El hombre de pocas palabras y de casi ninguna sonrisa sigue haciendo historia. Cosechó su segundo título como entrenador en el mismo campo que festejó por primera vez. La Bombonera pareciera ser el terreno ideal para que él, fiel a su estilo, observe feliz a sus dirigidos levantar la copa. En 2007 lo hizo con Banfield y ahora, con Boca. Julio César Falcioni lo repitió. Ya se había transformado en el primer ex arquero en conseguir un título de Primera y ayer amplió en esa marca y se transformó en el primer ex golero que logra un título dirigiendo al "xeneize".
Extraño es el caso del hombre nacido en Buenos Aires el 20 de julio de 1956. Asumió en el cargo el 22 de diciembre de 2010 y, desde sus comienzos, fue el blanco de críticas crueles, ya que muchos consideraron que el cargo le quedaba grande. En el Clausura 2011 los resultados no estuvieron de su lado. Ganó siete encuentros, empató otros siete y perdió cinco. Con esta irregular campaña terminó en el séptimo puesto en la tabla. Sin embargo, allí comenzó escribir una historia que tuvo final feliz.
"JC", como lo bautizaron en el medio, de a poquito fue armando el equipo que a él le gustaba. Pidió a Agustín Orión -con cuatro tantos es el arquero menos vencido del certamen-, a Rolando Schiavi -un león para marcar y acabar con los problemas defensivos- y no se equivocó al traer a Darío Cvitanaich y a elegir a Nicolás Blandi como reemplazante del lesionado Lucas Viatri. Ellos se pusieron sobre sus espaldas el enorme peso que significó ser los reemplazantes de Martín Palermo, un goleador que permanecerá siempre en la memoria de los hinchas "xeneizes". Como si esto fuera poco, logró recuperar a Juan Román Riquelme, pieza clave en el equipo hasta que volvió a lesionarse.
Este combo de figuras, bien ordenadas en el campo, terminó con una sequía de tres años sin festejar títulos. La frutilla del postre, sin lugar a dudas, es la marca histórica que batió. Este equipo quedará grabado a fuego: mantuvo un invicto de 27 partidos y se acerca a los 40 que estuvo sin perder el Boca de Bianchi. Toda una hazaña. Y todo de la mano de Falcioni, que ahora sí puede sonreír.
Extraño es el caso del hombre nacido en Buenos Aires el 20 de julio de 1956. Asumió en el cargo el 22 de diciembre de 2010 y, desde sus comienzos, fue el blanco de críticas crueles, ya que muchos consideraron que el cargo le quedaba grande. En el Clausura 2011 los resultados no estuvieron de su lado. Ganó siete encuentros, empató otros siete y perdió cinco. Con esta irregular campaña terminó en el séptimo puesto en la tabla. Sin embargo, allí comenzó escribir una historia que tuvo final feliz.
"JC", como lo bautizaron en el medio, de a poquito fue armando el equipo que a él le gustaba. Pidió a Agustín Orión -con cuatro tantos es el arquero menos vencido del certamen-, a Rolando Schiavi -un león para marcar y acabar con los problemas defensivos- y no se equivocó al traer a Darío Cvitanaich y a elegir a Nicolás Blandi como reemplazante del lesionado Lucas Viatri. Ellos se pusieron sobre sus espaldas el enorme peso que significó ser los reemplazantes de Martín Palermo, un goleador que permanecerá siempre en la memoria de los hinchas "xeneizes". Como si esto fuera poco, logró recuperar a Juan Román Riquelme, pieza clave en el equipo hasta que volvió a lesionarse.
Este combo de figuras, bien ordenadas en el campo, terminó con una sequía de tres años sin festejar títulos. La frutilla del postre, sin lugar a dudas, es la marca histórica que batió. Este equipo quedará grabado a fuego: mantuvo un invicto de 27 partidos y se acerca a los 40 que estuvo sin perder el Boca de Bianchi. Toda una hazaña. Y todo de la mano de Falcioni, que ahora sí puede sonreír.









