - LA GACETA
El día previo a la llegada de los Reyes Magos, el 5 de enero de 1931, una tormenta afectó a todo el sur de Tucumán. LA GACETA del 6 titulaba “El sud de la provincia está inundado”. El texto indicaba que la creciente de los ríos, especialmente en Monteros y Concepción, parecía ser grave; siendo menos considerable la experimetada por Arenillas -cerca de Acheral- y Lules.
Encendía las alertas por la tragedia de El Molino, San José, Las Juntas… pues corre riesgo un importante núcleo de población, aunque los habitantes están prevenidos y auxiliados por las autoridades.
Ya entonces el diario daba cuenta de que los efectos de la tormenta habían sido agravados por obras que afectaban el normal discurrir de las aguas.
En el caso de San José, El Molino y otras localidades cercanas, una acequia que llevaba agua a una firma estaba desbordada y derramaba su caudal sobre parte del camino, afectando a las viviendas.
El río también generó problemas en Iltico. La crónica señalaba que desde las primeras horas de la mañana llovió en los cerros persistentemente y que en el sector anunciado se desencadenó una recia tormenta que hizo desbordar al camino y a los campos hasta las acequias de riego y los lechos muertos.
Terminaron afectadas las estructuras de los puentes sobre el río Gastona, tanto el del ferrocarril como el carretero, aislando el sur de la provincia.
Poco después, el río Pueblo Viejo hizo estragos en la ladera norte y afectó uno de los pilares del puente del ferrocarril, dejándolo fuera de servicio. Según los especialistas, las obras de recuperación iban a demorar medio año. Pero entre tanto desastre ocurrió un milagro. Apenas hacía una hora que el tren de pasajeros que debía salir de Concepción arrancó de Arcadia, pasando por el puente sobre el río Pueblo Viejo cuando éste se desplomaba interrumpiendo así toda comunicación ferroviaria entre Santa Rosa, Villa Quinteros, Río Seco y Arcadia con el resto de la provincia. La coincidencia fue celebrada entre el personal del tren y los pasajeros, pues la noticia del derrumbe se les hizo conocer en la estación Manantial, antes de llegar a destino.
Durante esos días se vieron afectados todos los convoyes que unían la capital con el sur provincial por la linea del Noroeste. Uno de ellos, el N° 32, quedó detenido a metros del puente, minutos antes de su derrumbe. Hasta el río Lules afectó el puente carretero, por lo que los servicios de ómnibus hasta Lules y Famaillá quedaron interrumpidos. El arroyo Barrientos también se hizo notar y derribó un puente. La capital tampoco podía quedar ajena y varios barrios periféricos quedaron bajo el agua. Las líneas telefónicas estuvieron cortadas durante días.
El servicio de trenes funcionó en algunos casos con trasbordos en los puentes afectados; o por medio de la línea del Central Córdoba hasta La Madrid y desde allí por la línea Noroeste -seguía cortada en su ruta hasta la capital tucumana- para volver a Concepción por Río Chico. Se trató de un viaje un poco más largo que el tradicional, hasta que se recuperaron los puentes unos meses después.








