29 Agosto 2008 Seguir en 
A las 11.05, Antonio Domingo Bussi se reclinó en su silla de ruedas y pidió ser retirado del recinto del Tribunal Oral en lo Criminal Federal. Acababa de terminar de leer, durante 38 minutos, su última intervención antes de ser condenado por la desaparición de Guillermo Vargas Aignasse. Cinco veces lloró, incluso poco antes del cierre, cuando les agradeció a los soldados que lo acompañaron en la lucha contra la subversión.
El ex gobernador remarcó que la orden de detener a Vargas Aignasse el 24 de marzo de 1976 fue dada por sus superiores y que era inexcusable e insoslayable y que estaba pormenorizada hasta en sus menores detalles. Añadió que el dirigente del PJ se vistió despaciosamente y se despidió de sus hijos y de su esposa. Puntualizó que la medida procuraba impedir cualquier clase de reacción inmediata de potenciales opositores a la Junta Militar, y que la medida debía durar sólo unos días y que no tenía la intención de mortificación ni de eliminar físicamente a ninguna persona, hecho prohibido por la Constitución, las leyes y los reglamentos aun en estado de guerra; y admitió que la lista fue confeccionada en Tucumán por algún organismo de inteligencia.
Insistió en que el senador provincial fue liberado por disposición superior y remarcó que las autoridades que controlaban su detención habían sido designadas en el gobierno constitucional de Amado Juri. "Ningún liberado de Villa Urquiza denunció o hizo constar por profesionales de la salud signos de tortura alguna. Vargas Aignasse sabía que su colaboración (con el Ejército) había trascendido el ámbito carcelario; él pidió expresamente ser trasladado en un auto del penal, producto del temor a la consecuencia de su delación. No lo vi ni lo traté en toda mi vida ni obraba en mi poder antecedente alguno sobre sus actividades, por lo que no había razón política, militar o personal para mantenerlo detenido", dijo, entre lágrimas.
"Se está escribiendo el último capítulo de la historia tucumana de la década del 70. Este tribunal será el protagonista principalísimo de un fallo -cualquiera sea su sentencia- que pasará a la posteridad signando un antes y un después de la vida política", señaló el ex mandatario, aunque aclaró que no eran competentes para juzgarlo y que la Justicia era presionada por el Gobierno. Incluyó al fiscal federal general Alfredo Terraf en esta instancia memorable, pero con fuertes críticas a su comportamiento: "no tendrán cabida sus falsas incriminaciones, sin fundamento jurídico alguno, avaladas por delincuentes comunes". "Usted ha cambiado; yo no. Sigo siendo el Bussi de toda la vida, con mis más y con mis menos. El coraje se demuestra combatiendo, no como me insulta a mí y a mis hijos, en la defensa de las causas verdaderamente justas. Siempre los Bussi nos hemos batido en minoría. No sé en qué bando estuvo en el enfrentamiento armado entre agresores apátridas y la República. Espero, quiero y necesito estar convencido que lo hizo del lado de la República, aunque fuese en un armario o debajo de la cama", agregó dirigiéndose a Terraf, quien le daba la espalda en ese momento.
El militar (r) insistió en que padece dolencias físicas y psíquicas (pidió que le den más oxígeno a través de la mascarilla dos veces y un descanso, y tenía monitoreada la oximetría). Remarcó que sus padecimientos no le permiten librar con plenitud de sus fuerzas lo que llamó su último combate.
El ex mandatario admitió que en su accionar puede haber tenido imperfecciones propias de su naturaleza humana, pero siempre manteniendo consideración y respeto a los tucumanos en su doble condición de soldado y gobernante. Acerca de la primera, mencionó la despedida que le hicieron millares de personas autoconvocadas en 1977 en la plaza Independencia, pidiendo que se quede; en el segundo rol, subrayó que fue juzgado electoralmente varias veces por los ciudadanos que lo consagraron en distintos cargos.
El ex gobernador remarcó que la orden de detener a Vargas Aignasse el 24 de marzo de 1976 fue dada por sus superiores y que era inexcusable e insoslayable y que estaba pormenorizada hasta en sus menores detalles. Añadió que el dirigente del PJ se vistió despaciosamente y se despidió de sus hijos y de su esposa. Puntualizó que la medida procuraba impedir cualquier clase de reacción inmediata de potenciales opositores a la Junta Militar, y que la medida debía durar sólo unos días y que no tenía la intención de mortificación ni de eliminar físicamente a ninguna persona, hecho prohibido por la Constitución, las leyes y los reglamentos aun en estado de guerra; y admitió que la lista fue confeccionada en Tucumán por algún organismo de inteligencia.
Insistió en que el senador provincial fue liberado por disposición superior y remarcó que las autoridades que controlaban su detención habían sido designadas en el gobierno constitucional de Amado Juri. "Ningún liberado de Villa Urquiza denunció o hizo constar por profesionales de la salud signos de tortura alguna. Vargas Aignasse sabía que su colaboración (con el Ejército) había trascendido el ámbito carcelario; él pidió expresamente ser trasladado en un auto del penal, producto del temor a la consecuencia de su delación. No lo vi ni lo traté en toda mi vida ni obraba en mi poder antecedente alguno sobre sus actividades, por lo que no había razón política, militar o personal para mantenerlo detenido", dijo, entre lágrimas.
"Se está escribiendo el último capítulo de la historia tucumana de la década del 70. Este tribunal será el protagonista principalísimo de un fallo -cualquiera sea su sentencia- que pasará a la posteridad signando un antes y un después de la vida política", señaló el ex mandatario, aunque aclaró que no eran competentes para juzgarlo y que la Justicia era presionada por el Gobierno. Incluyó al fiscal federal general Alfredo Terraf en esta instancia memorable, pero con fuertes críticas a su comportamiento: "no tendrán cabida sus falsas incriminaciones, sin fundamento jurídico alguno, avaladas por delincuentes comunes". "Usted ha cambiado; yo no. Sigo siendo el Bussi de toda la vida, con mis más y con mis menos. El coraje se demuestra combatiendo, no como me insulta a mí y a mis hijos, en la defensa de las causas verdaderamente justas. Siempre los Bussi nos hemos batido en minoría. No sé en qué bando estuvo en el enfrentamiento armado entre agresores apátridas y la República. Espero, quiero y necesito estar convencido que lo hizo del lado de la República, aunque fuese en un armario o debajo de la cama", agregó dirigiéndose a Terraf, quien le daba la espalda en ese momento.
El militar (r) insistió en que padece dolencias físicas y psíquicas (pidió que le den más oxígeno a través de la mascarilla dos veces y un descanso, y tenía monitoreada la oximetría). Remarcó que sus padecimientos no le permiten librar con plenitud de sus fuerzas lo que llamó su último combate.
El ex mandatario admitió que en su accionar puede haber tenido imperfecciones propias de su naturaleza humana, pero siempre manteniendo consideración y respeto a los tucumanos en su doble condición de soldado y gobernante. Acerca de la primera, mencionó la despedida que le hicieron millares de personas autoconvocadas en 1977 en la plaza Independencia, pidiendo que se quede; en el segundo rol, subrayó que fue juzgado electoralmente varias veces por los ciudadanos que lo consagraron en distintos cargos.








