¿Qué pasa cuando no separamos lo biodegradable de lo que no sirve? ¿Qué sucede cuando utilizamos sólo el auto y no los transportes públicos? ¿Por qué consumimos alimentos que provienen de áreas lejanas a nuestro territorio? ¿El desarrollo local y la sustentabilidad territorial son complementarios? La andanada de preguntas y de dudas surgen y buscan respuestas cuando se plantea el futuro y el legado que les cederemos a las futuras generaciones.
"En Argentina hemos crecido pensando que éramos el granero del mundo y un país con un enorme recurso natural, como si esos recursos naturales nos duraran toda la vida. En realidad nos estamos gastando el capital natural. Es como si hubiéramos recibido una herencia y no les vamos a dejar nada a nuestros hijos: contaminando y no cuidando el suelo". La contundente definición pertenece a la Dra. Arq. Beatriz Giobellina, investigadora tucumana que vive en España. Su trabajo doctoral ("La defensa del suelo agrícola de calidad como recurso finito y estratégico para la sustentabilidad global y local y la soberanía alimentaria. El caso de la Huerta del gran Valencia") es la base de un seminario-taller que dictará mañana en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNT.
Hace 11 años Giobellina se radicó en Valencia. Allí estudió un modelo territorial del área metropolitana interesante para debatir y aprender, con metodologías participativas, muy innovador en España.
El pensamiento ecológico también es central en su investigación, ya que piensa que la vida depende del medio natural en el cual está inmersa. Si se gasta por debajo de lo que la naturaleza produce y es capaz de reciclarse, se puede ser sustentable. "Sólo así nuestros hijos heredarán lo mismo que nosotros hemos recibido", agrega la arquitecta, que fue docente durante 20 años en la Facultad en la que dictará el seminario.
Multidisciplinas
Tanto en el caso de Tucumán como en el de Córdoba la articulación de disciplinas vinculadas al territorio -Urbanismo, Geografía, Agronomía, Sociología- no suelen dialogar entre ellas. De hecho, se está debatiendo el Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial Participativo y Federal 2010-2016. Allí se percibe que el mundo rural y el mundo urbano avanzan por canales paralelos, cuando en la realidad territorial se entremezclan.
Los seminarios que Giobellina ofrece por invitación de universidades y del Conicet proponen un enfoque que va más allá de la interdisciplinariedad. El objetivo es abordar un diálogo entre saberes académicos-técnicos, y de estos con los demás actores sociales implicados en el crecimiento de las ciudades y sus entornos periurbanos.
Según la investigadora, el mundo entero padece un gravísimo problema de sustentabilidad de áreas urbanas. Crece la ciudad y todos dependen de los automóviles, se acumula la basura en los alrededores y no los cultivos agroecológicos, por lo que los alimentos deben ser transportados desde lugares lejanos a la urbe. Ese modelo es ineficiente y energéticamente caro.
"Una ciudad sustentable es una ciudad compacta, en la que exista cierta densidad de población capaz de sostener servicios e infraestructura de calidad, con un transporte público eficiente, donde no sea necesario tomar el auto para moverse. La ciudad debería tener un área agrícola periurbana de agricultura familiar y campesina capaz de producir y autoabastecerse", enumeró.
A la vez, Giobellina destacó que ese cultivo debe ser agroecológico: "que no utilice tóxicos ni agroquímicos, y que respete los ciclos biológicos, como lo hicieron históricamente los pueblos campesinos".
Por otra parte, una ciudad sustentable depende también de los residuos. Y aquí también entra en juego el pensamiento ecológico anteriormente desarrollado. Lo ideal, según plantea Giobellina, es producir menos basura, que en el domicilio particular se separe lo biodegradable (vidrio, metales y material orgánico) y se recicle, actividad que puede tener un impacto económico favorable.
Modelo local
Según la especialista, Argentina está perdiendo su biocapacidad, ya que produce para exportación sin cuidar el suelo ni sus recursos, liquidando así la producción en pequeña escala y la diversidad de producción de lacteos, hortalizas, etc. Ese problema se repite en el mundo, aunque las legislaciones medioambientales ya se están aplicando en países del norte de Europa, como Francia o Alemania.
"En Tucumán hay que ponerle un límite al crecimiento -aclara la investigadora-, ya que no se puede seguir urbanizando. Que no es lo mismo que impedir que la ciudad evolucione. El progreso urbano no indica un aumento de urbanizaciones. Significa mejorar la infraestructura, mejorar los servicios, el transporte y pensar en lo que nos da calidad de vida".
"Sustentabilidad, Territorio y Soberanía Alimentaria. El caso de la huerta del área metropolitana de Valencia", se llama el seminario que Beatriz Giobellina dictará mañana. La cita es a las 8.30, en el Auditorio 1 de la Facultad de Arquitectura de la UNT.
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