Refugio que no cobija a un feminismo inteligente

27 Mayo 2012

NOVELA

EL ALBERGUE DE LAS MUJERES TRISTES

MARCELA SERRANO

(Punto de Lectura - Buenos Aires)

La reedición de esta novela, cuya primera publicación data de 1997, responde, sin duda, al gran éxito de venta que tiene un libro posterior de su autora: Diez mujeres (Alfaguara, 2011). Ya se anuncia aquí la misma temática y un esquema argumental similar: un grupo de mujeres, heridas de insatisfacción y desamor, son convocadas alrededor de una figura femenina tutelar, que pretende sacar lo mejor de cada una de ellas.

El albergue al que alude el título es un conjunto de cabañas en la isla meridional de Chiloé. El sur profundo, el Chile arcaico, insular, de capillas jesuíticas abandonadas, se construye ficcionalmente como un reservorio natural de poder sanador, frente un mundo impiadoso (tema recurrente en la narrativa chilena contemporánea).

La protagonista, Floreana, historiadora especializada en el estudio de los aborígenes patagónicos, sufre la pérdida de una hermana a causa del cáncer y, al mismo tiempo, busca recuperarse de los efectos de una fallida relación amorosa -poco convincente- con un "académico", al que omite nombrar.

No hay altura poética en la simpleza de la prosa, salvo en algunos párrafos descriptivos. Se apela a estereotipos que complacen a un determinado público. Los diálogos se perciben como la dramatización de teorías sobre la psicología de la mujer en el mundo de hoy, sus modos de relacionarse y crítica sobre género carentes de originalidad.

Si bien la idea apunta al empoderamiento femenino, los principales interlocutores son dos hombres, que van a presentar un desafío intelectual para Floreana -quien se ha propuesto el fin de la castidad- y, a decir verdad, pasa poco tiempo en el terapéutico albergue. La tensión gravitará sobre su nuevo y alienante enamoramiento de uno de ellos, el médico rural, hombre esquivo, con un pasado lamentable, en el que su esposa ha jugado un pobre papel.

En suma, este albergue de las mujeres tristes no alcanza para cobijar a un feminismo inteligente, tampoco a la buena literatura.

© LA GACETA

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MARIA EUGENIA BESTANI

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