27 Noviembre 2009 Seguir en 
Años antes de la Revolución Rusa, San Petersburgo fue testigo de una revolución diferente. Desde su taller, Peter Carl Fabergé iba a transformar para siempre el mundo de la joyería y el arte, creando piezas únicas a través de la decoración de huevos.
Siglos después, Fabergé sigue siendo el capricho de unos pocos. Ese es el caso de Matías Iñigo Díaz, que descubrió este arte poco difundido cuando preparaba su tesis para la Licenciatura en Artes Plásticas. "Yo hice la especialidad escultura, pero no tenía un tema original para desarrollar. Hasta que comencé a investigar y me fui metiendo poco a poco en el arte de decorar huevos. Hoy, puedo decir que es mi pasión absoluta", confiesa. Y no es sólo un decir. En poco más de tres años, ha desarrollado una asombrosa producción pocas veces vista en estas latitudes y que ahora mostrará en la sala exposiciones del Teatro Alberdi (Crisóstomo Alvarez y Jujuy). La muestra será inaugurada esta noche a las 20. "Esta es la primera muestra que voy a presentar y espero que no sea la última", señaló entre risas.
Iñigo Díaz trabaja con todo tipo de materiales, desde los pequeños huevos de codorniz, hasta los más grandes, de avestruz. "La mayoría de los materiales que uso hay que traerlos del exterior. Este es un arte caro", dijo. Y explicó que su estilo está más volcado hacia el barroco o el Fabergé, aunque adaptado. "A veces mis obras exceden lo decorativo y llegan a lo kitsch", señaló. Aunque cuando muestra sus trabajos, uno no puede dejar de asombrarse. Huevos de distintos tamaños decorados con piedras Swarovski que conforman cofres, otros que reproducen pequeñas carrozas propias de los zares o simplemente huevos pintados con flores, son algunas de las obras que podrán verse a partir de esta noche.
Iñigo Díaz aseguró también que los decorados de cada una de sus obras son traídos desde el exterior. "Nada de lo que se usa para este tipo de arte es fabricado en la argentina. Los soportes en los que son colocados los huevos están realizados en bronce con baños de oro o plata. Son realmente bellos, pero hay que traerlos de afuera", dijo.
Siglos después, Fabergé sigue siendo el capricho de unos pocos. Ese es el caso de Matías Iñigo Díaz, que descubrió este arte poco difundido cuando preparaba su tesis para la Licenciatura en Artes Plásticas. "Yo hice la especialidad escultura, pero no tenía un tema original para desarrollar. Hasta que comencé a investigar y me fui metiendo poco a poco en el arte de decorar huevos. Hoy, puedo decir que es mi pasión absoluta", confiesa. Y no es sólo un decir. En poco más de tres años, ha desarrollado una asombrosa producción pocas veces vista en estas latitudes y que ahora mostrará en la sala exposiciones del Teatro Alberdi (Crisóstomo Alvarez y Jujuy). La muestra será inaugurada esta noche a las 20. "Esta es la primera muestra que voy a presentar y espero que no sea la última", señaló entre risas.
Iñigo Díaz trabaja con todo tipo de materiales, desde los pequeños huevos de codorniz, hasta los más grandes, de avestruz. "La mayoría de los materiales que uso hay que traerlos del exterior. Este es un arte caro", dijo. Y explicó que su estilo está más volcado hacia el barroco o el Fabergé, aunque adaptado. "A veces mis obras exceden lo decorativo y llegan a lo kitsch", señaló. Aunque cuando muestra sus trabajos, uno no puede dejar de asombrarse. Huevos de distintos tamaños decorados con piedras Swarovski que conforman cofres, otros que reproducen pequeñas carrozas propias de los zares o simplemente huevos pintados con flores, son algunas de las obras que podrán verse a partir de esta noche.
Iñigo Díaz aseguró también que los decorados de cada una de sus obras son traídos desde el exterior. "Nada de lo que se usa para este tipo de arte es fabricado en la argentina. Los soportes en los que son colocados los huevos están realizados en bronce con baños de oro o plata. Son realmente bellos, pero hay que traerlos de afuera", dijo.







