16 Enero 2011 Seguir en 
Novela
CHUBASCO
CIELO LATINI
(Planeta - Buenos Aires)
La adolescencia no es sencilla y pareciera ser que todos sus conflictos se potencian con Internet: medio adictivamente placentero, pero ideal para acrecentar con virulencia la ansiedad, el deseo, la desesperación, la ilusión, el desamparo, la imaginación, la obsesión, la excitación.
Es también el medio por excelencia elegido por este público para comunicarse; no hay nada que no puedan hacer con un chat y redes sociales de por medio. La virtualidad es el código que más saben leer, aunque quizás no el que mejor descifran. Tal vez por eso valga para ellos el lema "no hay vida sin Internet" y la historia de este libro sea un ejemplo que lo grafique con realismo.
Chubasco, la segunda publicación de Cielo Latini, la joven que se hizo conocida entre las adolescentes por haber contado los infiernos de la anorexia, narra otra historia verídica -no propia-, pero en las latitudes del vicio que supone estar siempre online y ser víctima de las consecuencias que se tejen teclados de por medio.
La protagonista es una chica de familia pudiente y conservadora, que está harta de "ir de la casa a la iglesia", que siempre leyó muchísimo en lugar de presumir con chicos, y que es muy consciente de lo inexistente que es para su familia. La trama que tarda innecesariamente en llegar- se acelera cuando su mejor amiga le presenta por chat al que será su calvario y transformador: un pibe histérico y "alcalino", pero también enamorado. En el medio, la chica descubrirá el sexo -primero virtual, claro- y se someterá a maltratos de otros hombres, logrando sólo reconfirmar lo que siente desde que tiene uso de razón: una profunda -y auténtica- soledad.
La pálida historia no da tregua y por momentos se pone latosa y repetitiva, tal vez porque Latini sólo hace foco en lo deprimente del cuadro, olvidándose del humor que también caracteriza a los adolescentes. Un libro que, más que para ellos, bien sería una puerta que muestre a los adultos (padres) por dónde pueden andar los chicos cuando pasan horas frente a la PC.
© LA GACETA
Martina Delacroix
CHUBASCO
CIELO LATINI
(Planeta - Buenos Aires)
La adolescencia no es sencilla y pareciera ser que todos sus conflictos se potencian con Internet: medio adictivamente placentero, pero ideal para acrecentar con virulencia la ansiedad, el deseo, la desesperación, la ilusión, el desamparo, la imaginación, la obsesión, la excitación.
Es también el medio por excelencia elegido por este público para comunicarse; no hay nada que no puedan hacer con un chat y redes sociales de por medio. La virtualidad es el código que más saben leer, aunque quizás no el que mejor descifran. Tal vez por eso valga para ellos el lema "no hay vida sin Internet" y la historia de este libro sea un ejemplo que lo grafique con realismo.
Chubasco, la segunda publicación de Cielo Latini, la joven que se hizo conocida entre las adolescentes por haber contado los infiernos de la anorexia, narra otra historia verídica -no propia-, pero en las latitudes del vicio que supone estar siempre online y ser víctima de las consecuencias que se tejen teclados de por medio.
La protagonista es una chica de familia pudiente y conservadora, que está harta de "ir de la casa a la iglesia", que siempre leyó muchísimo en lugar de presumir con chicos, y que es muy consciente de lo inexistente que es para su familia. La trama que tarda innecesariamente en llegar- se acelera cuando su mejor amiga le presenta por chat al que será su calvario y transformador: un pibe histérico y "alcalino", pero también enamorado. En el medio, la chica descubrirá el sexo -primero virtual, claro- y se someterá a maltratos de otros hombres, logrando sólo reconfirmar lo que siente desde que tiene uso de razón: una profunda -y auténtica- soledad.
La pálida historia no da tregua y por momentos se pone latosa y repetitiva, tal vez porque Latini sólo hace foco en lo deprimente del cuadro, olvidándose del humor que también caracteriza a los adolescentes. Un libro que, más que para ellos, bien sería una puerta que muestre a los adultos (padres) por dónde pueden andar los chicos cuando pasan horas frente a la PC.
© LA GACETA
Martina Delacroix







