Vacaciones para ¿descansar?

Lucía Lozano
Por Lucía Lozano 10 Enero 2012
Se sueñan. Se imaginan. Se planean. Se esperan. Pocas experiencias generan tanta expectativa como las vacaciones. En este ritual, no queremos dejar nada librado al azar. Por eso, en la valija abundan demasiadas prendas "por las dudas" y acarreamos remedios como si fuésemos a enfermarnos todo el verano.

Lo que no solemos planear es cómo será la convivencia. Suponemos que las vacaciones suelen ser un momento ideal para poner a prueba una relación o para darnos una nueva oportunidad en el amor.

¡Le ponemos tantas fichas al receso! Queremos que todo funcione de maravillas. Pretendemos que el hijo pequeño deje los pañales y la mamadera, el del medio aprenda a atarse los cordones y el adolescente mejore la comunicación con los padres. En fin, demasiados condimentos para los pocos días disponibles para ¿descansar? y para los pocos metros cuadrados que suelen tener las casas de veraneo.

El panorama parece demoledor a simple vista. Y más de uno tendrá que volver con las valijas llenas de expectativas sin cumplir y con mucha ropa que a fin de cuentas ni la necesitaba.

Será que a veces, pasamos más tiempo planificando lo que haremos cada día de las vacaciones en vez de disfrutarlas. Terminamos estresados y extrañando la rutina, bastardeada hasta el hartazgo, pero anhelada cuando falta.

En síntesis: paciencia. Dejemos que las vacaciones sean lo que son: descanso, no sólo del trabajo, también de la presión y de la lista de las cosas pendientes.

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