Las respuestas de Juan y José

Cerisola eligió una salida política antes que institucional para tomar las últimas decisiones. Alperovich no quiso dar el brazo a torcer y en vez de aceptar un retroceso optó por doblegar la apuesta y aumentar impuestos

Si hay una persona odiada en los ámbitos empresariales, esa es Pablo Clavarino. Es el malo de la película. Es el dueño de todos los improperios que se ponen sobre las mesas de los bares o en simples conversaciones de estudio o de la calle. Sin embargo, el verdadero autor del aumento de los Ingresos Brutos en la provincia es José Alperovich, el hombre que jamás aceptará que pierde una pizca de poder.

Las libertades para embargar, que había intentado poner en manos de los recaudadores, venía de traspié en traspié en la Justicia. Por eso cuando ya todo era irremediable, los expertos fueron hasta el despacho del mandatario y le dijeron: tenemos que cambiar porque los fallos judiciales adversos nos tienen mal. El gobernador, que no quiere perder ni a las bolillas, habría preguntado: "¿qué no me puede voltear la Justicia?" Se puede subir Ingresos Brutos, que es una facultad del Ejecutivo, pero esa es una medida problemática e impopular, le explicaron. "Suban Ingresos Brutos", ordenó. … Y no se habló más.

El mensaje sin decir una palabra fue claro: "¿Ah sí? ¿Ustedes buscan trabas? Bueno, ahí va el aumento". Más allá de las necesidades de fondos que no le vendrán mal a esta administración que vive de la Nación, el incremento fue una reacción. Otra forma de verlo sería: "¿Ustedes (contadores y empresarios) me hacen retroceder? Bueno, yo avanzo".

Esa es la forma de actuar del gobernador y no le ha ido mal hasta ahora. El va hasta donde lo dejan.

En la Cámara la obediencia debida es tal que hasta los legisladores que tienen kioskos se lamentaban de estar escupiendo para arriba al levantar la mano. Pero parece que donde manda José nadie se opone. Gerónimo Vargas Aignasse terminó siendo un exégeta de Alperovich cuando, en pleno recinto, criticó a los contadores por ser quienes escudriñan en las leyes para encontrar caminos de evasión. Fue un bumerán porque el Estado es uno de los grandes empleadores en negro y, específicamente, la Legislatura que mes a mes abre su gran armario y entrega fajos de billetes en nombre de gastos sociales -tienen un piso de $ 40.000, pero del techo nadie habla- que les corresponden a cada legislador. Después de oír los exabruptos, más de un compañero de bancada del ex diputado se agarró la cabeza por la falta de cintura que mostró.

No fue el único que terminó incómodo la sesión del lunes pasado: Alberto Colombres Garmendia (PRO) finalizó votando junto con el oficialismo. Lo más raro fue el sistema de votación que eligió la pareja radical formada por Silvia Elías de Pérez y por Ariel García. Ambos legisladores hicieron un voto casi histórico en la Cámara. Cuando el proyecto de Ingresos Brutos se trató en general dijeron estamos en contra. Sin embargo, cuando se votó el artículo uno lo hicieron a favor del proyecto que tiene un solo artículo. El segundo artículo es para que se comunique y se publique en el Boletín Oficial y el tercero es de forma. A este segundo artículo lo votaron en contra (¿?), tal cual lo señala la versión taquigráfica de la sesión. Es decir que dijeron no a lo que votaron por si y se opusieron a lo que es una mera formalidad como es que se publique. Más por menos, igual a menos claridad radical.

La peor de todas
El gobernador, una vez que transmitió el mensaje se olvida, pero después pasa con la libreta de calificaciones para ver cómo se portaron sus muchachos. Por eso esta semana no estuvo preocupado por la sesión legislativa. Permaneció atento al examen que rindió el ministro de Gobierno Edmundo Jiménez, quien negoció los aumentos con los policías. Participó de negociaciones casi virtuales porque ni el ministro es el responsable de la cartera de Seguridad ni los interlocutores de la policía representan a quienes dicen hacerlo. Así es como aunque en la Casa de Gobierno consideran que todo está tranquilo, hay policías que sueñan con estrujar más la billetera oficial.

Los extras que se pagan a los legisladores se han ajustado, por lo general, de acuerdo a la buena conducta (obsecuencia oficial). En el Ministerio de Seguridad la meritocracia es imposible. Mario López Herrera conduce una de las carteras más mimadas en cuanto a equipamiento y, al mismo tiempo, una de las más infructuosas. La seguridad es una materia que el alperovichismo se llevó a marzo estos ocho años de gestión. Los cambios de personas no han modificado mucho y cuando ya todo sea historia aquella escalofriante desaparición y asesinato de Paulina Lebbos seguirá siendo un sanbenito que colgará el alperovichismo. Susana Trimarco ha sido un ejemplo de esperanza, de perserverancia y de lucha luego de la desaparición de su hija Marita. La contracara de esta mujer es Alberto Lebbos, el padre de aquella jovencita secuestrada en el Abasto y encontrada días después en la ruta a Raco. El hombre es subestimado, desoído y hasta maltratado por el poder y por la Justicia. Sin embargo, hace lo mínimo que cualquier padre intentaría: querer saber que pasó con su hija que ya no está. Ni la Justicia, ni el poder ni algunos sectores de la sociedad tienen interés en prestarle atención.

Memoria de un viaje
El Alperovich liberal a ultranza, amigo de Ricardo López Murphy, y aquel intérprete de la música peronista que tocaba Eduardo Duhalde nada tiene que ver hoy con este Alperovich kirchnerista. Esos cambios lo han llevado a que olvide o le atrase el reloj de la globalización. Esta semana despertó cuando revisó los perjuicios de tener las puertas cerradas de los Estados Unidos para el limón tucumano. El gobernador volverá a viajar -ya hizo otras salidas infructuosas al país del norte- para tratar de revertir una situación que tal vez sufre algunas sanciones políticas desde aquel primer viaje que el gobernador y toda su comitiva hicieron a Cuba. Aparentemente, ahora le están cobrando aquella elección.

Deuda pagada
En la Universidad Nacional de Tucumán no hay sorpresas. Finalmente, fue el abogado Fernando Valdez el elegido para representar a la Alta Casa de Estudios en Yacimientos de Aguas de Dionisio (YMAD). Ese cargo siempre estuvo reservado para ex rectores o para expertos en el tema. Sin embargo, se lo dieron a un letrado que es auxiliar docente (claro que por concurso). Hubo decanos durante los días anteriores a la elección a los que les hacía un poco de ruido votar por Valdez. Sin embargo, los consejeros olvidaron los mandatos históricos y acataron otras órdenes y fue una abrumadora mayoría del Consejo Superior la que le dio el respaldo a este hombre fiel al diputado nacional radical Luis Sacca. De esta manera, al proponer a Valdez, el rector Juan Cerisola le paga una deuda a Sacca. ¿Tan grande es la deuda? ¿Qué es lo que le debe Cerisola a quien fuera su funcionario? La dependencia parece absoluta. Incluso el lugar que ocupaba Valdez fue para otro hombre que se sumó al "saccismo", el abogado Agustín Ferrari, quien no sólo era un asesor de YMAD y defensor del supuestamente enriquecido vicegobernador Juan Manzur y de cuanto funcionario alperovichista le pide defender el mandatario. Ferrari había sido operador de la candidata a rectora María Luisa Hernández. En nombre de ella negoció con Valdez (representante del Cerisola-saccismo) para que la votación de rector fuera secreta y no con voto cantado. Ahora juegan en el mismo equipo.

El mensaje de Cerisola con esta decisión es que la Universidad Nacional de Tucumán ha dejado de lado criterios profesionales, meritocráticos o institucionales y ha optado por un criterio absolutamente político.

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