Horacio Muratore: con el básquet a todos lados

Estuvo al frente de la CABB durante 16 años en forma ininterrumpida. Y hace uno fue elegido presidente de FIBA Américas.. El dirigente, que en 2014 puede convertirse en presidente de FIBA, contó cómo enlaza sus obligaciones dirigenciales con la vida familiar en un mano a mano con LA GACETA. También se refirió al vínculo que mantiene con las principales estrellas que dio el básquet de nuestro país.
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Eduardo Herrera
LA GACETA
SIEMPRE JUNTOS. Su familia le brinda un apoyo total a su labor dirigencial. LA GACETA / JORGE OLMOS SGROSSO

Hace un año, Horacio Muratore fue nombrado presidente de FIBA Américas en reemplazo del dominicano Julio Subero. El fin de semana, el dirigente tucumano estuvo en Río de Janeiro, donde ofreció un informe de su gestión en la reunión anual de consejo directivo de la entidad y, paralelamente, se desarrolló el Primer Congreso de Gestión y Mercadeo de FIBA, de la que es vicepresidente desde el 6 de setiembre de 2010. La diversidad de tareas lo obliga a viajar en forma continua a distintos puntos del planeta. En una charla con nuestro diario, habló acerca de cómo conjuga su rol de directivo con la vida familiar, de sus relaciones con los basquetbolistas estelares de nuestro país y de otros temas vinculados a su tarea en uno de los deportes masivos de mayor crecimiento en el mundo.

-¿Cuánto tiempo ha resignado para dedicarlo a la familia desde que se convirtió en dirigente nacional e internacional?

-En realidad, sólo tengo loas para mi familia. Siempre han entendido adónde he llegado, qué representa para mí, y me apoyan totalmente. El 80 por ciento de mi tiempo lo tengo dedicado al básquet, viajo mucho, pero me mantengo en comunicación permanente, hasta me tuve que adaptar a la informática. A lo mejor tengo menos tiempo que antes, pero con menos peso, con más satisfacción... Aunque estoy tratando de unir cosas; por ejemplo, enero, febrero y marzo, un 75 por ciento de esos meses estuve afuera. Yo tengo una compañía de seguros, asesoro al estudio que es manejado por mi hija. Pero debo decir que cuento con el respaldo de una familia unida, en la que compartimos todo. Estoy orgulloso de que, siendo profesionales mis hijos, ninguno se haya tenido que ir del país con la capacidad que tienen y las posibilidades que hay en otro lados.

-¿Qué pasa por su cabeza cuando no puede estar en algunos acontecimientos que no querría perdérselo?

-Me perdí casamientos de familia, cumpleaños de mi hija. Una de ellas cumple el 8 de febrero y nunca puedo estar, coincide con el Juego de las Estrellas de la NBA, donde tengo que estar. Es un lugar donde todo el mundo hace relaciones, hay que estar, cumplir.... Son situaciones muy difíciles, gracias a Dios la saben comprender. Ahora estamos muy bien organizados y puedo decir cuáles son los acontecimientos importantes a los que no puedo faltar. Ya están diagramados hasta fin de año. Por ejemplo, ahora me coincide con un casamiento de un sobrino con una reunión pero, bueno trato de manejarlo. Las reuniones de FIBA Mundo me cuestan más que las de FIBA Américas. Esta vez, por ejemplo, les dije que no a la Final Four de la NCAA. No fui a México a la final de nuestra Liga de las Américas porque eran ya 33 días afuera. Es lo que más estrés me genera: compatibilizar lo dirigencial, lo profesional y la familia. En FIBA Américas, por suerte, tengo un secretario general (Alberto García), que me presiona para que distribuya bien los tiempos.

-Cuando conoció a su esposa, ¿ya había comenzado su carrera dirigencial?

-Nelly entró en mi vida en un momento muy difícil. Mi papá era presidente de Tucumán BB, yo estaba ayudándole en la subcomisión de básquet a Agustin Carrizo, después fui tesorero y en un momento me presenté a las elecciones de mi club. Ella no sabía nada de básquet, aprendió y ahora lo ama profundamente. Nelly vivió ese momento de estrés, cuando gané las elecciones que fueron medio traumáticas porque la otra lista era apoyada nada menos que por "Tompy" Díaz, mi máximo ídolo en el básquet. Pero la gente siguió la línea de mi papá; después nos unimos todos, trabajamos mucho y estuve dos años como presidente.

-Después pasó a la Federación...

-Cuando (Guillermo) Gallo y (Vilfredo) Macián me hablaron para que vaya a la Federación, con el acuerdo de todos los clubes, tuve que hablar con Nelly. Le dije que no era tanto lo que iba a trabajar como lo hice en el club; bah, al final la engañé... Después en la CABB fue peor: ya tuve que hablar con la gente de la Universidad que, de paso, quiero decir me ha dado el soporte básico para que pueda afrontar tantas situaciones difíciles que me tocaron. Porque agarré entonces una entidad quebrada, en convocatoria de acreedores, no le creía nadie, los jugadores no querían ir a la Selección. Durante cinco años tuvimos que pagar la convocatoria y generar todo lo que se generó ahora.

-¿Cómo fue y es su trato con los jugadores top del seleccionado?

-Excelente, yo he crecido a la par de ellos. Desde que eran cadetes, pasamos muchas cosas juntos; yo era muy amigo de Marcelo Milanesio, del "Gallo" Pérez, del "Mili" (Luis Emilio) Villar, de toda la gente que estaba cuando yo entré mientras los chicos empezaban a crecer. La relación que tengo con Luis Scola, Prigioni, "Manu", Carlos Delfino, "Chapu" (Nocioni) es bárbara. No fue todo fácil, claro, tuvimos algún tipo de discusiones pero para bien, para mejorar el futuro del básquet argentino. A la par de ellos crecí mientras ellos crecían en sus carreras y la verdad es que sigo en contacto con ellos. Y, por supuesto, estoy orgulloso de lo que hicieron estos chicos. Con Oberto, por ejemplo, la relación es de hermano, nos conectamos a través del messenger casi todos los días.

-¿Cuánto tiempo ha resignado para dedicarlo a la familia desde que se convirtió en dirigente nacional e internacional?

-En realidad, sólo tengo loas para mi familia. Siempre han entendido adónde he llegado, qué representa para mí, y me apoyan totalmente. El 80 por ciento de mi tiempo lo tengo dedicado al básquet, viajo mucho, pero me mantengo en comunicación permanente, hasta me tuve que adaptar a la informática. A lo mejor tengo menos tiempo que antes, pero con menos peso, con más satisfacción... Aunque estoy tratando de unir cosas; por ejemplo, enero, febrero y marzo, un 75 por ciento de esos meses estuve afuera. Yo tengo una compañía de seguros, asesoro al estudio que es manejado por mi hija. Pero debo decir que cuento con el respaldo de una familia unida, en la que compartimos todo. Estoy orgulloso de que, siendo profesionales mis hijos, ninguno se haya tenido que ir del país con la capacidad que tienen y las posibilidades que hay en otro lados.

-¿Qué pasa por su cabeza cuando no puede estar en algunos acontecimientos que no querría perdérselo?

-Me perdí casamientos de familia, cumpleaños de mi hija. Una de ellas cumple el 8 de febrero y nunca puedo estar, coincide con el Juego de las Estrellas de la NBA, donde tengo que estar. Es un lugar donde todo el mundo hace relaciones, hay que estar, cumplir.... Son situaciones muy difíciles, gracias a Dios la saben comprender. Ahora estamos muy bien organizados y puedo decir cuáles son los acontecimientos importantes a los que no puedo faltar. Ya están diagramados hasta fin de año. Por ejemplo, ahora me coincide con un casamiento de un sobrino con una reunión pero, bueno trato de manejarlo. Las reuniones de FIBA Mundo me cuestan más que las de FIBA Américas. Esta vez, por ejemplo, les dije que no a la Final Four de la NCAA. No fui a México a la final de nuestra Liga de las Américas porque eran ya 33 días afuera. Es lo que más estrés me genera: compatibilizar lo dirigencial, lo profesional y la familia. En FIBA Américas, por suerte, tengo un secretario general (Alberto García), que me presiona para que distribuya bien los tiempos.

-Cuando conoció a su esposa, ¿ya había comenzado su carrera dirigencial?

-Nelly entró en mi vida en un momento muy difícil. Mi papá era presidente de Tucumán BB, yo estaba ayudándole en la subcomisión de básquet a Agustin Carrizo, después fui tesorero y en un momento me presenté a las elecciones de mi club. Ella no sabía nada de básquet, aprendió y ahora lo ama profundamente. Nelly vivió e

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