Espíritu de lama, una buena dosis de tranquilizante y toda la paciencia del mundo. Esos tres atributos hay que tener si un día a alguien se le ocurre transitar por el microcentro en su auto, en colectivo o en taxi. Y, más allá de la superpoblación del parque automotor (ni hablar de los programadas obras de pavimentación, repavimentación y arreglo de calles en períodos de más actividad comercial), los benditos cortes de calle con protestas de toda índole seguramente pueden ser el motivo para perder una oportunidad laboral, retardarse en un compromiso o, simplemente, ir a buscar los chicos al colegio. ¿Dónde está aquello de que el derecho de uno termina donde comienza el derecho de los demás?
La creatividad brilla por su ausencia en muchas de las manifestaciones públicas. En varias de ellas, el problema se traslada a los demás, mientras la solución a los reclamos siempre suele demorarse. Y se hace como un círculo vicioso que comienza con cánticos de una causa justa y terminan con la contaminación sonora que producen las bocinas. Y dañan a todos por igual. Un cambio de conductas puede ser el punto de partida para cambiarle el humor a la sociedad. Los ciudadanos acompañarán las quejas en la medida que estas no les signifiquen un contratiempo o un mal rato. Y ejemplos sobran.
La creatividad brilla por su ausencia en muchas de las manifestaciones públicas. En varias de ellas, el problema se traslada a los demás, mientras la solución a los reclamos siempre suele demorarse. Y se hace como un círculo vicioso que comienza con cánticos de una causa justa y terminan con la contaminación sonora que producen las bocinas. Y dañan a todos por igual. Un cambio de conductas puede ser el punto de partida para cambiarle el humor a la sociedad. Los ciudadanos acompañarán las quejas en la medida que estas no les signifiquen un contratiempo o un mal rato. Y ejemplos sobran.







