La política del call center

Análisis. Por Indalecio Sánchez - Editor de Economía.

El Grupo Lucci dio una muestra de olfato empresario, combinado con una dosis de coraje y de riesgo a la hora de invertir. Son atributos que suelen poseer los hombres de negocios exitosos en todo el mundo. Ninguna de esas virtudes pasaron por la cabeza de José Alperovich cuando le dijo no al grupo empresario que le pidió ayuda para construir el complejo industrial en Tucumán.
Se perdió una oportunidad, de las escasas que aparecen por estos lares, de dar el puntapié inicial al proceso de industrialización de las materias primas que se producen en la provincia. Daniel Lucci lo dijo en su discurso: la tecnología acortó la brecha entre lo que produce la fecunda Pampa Húmeda y el rezagado Noroeste del país. Pero seguimos importando alimentos de los más básicos de otras regiones de la Argentina y del mundo. Fabricarlos en Tucumán no es una utopía.
El ejemplo de la planta santiagueña hace chocar de bruces al programa económico de call center del Gobierno tucumano. Por la estratégica mente de Alperovich parece atravesar sólo la coyuntura. De buena manera, apenas asumió por primera vez como gobernador se encargó de gestionar la radicación de grandes cadenas de supermercados y de esos centros de atención al cliente en Tucumán para mitigar el flagelo del desempleo, sobretodo entre los jóvenes. Su política fue acertada, pero de corto plazo. Quizás una industria como la que se inauguró ayer no genera tantos empleos directos, pero promete un efecto multiplicador que involucra a prestadores de servicio de todo tipo. Y genera entusiasmo y abre las puertas a otros inversores. Ojalá no miren sólo hacia Frías.

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