Algunos ubican el comienzo de esta formidable historia en el Sudamericano Juvenil de Oruro (1994), que Argentina ganó invicta; otros se remontan al Mundial Sub 22 de Melbourne, cuando la "albiceleste" terminó cuarta, tras perder increíblemente su cruce de semifinales con el anfitrión, Australia.
Quizás esas dos competencias fueron los hitos fundacionales de la Generación Dorada que sigue regalando alegrías y bañando de gloria al básquet argentino.
El domingo, en Mar del Plata, el seleccionado nacional, hoy dirigido por Julio Lamas, ganaba por primera vez el Torneo de las Américas, que incluía uno de los dos billetes a los Juegos Olímpicos de Londres 2012.
Diez años antes, en Neuquén, había obtenido invicto el Premundial clasificatorio para la cita ecuménica de Indianápolis 2002, con cinco jugadores componentes del equipo que hizo estallar de alegría al Polideportivo marplatense cuando se consumó la consagración frente al eterno adversario, Brasil: Juan Ignacio Sánchez, Emanuel Ginóbili, Fabricio Oberto, Luis Scola y Andrés Nocioni.
De la plantilla campeona, a excepción de dos de sus hombres (Juan Gutiérrez, 27, y Carlos Delfino, 29), el resto de los jugadores supera los 30 años.
Con el talento de la mayoría, con una inquebrantable mentalidad grupal, humildad y una insaciable sed de gloria, el seleccionado basquetbolístico argentino conmueve también desde la entrega y el compromiso de cada uno de sus jugadores.
Protagonista de grandes proezas, como ser la primera en ganarle a un Dream Team (87-80 en el Mundial de Indianápolis 2002) y derrotarlo nuevamente (89-81) en una de las semifinales de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, conserva inalterable la mística ganadora como lo demostró una vez más.
Un auténtico desafío
Para la Argentina, lograr el boleto olímpico era un verdadero reto. Las declaraciones de dos de sus emblemas así lo certifican. "Suponía, antes de empezar el campeonato, que la presión no me iba a afectar, pero debo reconocer que me equivoqué", admitió Luis Scola, que también se refirió al resultado de la final.
"Si no jugábamos en casa esta final con Brasil no la hubiésemos ganado". Emanuel Ginóbili fue otro de los que dio su parecer sobre la importancia de este logro. "Con el despertar de hoy aparecieron más dolores... ¡Pero cuánta satisfacción! A boxes, urgente", bromeó a través de su cuenta de Twitter.
"Hace 45 días que estamos juntos para conseguir esto. Con nuestra gente que nos contagió, nos permitió sacar fuerzas de donde no teníamos. Mi objetivo es jugar en Londres y todo esto es para eso. Somos un grupo de grandes jugadores de los que cualquiera puede aparecer y definir un partido. Este es el mejor grupo humano y deportivo que alguna vez integré", remarcó.
"Este grupo de jugadores construyó su prestigio a partir de su profesionalismo. Esa es una de sus principales virtudes", subrayó el entrenador del equipo, Julio Lamas.
Con cierto grado de sufrimiento (potenciado en la semifinal contra Puerto Rico y en la final contra la "veredemarilla"), más con el corazón que juego, Argentina sigue agrandando la leyenda.
Quizás esas dos competencias fueron los hitos fundacionales de la Generación Dorada que sigue regalando alegrías y bañando de gloria al básquet argentino.
El domingo, en Mar del Plata, el seleccionado nacional, hoy dirigido por Julio Lamas, ganaba por primera vez el Torneo de las Américas, que incluía uno de los dos billetes a los Juegos Olímpicos de Londres 2012.
Diez años antes, en Neuquén, había obtenido invicto el Premundial clasificatorio para la cita ecuménica de Indianápolis 2002, con cinco jugadores componentes del equipo que hizo estallar de alegría al Polideportivo marplatense cuando se consumó la consagración frente al eterno adversario, Brasil: Juan Ignacio Sánchez, Emanuel Ginóbili, Fabricio Oberto, Luis Scola y Andrés Nocioni.
De la plantilla campeona, a excepción de dos de sus hombres (Juan Gutiérrez, 27, y Carlos Delfino, 29), el resto de los jugadores supera los 30 años.
Con el talento de la mayoría, con una inquebrantable mentalidad grupal, humildad y una insaciable sed de gloria, el seleccionado basquetbolístico argentino conmueve también desde la entrega y el compromiso de cada uno de sus jugadores.
Protagonista de grandes proezas, como ser la primera en ganarle a un Dream Team (87-80 en el Mundial de Indianápolis 2002) y derrotarlo nuevamente (89-81) en una de las semifinales de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, conserva inalterable la mística ganadora como lo demostró una vez más.
Un auténtico desafío
Para la Argentina, lograr el boleto olímpico era un verdadero reto. Las declaraciones de dos de sus emblemas así lo certifican. "Suponía, antes de empezar el campeonato, que la presión no me iba a afectar, pero debo reconocer que me equivoqué", admitió Luis Scola, que también se refirió al resultado de la final.
"Si no jugábamos en casa esta final con Brasil no la hubiésemos ganado". Emanuel Ginóbili fue otro de los que dio su parecer sobre la importancia de este logro. "Con el despertar de hoy aparecieron más dolores... ¡Pero cuánta satisfacción! A boxes, urgente", bromeó a través de su cuenta de Twitter.
"Hace 45 días que estamos juntos para conseguir esto. Con nuestra gente que nos contagió, nos permitió sacar fuerzas de donde no teníamos. Mi objetivo es jugar en Londres y todo esto es para eso. Somos un grupo de grandes jugadores de los que cualquiera puede aparecer y definir un partido. Este es el mejor grupo humano y deportivo que alguna vez integré", remarcó.
"Este grupo de jugadores construyó su prestigio a partir de su profesionalismo. Esa es una de sus principales virtudes", subrayó el entrenador del equipo, Julio Lamas.
Con cierto grado de sufrimiento (potenciado en la semifinal contra Puerto Rico y en la final contra la "veredemarilla"), más con el corazón que juego, Argentina sigue agrandando la leyenda.
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