La pobreza estructural reclama compromiso social, equidad y políticas participativas

Los niños que nacen en contextos socioeconómicos críticos tienen más posibilidades de enfermarse y de morir a temprana edad. "La mejor forma de reeditar la pobreza es mediante el clientelismo", expresó una panelista en el Primer Encuentro Regional sobre Pobreza que organizó la UNT

09 May 2010
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BORDES URBANOS. Los asentamientos a orillas de las vías, de los canales y de las márgenes del Salí son lugares donde el Estado está ausente: la mayoría no tiene agua potable, saneamiento básico, luz ni pavimento. LA GACETA/JORGE OLMOS SGROSSO

América Latina y el Caribe constituyen la región más urbanizada del mundo en desarrollo. Las tres cuartas partes de su población vive en ciudades. Sin embargo, a raíz de la pobreza estructural que afecta la región muchos viven en condiciones de vulnerabilidad social y riesgo ambiental. Este fue uno de los temas analizados en el "Primer Encuentro Regional sobre Pobreza" que organizó la UNT y finalizó ayer en el Centro Cultural.

En la mesa panel "Pobreza, salud, vivienda y medio ambiente", Roque Carrero Valenzuela, de la UNT, Rosa Sims, médica del Hospital de Niños y las arquitectas Adriana Assef y Cecilia Laskowski del Grupo Tierrha, destacaron que la mayor proporción de muertes relacionadas con las malas condiciones del medio ambiente se registra entre los niños, las mujeres y las familias más pobres que carecen de acceso a servicios esenciales como agua potable, red cloacal y saneamiento básico, entre otros, según, sintetizó a LA GACETA la coordinadora del panel y docente de la UNT, Nora Vázquez de Argiró.

La arquitecta Laskowski, por su parte, señaló que Tucumán ocupaba el décimo lugar en el ranking de pobreza en el país, con el 55,8% de su población pobre, en 2003. Esta profesional, junto a un grupo de colegas estudiaron ese año el área metropolitana de Tucumán, la situación habitacional, la urbanización y los territorios en conflicto, y encontraron problemas ambientales y pobreza urbana. "Analizamos villas, asentamientos y barrios no consolidados para ver dónde se ubican los sectores populares. Encontramos correspondencia entre pobreza y bordes urbanos -márgenes del río Salí, de los canales, de las ex vías ferroviarias, entre otros- que actúan como verdaderas fronteras porque delimitan lugares donde el Estado no actúa. La gente está abandonada, sin luz, agua potable, pavimento, red cloacal ni recolección de residuos. Algunos cuentan con transporte público pero no alcanza a cubrir la demanda. Además, tienen problemas habitacionales y ambientales", detalló Laskowski a LA GACETA.

Falta solidaridad

La pediatra Rosa María Sims, fue taxativa en su opinión. "La pobreza estructural -dijo- está íntimamente relacionada con políticas poco participativas, basada sólo en tecnicismos y no en valores como la equidad, la solidaridad, el compromiso social". Añadió que la mejor forma de reeditar la pobreza es mediante el clientelismo, que está condicionado por las necesidades y la falta de oportunidades de la gente. Sims considera que la ciencia puede hacer su aporte, pero para ello hacen falta decisiones políticas claras, firmes y anticipatorias. "porque cuando se interviene tarde en salud, el daño suele ser irreversible", subrayó. La médica conoce la problemática porque en Banda del Río Salí dirige el proyecto de voluntariado universitario "Germinando un modelo de red social para la protección de niños que nacieron en condiciones de riesgo", ganador de las convocatorias 2009 y 2010 del Ministerio de Educación de la Nación. Apunta a conciliar la ciencia y la academia con la realidad social, y advertir a la sociedad y al gobierno sobre la población en riesgo.

Salud, pobreza y el medio ambiente están fuertemente relacionados. Infecciones comunes -como diarreas y males respiratorios- resultan de la exposición a ambientes contaminados con monóxido de carbono y arsénico. Los pobres son los más susceptibles a la contaminación ambiental y están más expuestos a efluvios y emanaciones de la industria: metales como plomo, mercurio, arsénico y dioxinas se mezclan con el aire, el agua y la tierra y entran en la cadena alimentaria. "Los niños que nacen en condiciones de vulnerabilidad (malformaciones congénitas, prematurez, bajo peso) en contextos socioeconómicos críticos, tienen más posibilidades de enfermar y morir los primeros años de vida", advirtió Sims.

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