El retorno al pueblo de la abuela

cierre de la Trilogía sobre la inmigración.

05 Febrero 2012
NOVELA
CITA EN EL LAGO MAGGIORE

ANTONIO DAL MASETTO
(El Ateneo - Buenos Aires)

Cita en el Lago Maggiore, la última novela de Antonio Dal Masetto, viene a cerrar lo que se ha dado en llamar la Trilogía sobre la inmigración. En Oscuramente fuerte es la vida y La tierra incomparable (esta última mereció el Premio Planeta en 1994), la protagonista es Ágata, una mujer que viaja desde Italia hacia Argentina para luego volver de visita a su tierra. Ahora, quienes regresan al pueblo piamontés a orillas del Lago Mayor (Tarni, en la ficción; Intra, para atlas y enciclopedias) son su hijo y su nieta.

El punto de partida es una larga promesa de él hacia ella que al fin se concreta en el ocaso del año 2001 (un año, se sabe, hecho de ocasos). Ella ya vive en España hace meses -un poco a la deriva, un poco arraigada, probando suerte- como tantos otros argentinos por aquellos tiempos.

Abierto el abanico, se advierte entonces que lo que antes era desencanto, el "viejo templo de la nostalgia", es ahora parte de aquello que un hijo tiene para enseñarle a su padre (la novela toda es un alto homenaje a los valores de la paternidad), un lugar donde se entrecruzan los recuerdos de la infancia, historias perdidas y rescatadas que vuelven a tomar vida; una casa como símbolo de la herencia cultural, histórica, de la sangre; merodeos, acechanzas, paseos y derivas por un pueblo que de a poco va buscando su refundación mítica.

La imagen del padre es la de un hombre hecho de silencios, culpas, deudas, preguntas, negaciones. Un hombre que busca algo y no sabe qué, algo que, quizás -como Oliveira, el personaje de Rayuela- siempre tuvo en su bolsillo y nunca pudo verlo, sentirlo. Y en esta nueva aventura, lo aparentemente extraviado aparece vivo, modificado por la relación de ese hombre con el espacio y su descendencia. La búsqueda de una revelación que opere a modo de liberación, la caza de una epifanía que se da a través de una inversión de roles: el padre empieza a ver todo aquello que lo rodea a través de los ojos de un otro: su hija.

Es que al final está la fe; la eternidad junto al aquí y el ahora. En forma de pesadas piedras, pero fe y presente eterno, al fin. Y la vieja ley de que la condición humana y el lenguaje son las bases esenciales para escribir grandes libros.
© LA GACETA

Hernán Carbonel

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