06 Septiembre 2009 Seguir en 
En un grupo de 11 donde cada uno sabe bien cuáles son sus funciones, la nave levanta vuelo sin problemas. La ecuación es simple. Están los hombres dedicados al trabajo sucio, los destinados a capitanear la tripulación y los héroes, que no necesitan estar siempre metidos en la conversación, aunque sí lo hacen cuando el momento lo pide. Ante tanta discusión quién es mejor, si Lionel Messi o Kaká, uno de ellos lo ratificó con creces en el campo.
"Lio", por su condición de local, empezó arriba en la tarjetas. Claro, "Pulga" es el mejor jugador del mundo... Pero, en Barcelona, allá en España, porque, por más que duela, hasta ahora Messi conserva la imagen de un gigante dormido, salvo cuando se enfrenta a un rival sin fuste y frota su lámpara mágica. Sin embargo, cuando las papas queman, Lionel se enrieda en su propia habilidad y termina padeciendo su gula.
Ayer -justo ayer- el cuento se estancó en esa página, la de las amarguras del más grande de la actualidad. Desde la línea de cal, Diego rezaba por su consolidación. Desde el otro costado, Kaká esperó y luego actuó. El líder del mejor equipo -en todo sentido- del continente aceleraba la marcha y complicaba a todo aquel que no vistiese el mismo color de camiseta que él.
En ese ir a venir casi inadvertido desde la tribuna local, la figurita brasileña atormentó a todos. Después de la exquisita definición de Luisao para el 1 a 0, el 10 tomó la bocha sobre la media luna, superó los tres cuartos de cancha, encaró y cayó. Foul. Tiro Libre para la visita. Gol de Luis Fabiano. Todo por culpa de Kaká, al que lo bajaron cerca del área. Sin hacer nada, el tipo ya metía miedo.
En el complemento nada varió. Messi pateó al bulto (la materia es impenetrable) y perdió mucho más de lo que ganó, mientras que a su rival, el del duelo a matar o morir, sólo le bastó colocar una bola quirúrgica al botín de Luis Fabiano (el héroe), que selló el 3 a 1, justo dos minutos después de que Argentina, Messi y todo el "Gigante" se ilusionaran con el notable 1-2 de Jesús Dátolo.
Por ahora, el Messi de la gente seguirá pendiente. En cambio, lo de Kaká es toda una realidad.
"Lio", por su condición de local, empezó arriba en la tarjetas. Claro, "Pulga" es el mejor jugador del mundo... Pero, en Barcelona, allá en España, porque, por más que duela, hasta ahora Messi conserva la imagen de un gigante dormido, salvo cuando se enfrenta a un rival sin fuste y frota su lámpara mágica. Sin embargo, cuando las papas queman, Lionel se enrieda en su propia habilidad y termina padeciendo su gula.
Ayer -justo ayer- el cuento se estancó en esa página, la de las amarguras del más grande de la actualidad. Desde la línea de cal, Diego rezaba por su consolidación. Desde el otro costado, Kaká esperó y luego actuó. El líder del mejor equipo -en todo sentido- del continente aceleraba la marcha y complicaba a todo aquel que no vistiese el mismo color de camiseta que él.
En ese ir a venir casi inadvertido desde la tribuna local, la figurita brasileña atormentó a todos. Después de la exquisita definición de Luisao para el 1 a 0, el 10 tomó la bocha sobre la media luna, superó los tres cuartos de cancha, encaró y cayó. Foul. Tiro Libre para la visita. Gol de Luis Fabiano. Todo por culpa de Kaká, al que lo bajaron cerca del área. Sin hacer nada, el tipo ya metía miedo.
En el complemento nada varió. Messi pateó al bulto (la materia es impenetrable) y perdió mucho más de lo que ganó, mientras que a su rival, el del duelo a matar o morir, sólo le bastó colocar una bola quirúrgica al botín de Luis Fabiano (el héroe), que selló el 3 a 1, justo dos minutos después de que Argentina, Messi y todo el "Gigante" se ilusionaran con el notable 1-2 de Jesús Dátolo.
Por ahora, el Messi de la gente seguirá pendiente. En cambio, lo de Kaká es toda una realidad.
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