"Los otros", ¿y nosotros?

Juan Manuel Montero
Por Juan Manuel Montero 07 Enero 2012
Ellos hacen subir la temperatura. Pero no se trata de una cuestión estacional. No hay en esto nada que esté relacionado con el verano, ni con el invierno. No hay trabajo aquí para los climatólogos; sí para los cardiólogos. Da lo mismo que la gente camine por la calle transpirando bajo un sol calcinante, que deban protegerse con un paraguas de una lluvia torrencial o con la más gruesa de las camperas de una helada angustiosa. Suena a perogrullo, pero para ellos no hay vacaciones. Mientras muchas actividades encuentran en enero y en febrero el remanso, ellos ("los otros") se mueven a destajo aprovechando aún más ese comprensible bajón de los otros.

No hay caso. Tal vez dentro de cuatro años, cuando, según admitió él mismo, podría terminar el gobierno de José Alperovich, dirá, y será cierto, que la provincia avanzó en muchísimos sentidos. Que las diferencias con algunos gobiernos del siglo pasado son abismales. Pero que perdió la lucha contra "los otros". Que no pudo o no supo cómo hacer de Tucumán una provincia más segura. Que aunque podamos decir que, al menos en el NOA, no hay ninguna Policía que esté mejor equipada que la nuestra, eso no redunda ni mucho menos en el servicio que los tucumanos se merecen. Que las cámaras, las computadoras y los móviles son importantes, pero que los que las manejan son siempre hombres y que "los otros", los que viven para romper la ley, parecen estar mejor preparados para burlar a "los buenos".

El año que acaba de terminar no se podrá olvidar para las familias de Elda Hovannes, de Marcela Beatriz Aragón y de Iván Sénneke. Pero los recuerdos, siempre, estarán emparentados con las lágrimas y con el pesar. Esa inseguridad que para muchos sigue siendo sólo una sensación les pegó el peor cachetazo de sus vidas. "Los otros" les arrebataron a personas que daban alegría, contención, consejos, respaldo. Y sólo los que han pasado por una situación similar saben que el dolor se profundiza con el paso del tiempo, sobre todo cuando ven que poco y nada cambia. Y que con el afán de dejar en claro que somos todos nosotros los que alentamos esa "sensación" de inseguridad hay funcionarios que prefieren las discusiones estériles a los hechos concretos. Mientras en los barrios de Hovannes, Aragón o Senneke advierten que todo sigue igual desde los asesinatos y que la inseguridad es la misma, los policías aseguran que "el delito bajó casi a cero". Como si estas estadísticas le importaran a alguien a quien le pusieron una pistola en la cabeza.

Hace pocas semanas, ante una pregunta a un integrante del área de Seguridad, en un diálogo informal, se respondió con un "ustedes siempre critican y no dicen nada de lo que tiene que tiene que hacer Desarrollo Social con los chicos que, por la falta de contención, terminan delinquiendo". La "queja" corre paralela a ese vicio de algunos funcionarios de encontrar culpables en otras áreas que no sean la propia, con especial atención en la Justicia. Es el mismo tipo de discusión que la de los policías con los vecinos. Si en un tema tan delicado lo único que se hace, al menos públicamente, es tirar la pelota al otro terreno lo más probable es que se fracase. Pero el comentario del funcionario de Seguridad, más allá de no reconocer sus propias incapacidades, tiene peso propio. Y pasa por un aspecto que aún no se pudo resolver, no sólo en la provincia, sino en todo el país, y que es el de la desigualdad social. Mientras la brecha entre los que cada vez tienen más y los que cada vez tienen menos no se reduzca, pensar en una Argentina más segura será utópico. En tanto, bien podríamos darnos cuenta de que el plan de seguridad no está resultando. Que a "los otros" no les importa la época del año.

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