Cuando los fantasmas salen a la calle

Todos los días, a cada hora, los políticos están tomando decisiones. Pero unas son más fáciles que otras. Hay problemas cuyas soluciones exigen tomar posiciones que traerán complicaciones. Esos fantasmas siempre están.

Los votos curan todas las heridas. Ellos son el mejor somnífero. Son también una especie de píldora de la memoria selectiva. Gracias a los miles de miles de sufragios una sociedad -y sus gobernantes- pueden olvidar lo que en otros momentos es un alerta mortificante.

Esta semana se ha convertido en la kriptonita del súpervoto. Un grupo de taxistas dejó la sensación de que en Tucson no habían pasado los años. De repente, vino a la memoria el espantoso asesinato de Paulina Lebbos. Hasta que ocurrió este inexplicable hecho todo era queja. Se hablaba de inseguridad, de noches largas con violencia y también de un tema incontrolable que se llamaba remises, esos autos particulares a los que el dueño ataba unas cintitas a la antena para trabajar llevando y trayendo pasajeros. Cada vez había más, pagaban menos impuestos y aprovechaban la anomia reinante para hacer de las calles un festival del descontrol y de la impunidad.

El asesinato de Paulina derivó en varios cambios de costumbres... y de leyes. Una mañana el gobernador convocó a los ediles, al intendente de la capital y a funcionarios para buscar una solución. Armando Cortalezzi no era entonces la autoridad pública que es hoy, pero el jefe del Estado provincial lo escuchaba con atención. El concejal compartía -al igual que muchos de los presentes en el desayuno de rutina en la casa de Alperovich- que había que unificar el servicio de taxis y remises. En 1995 se habían creado el servicio diferencial de remise con la idea de tener vehículos grandes y con aire acondicionado, que no circulasen por la calle sino hasta que un cliente los contratase por teléfono. En el momento de aquella desesperada reunión convocada para dar una solución al conflicto a nadie le preocupó qué sería lo mejor para la población. El miedo ganó por unos minutos la escena y hasta el gobernador se preguntó qué iban a decir los Ale. Se refería al actualmente preso ex presidente de San Martín que administraba la poderosa remisería "5 Estrellas", que aunque no cumplía con la ordenanza de remise, era la preferida por todos los tucumanos y ni el gobernador ni los ediles se animaban a enfrentarla. Finalmente, los desayunadores convencieron a Alperovich y se constituyó el Sutrappa. Los Ale, con menos influencia que en otras épocas en la que protagonizaban graves hechos de violencia, cedieron y todos los autos de alquiler se vistieron con el blanco de los taxis.

Era la gran solución: desaparecían los remises, había un registro único para todos los autos. Se lo presentó como la panacea para que vuelva a reinar la tranquilidad en la provincia. Esta semana quedó en claro que no fue así. Aquellas fueron buenas intenciones, tal vez por eso estos días se escuchan las mismas cosas que se oyeron en aquel entonces. Un grupo de taxistas habló de corrupción. De agentes que no controlan y de políticos que tienen más de un auto en el Sutrappa. El concejal Eloy del Pino, a la sazón intendente interino en este verano, reconoció que no todo está bien en el sistema. Son los propios concejales los que durante años no hicieron otra cosa que dar excepciones a las reglas de juego y ahora se agarran la cabeza por algo que se les escapa de las manos. Pero parece que poner fin a estos problemas es muy difícil en la provincia. Las excepciones son la regla.

Lo mismo ocurre con los vendedores ambulantes. Son sólo 157 los que andan en las principales arterias del microcentro. La solución al problema, tal cual lo exige la Justicia, es empezar a controlar y poner fin de una vez por todas al ingreso en el centro o, bien, autorizarlos. Pero no se hace ni lo uno ni lo otro. El intendente Domingo Amaya no quiere que José Alperovich lo deje mal parado y Alperovich no tiene ninguna intención de comprarse un conflicto como el que está enfrentando el jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Han pasado los años, pero no se ha atacado esta realidad. Como una letanía se repite década tras década.

Algo parecido ocurre con la droga y la seguridad. Han sido un excelente justificativo para que se ataque la nocturnidad, y se sancione la famosa y controvertida ley de las 4AM. Sin embargo, esto no ha puesto quicio en el descontrol, sino que, por el contrario, lo ha llevado a otros lares. Son las fiestas ilegales las que acaparan la atención en sitios impropios, a costos liberados y con la inseguridad -la misma que se pretendía atacar- a flor de piel. Como consecuencia de ello, la (necesaria) relación entre los inspectores del Instituto Provincial de Lucha contra el Alcoholismo y la sociedad dista mucho de ser lo constructiva que debería.

¿Qué tienen en común estos temas? La droga, los taxis, la violencia callejera, la inseguridad y hasta la venta ambulante son fantasmas que viven y se alimentan porque no existe la decisión política de hacerlos desaparecer. Como en cualquier lugar de la tierra, a veces los une la viveza, el hambre y la corrupción que habitualmente está unida a alguna mafia. Eso da miedo a los gobernantes y mientras no se asome la muerte dejan hacer para evitar problemas peores. Los cambios en Tucson vinieron de la mano de la triste desaparición de Paulina. Los verdaderos estadistas no están para cambiar sino para transformar sociedades y para ver antes lo que puede pasar después. Los fantasmas lo ven todo y atacan a todas las clases sociales -no necesariamente a la alta o a la baja-; sin embargo, este no es un tema que desvele la vida diaria de los dirigentes.

Autopistas de salida
Mientras la decisión política no se toma en el Poder Ejecutivo de la provincia, en la Universidad Nacional de Tucumán lo que faltan son los fondos. Es un tópico que corroe los conciliábulos de los claustros que hoy disfrutan las vacaciones. No obstante, se ha vuelto tentadora la autopista Sacca. Más de uno quisiera imitarlo y estar en otro lado cuando empiecen a estallar los truenos de la tormenta que puede avecinarse. Al tesorero Luis Castillo no le disgustaría salir por el wing ciego y tomar aquella ruta cuanto antes. La UNT tendrá varios partidos duros en los próximos meses si no profundiza ajustes o si no pica alguno de los tantos anzuelos que ha tirado el rector para no terminar ahogado. No todos van a hacer honor al nombre como lo hizo el secretario de Extensión Universitaria. Mario Leal ni siquiera levantó la voz cuando el propio rector dijo que no entendía por qué se habían cerrado los talleres de verano cuando el propio funcionario sabía que la orden había partido del rectorado. Pero estos intríngulis de gestión son pequeñeces comparados con los expedientes que están terminando de coser en los Tribunales Federales con los informes que hizo Gendarmería sobre las obras universitarias.

La calle tan temida
La Justicia es el final oscuro del callejón al que todos los funcionarios temen, por eso tanta desesperación por controlarla. Para José Alperovich, al final del callejón, no está la balanza de la sostenida por la señora de ojos vendados a la que ha sabido seducir, sino, por el contrario, se le asoma la calle. Ese es el verdadero miedo del hombre que más votos sacó en la historia de Tucson. Cada vez que la gente ha salido a la calle, Alperovich ha perdido y tuvo que dar marcha atrás. Las manifestaciones contra la piqueta que atacaba el patrimonio y las que se hicieron para defender al vocal de la Corte René Goane fueron como quemarse con leche. Tal vez por eso apenas asomó la picota en la casa de Salta al 500 lo que se buscó es que la gente vuelva a sus hogares. Pero los cuartos intermedios no sirven. Hacen faltan sentencias políticas. La droga, los taxis, la inseguridad y los vendedores de ilegalidades ambulantes así lo confirman.

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