Tenía 19 años y lo mataron por la mochila

Iván Senneke recibió un tiro en la cabeza en Villa 9 de Julio, cuando volvía de trabajar, y nueve horas después murió en el hospital Padilla. Los delincuentes sorprendieron a la víctima mientras estaba con una amiga. "¡Están por asaltarnos!", gritó ella. Él le pidió que corriera e intentó defenderse. Quedó de rodillas antes de que le dieran el balazo mortal. Según los vecinos, esperaron casi media hora para que llegara una ambulancia y auxiliara al joven. En la mañana se produjo el peor de los desenlaces

12 Nov 2011
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CUSTODIADOS. Ayer, a la madrugada, se detuvo a tres individuos, de entre 22 y 26 años, supuestamente involucrados en el ataque a Mauro Iván Senneke. LA GACETA / FOTOS DE JOSÉ INESTA

Volvía de trabajar. Estaba un poco cansado, porque le había parecido un día bastante largo. Al menos eso era lo que estaba contándole Mauro Iván Senneke a su amiga Fátima, mientras caminaban por calle Rivadavia al 2.200. Todo estaba tranquilo en lo que parecía una noche más en Villa 9 de Julio. Pero al llegar a la esquina de Delfín Gallo, ella tuvo un mal presagio.

Dos individuos se acercaron despacio. La chica desconfió de esos movimientos. "¿Dónde está la parada del colectivo?", preguntó uno de los extraños. "¡Están por asaltarnos!", gritó ella. La primera reacción de Iván fue gritarle a su amiga que corriera para que no le hicieran nada. Él se quedó paralizado por un instante. Después forcejeó. Los asaltantes lograron quitarle la mochila y, tras un fuerte empujón, Iván cayó al piso de rodillas. En esos pocos segundos, uno de los delincuentes le disparó en la cabeza.

El joven, de 19 años, cayó desplomado sobre el asfalto, en medio de la esquina, cuando estaba a tan sólo 50 metros de su casa. En ese mismo instante, en la torre de edificios, donde él vivía, una mujer escuchó el ruido de un balazo y quiso ver de qué se trataba. "Escuchamos el tiro, como una explosión, salimos por el balcón y vimos que había alguien tirado -recordó Ana Capriz, vecina de la familia Senneke-. Antes de bajar empecé a llamar al 107 (servicio de emergencias), pero nunca nos atendieron. Mi marido desde el celular y yo desde el fijo insistíamos, pero nada. Es increíble: casi 25 minutos estuvo el chico tirado ahí. La Policía apareció al rato -dijo-, pero no había ambulancia y eso que estamos a unas cuadras del Hospital Avellaneda".

La incertidumbre

Impotencia y bronca se mezclaba entre los vecinos de la zona, mientras Iván había sido trasladado a la guardia del Hospital Padilla, donde un grupo de 40 personas, entre allegados y familiares, esperaba alguna novedad sobre su estado de salud.

Silvia Jiménez, la madre del joven asaltado, no tenía consuelo en el patio del hospital. La mujer era contenida por su hermana, Geraldine Jiménez. Un allegado de la familia llamó por teléfono a Walter Senneke, padre de Iván, que estaba en Córdoba. "Acabo de darle la noticia y ahora no para de mandarme mensajes de texto. Como cualquier padre está desesperado", comentó un hombre de unos 40 años con el celular en la mano.

Sobre el cordón de la calle Lavalle había un numeroso grupo de jóvenes de la edad de Iván que aguardaban desconsolados. Eran las 3 de la madrugada y cada vez llegaba más gente a la guardia del hospital. De repente comenzó a circular un rumor entre los familiares y amigos de Iván respecto de que la Policía habría ordenado varias detenciones.

Un dato valioso

En la Brigada de Investigaciones, los efectivos policiales habían logrado obtener información sobre la licencia de Sutrappa del taxi en que subieron los atacantes del joven Senneke. A partir de las declaraciones de algunos testigos se estableció que la licencia del vehículo era 7684.

Con ese dato, se localizó al propietario del auto Fiat Uno (Dominio JDX 263). Este, a su vez, admitió ser el dueño del taxi y mostró toda la documentación. Además explicó que a esa hora de la noche el auto estaba siendo utilizado por un chofer que había contratado el día anterior. De ese modo se llegó a la detención de tres personas: el chofer del taxi y otros dos individuos con un cargado prontuario policial.

En la guardia del hospital, mientras tanto, cambiaba el estado de ánimo de los familiares. De la zozobra se pasaba a la esperanza. Los médicos precisaron que el joven había recibido un disparo en el cráneo. "Un paciente crítico, hemodinámicamente inestable, sin reflejos del tronco encefálico. Lesión neurológica por proyectil de arma de fuego", decía el parte médico alrededor de las 4 de la madrugada. A esa hora, alguien comentó que el padre de Iván ya había logrado comprar un pasaje para viajar a Tucumán. "Creo que si sale ahora va a estar llegando al mediodía", dijo una mujer.

El auto secuestrado

Sobre calle Junín al 800, en la sede de la Brigada de Investigaciones, los expertos iniciaban los peritajes a los tres detenidos, de entre 22 y 26 años. En la playa de estacionamiento se encontraba el taxi en el que se movilizaron los individuos durante el atraco. El vehículo estaba bajo custodia policial.

Asomaba el amanecer del viernes y los familiares seguían en la puerta de la guardia del hospital. Cada vez que se abría la puerta y aparecía alguien con delantal, crecían los nervios de los familiares y allegados.

Alrededor de las 7, la noticia comenzó a difundirse por televisión y radio. En cuestión de minutos empezaron a llegar los medios de prensa a la guardia del Padilla. Con el correr de las horas, el movimiento en esa área del hospital se hizo más intenso.

La expectativa iba en aumento no sólo entre los familiares, sino también entre los periodistas que aguardaban por un parte médico. Oficialmente, la muerte de Iván quedó registrada a las 7.50 de ayer. Después de más de nueve horas de angustia, los familiares desahogaron su dolor. El desconsuelo dominaba a la mayoría. Iván había dejado de respirar. Una bala terminó con su vida. Todo por una mochila.

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Mauro Iván Sénneke
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