No hay que preocuparse tanto por lo institucional. Desde 1983, la Argentina viene con cambios de fechas electorales y desdoblamientos por distintas razones. Por caso, en la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri desdobló los comicios y fue una decisión política que, al menos, le tomó seis meses para evaluarla.
No está en riesgo la institucionalidad. Desde el punto de vista de la ética política, en algún momento sería conveniente que toda la clase política se siente alrededor de una misma mesa para discutir el tema electoral y llevar la letra a la Constitución, sacándola del Código Electoral. Y está claro que se puede cambiar la fecha y que el Gobierno avanzará en todas las medidas que considere necesarias para que el adelantamiento sea considerado legal. El Ejecutivo está negociando contrarreloj para que el proyecto sea sancionado cuanto antes.
Desde el punto de vista político, hay factores que le permiten al Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner recuperar el centro de la escena. En lo económico coexisten dos crisis que amenazan los intentos oficiales por sostener la estructura: la que viene de afuera, que hacia el segundo semestre será más compleja, y la del campo, que está politizada, ya que en el último acto organizado por la Mesa de Enlace de las entidades agropecuarias, sus dirigentes pidieron a la gente que vote bien.
Un tercer elemento a tener en cuenta en esta decisión del kirchnerismo es el comunicacional. A partir de su proyecto de adelantar las elecciones, el Gobierno ha alcanzado el centro de la escena comunicacional, dejando en segundo plano otros temas que venían desgastándolo. El oficialismo no sólo se ganó la tapa de todos los diarios del país, sino también muchos segundos de aire televisivo y de radio. Las discusiones acerca de la conveniencia o no de adelantar las elecciones le han restado protagonismo al campo, al propio Macri que había decidido un día antes esta medida, y ha obligado a todos los sectores políticos replantear sus campañas.
En todo este replanteo subyace el factor "tiempo". Una campaña electoral corta, de 90 días, favorecerá al que está mejor armado, al que gestiona. Desde el fin del bipartidismo, la oposición no logra unificar una plataforma alrededor de sus líderes y por eso aparece debilitada y perjudicada por la medida. El adelantamiento de las elecciones favorece al Gobierno que, en las elecciones de medio término, se jugará la gobernabilidad de la gestión de Cristina Kirchner.
15 Marzo 2009 Seguir en 









