Realidades y panoramas distintos sobresalen y se contraponen. Iniciativas innovadoras y auspiciosas, proyectos que derivan en planes superadores conviven con escenarios de informalidad y atraso. Rasgos, actitud de emprender acciones para sostener el crecimiento y darle pelea al futuro y espacios con señas de decadencia y reminiscencias del mercadeo básico (con marchantes incluidos), más propio de los años comarcanos que las pretensiones de emporio económico del norte. Toma fuerza un polo tecnológico y un distrito urbano premiun en Yerba Buena, se revolucionan variedades en los cultivos para mejorar la producción, casi en simétrica relación con el desorden urbano que apabulla en el grueso de las ciudades y informalidad económica y la chatura social extendida. ¿Cuantos Tucumán amarroca la provincia? ¿Cuantas provincias sobreviven en un territorio escaso, señalado como una geografía de privilegio? ¿Son los efectos sociales de un modelo centrado en defender el consumo de primer y segundo orden (alimentos y transables) que primariza la economía? ¿Son sólo impulsos o espamos virtuosos surgidos de profesionales preparados en las cuatro universidades instaladas por aquí, especialmente la UNT, los que construyen un nuevo perfil? ¿Es atribuible a la sola tenacidad de empresarios y científicos los nuevos logros? ¿Hay asignaturas pendientes, descuidos, irreponsabilidades que ni en tiempo de pobreza ni en estos de riquezas los actores políticos y sociales enfilan a resolver?¿Qué impide entre las administraciones públicas planificar el crecimiento económico? Las respuestas, como las preguntas, se multuplican porque las causales de los contrastes económicos, estructurales, urbanístcos, sociales, infraestructurales e institucionales que evidencia Tucumán empienzan a mimetizarse en un paisaje de claroscuros y grises. Sin asumir al fatalismo como medidas de las cosas y dejando en claro que las crisis que asolaron desde 1966 dejaron sus secuelas y que la reparación de daños han sido escasos, los antecendentes exponen la ausencia de planificación de una propuesta integradora y de una mínima vocación para construir la cultura del debate que defina estrategias y desarrolle una nueva realidad. Este Tucumán no es el de 1900, cuando el empuje azucarero abría el camino del progreso (la Universidad de Tucumán se levanta desde ese ámbito), tampoco el mundo vital que explosionó con las leyes laborales de Perón o el de los años 60/70 marcados por el aporte cultural, el desmenbramiento y el plomo. Un espacio común surge todos los días con decisiones virtuosas, con voluntad de empujar para arriba las aspiraciones comunes. Serían nuevas prioridades del Gobierno y de la dirigencia toda para sostener esperanzas de una mejor calidad de vida y de un progreso social uniforme, más homogéno, ascendente, real, contagiante. Sería un mandato histórico para pasar a la historia.







