Entre la esperanza y el ­dolor

15 Marzo 2009

"Una hora sin drogas. ¡No faltes!", reza un afiche pegado en una de las paredes del taller de teatro en el barrio El Sifón. Es donde los jóvenes se reúnen a ensayar una obra todos los días. "Además de teatro hacemos folclore, danzas y artesanías. Nos ayudamos entre nosotros y con los cursos de panadería que dictamos logramos solventar los gastos", dice Irma Monroy, administradora del comedor Los Lapachos, en el barrio El Sifón.
"Estamos acostumbrados a la discriminación y por eso hacemos las cosas en silencio, por miedo a que nos juzguen. Jorge (Salvatierra) es una gran persona que hace soñar a los chicos. Les hace ver que son importantes; es un repartidor de sueños", agrega Monroy.
"Esto nos permite salir de las adicciones. Yo no consumo drogas hace ocho meses gracias a los talleres. Pasé por el faso, el poxirán y el alcohol, hasta que conocí a doña Irma. A partir de ahí estoy en el grupo de teatro. Es importante porque da una esperanza y una ilusión", asegura Jesús, un joven del barrio.
"Yo pasé por etapas muy duras y no quiero que eso le suceda a mis sobrinos. No quiero que los humillen y que terminen en el piso. Con el teatro descubrí que puedo trabajar y ocupar mi tiempo. Creo que de una villa puede florecer una buena persona", dice Gonzalo, otro chico de la zona.


"Reclamamos ayuda antes de que sea tarde. Los chicos quieren recuperarse pero no tienen los medios para hacerlo", añadw.
Franco, otro vecino que se sumó a los talleres, pudo controlar su adicción al alcohol gracias a la actuación. "Buscamos incluir a los jóvenes y darles una opción para que no caigan en la droga", explica.
Los jóvenes actores protagonizaron en los talleres una obra de su propia autoría llamada "La mujer de blanco". "La historia que contamos es acerca de la vida cotidiana por la que transitan las adicciones, la violencia y la pobreza", cuenta Gonzalo.

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