23 Marzo 2008 Seguir en 
El arzobispo de Tucumán, monseñor Luis Villalba presidirá hoy la Misa de Resurrección, la celebración más importante de la Semana Santa. El prelado envió el siguiente mensaje pascual a los fieles tucumanos:
“1.¡Cristo ha resucitado! ¡Cristo, al tercer día después de su muerte, ha vuelto a la vida! ¡Cristo ha vencido a la muerte! ¡Cristo vive!
Cristo ha resucitado, no sólo para sí mismo, sino para nosotros. El es el primero de los que viven más allá de la muerte temporal; pero toda la humanidad que cree en El y que le está unida, ha sido introducida en el reino de la vida.
Cristo ha resucitado de la muerte y ha inaugurado una nueva vida para nosotros. Jesucristo vive y vive para nosotros. Esta es nuestra alegría. Esta es nuestra victoria. Esta es nuestra salvación. ¿Victoria sobre la muerte? Sí; este es nuestro anuncio pascual. La resurrección de Cristo es, también, principio de nuestra resurrección.
La muerte ya no es el confín de nuestra existencia, sino la puerta de entrada a un reino de vida que no tiene fin.
2. Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo en su gran misericordia nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza de Vida” (1 Ped. 1,3). Pascua es la fiesta de la vida. Les comparto esta alegría, porque ¿cómo no exultar de gozo por la victoria de la vida sobre la muerte? ¡Este es el día en que actuó el Señor! ¡Este es el día de la esperanza universal! El día en que, en torno al Resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada.
El Resucitado no se aleja de nosotros. El viene adonde más grande es la tristeza y el miedo, adonde más grandes son las desgracias.
El viene para irradiar la luz de la resurrección sobre todo aquello que está envuelto en las tinieblas del pecado. El viene para traer la Vida que vence a la muerte.
3. Dios, que desde el principio ordenó al hombre que sometiese la tierra y trabajase en ella (ver Gn. 1,28; 3,23) no retira su palabra, sino que quiere guiar y sostener al hombre, a fin de que se cumplan sus designios con una vida en constante progreso hacia su plenitud.
Jesucristo es plenitud de vida que eleva la condición humana a condición divina para su gloria: “Yo he venido para dar la vida a los hombres y para que la tengan en plenitud” (Jn. 10,10). La vida nueva de Jesucristo toca al ser humano entero y desarrolla en plenitud la existencia humana “en su dimensión personal, familiar, social y cultural” (Bonifacio XVI, Discurso en Aparecida, 4).
Las condiciones de vida de muchos excluidos de la sociedad contradicen este proyecto de Dios e interpelan a los creyentes a un mayor compromiso por la cultura de la vida. El reino de vida que Cristo vino a traer es incompatible con esas condiciones inhumanas.
El cristiano debe derramar a raudales la vida sobre el mundo de hoy. Debe ser portador de vida y no de muerte.
El cristiano es fermento de vida sobre la tierra donde todo tiene ocaso. Porque la propuesta de Jesucristo es la oferta de una vida digna para todos.¡Felices Pascuas de Resurrección!”
“1.¡Cristo ha resucitado! ¡Cristo, al tercer día después de su muerte, ha vuelto a la vida! ¡Cristo ha vencido a la muerte! ¡Cristo vive!
Cristo ha resucitado, no sólo para sí mismo, sino para nosotros. El es el primero de los que viven más allá de la muerte temporal; pero toda la humanidad que cree en El y que le está unida, ha sido introducida en el reino de la vida.
Cristo ha resucitado de la muerte y ha inaugurado una nueva vida para nosotros. Jesucristo vive y vive para nosotros. Esta es nuestra alegría. Esta es nuestra victoria. Esta es nuestra salvación. ¿Victoria sobre la muerte? Sí; este es nuestro anuncio pascual. La resurrección de Cristo es, también, principio de nuestra resurrección.
La muerte ya no es el confín de nuestra existencia, sino la puerta de entrada a un reino de vida que no tiene fin.
2. Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo en su gran misericordia nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza de Vida” (1 Ped. 1,3). Pascua es la fiesta de la vida. Les comparto esta alegría, porque ¿cómo no exultar de gozo por la victoria de la vida sobre la muerte? ¡Este es el día en que actuó el Señor! ¡Este es el día de la esperanza universal! El día en que, en torno al Resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada.
El Resucitado no se aleja de nosotros. El viene adonde más grande es la tristeza y el miedo, adonde más grandes son las desgracias.
El viene para irradiar la luz de la resurrección sobre todo aquello que está envuelto en las tinieblas del pecado. El viene para traer la Vida que vence a la muerte.
3. Dios, que desde el principio ordenó al hombre que sometiese la tierra y trabajase en ella (ver Gn. 1,28; 3,23) no retira su palabra, sino que quiere guiar y sostener al hombre, a fin de que se cumplan sus designios con una vida en constante progreso hacia su plenitud.
Jesucristo es plenitud de vida que eleva la condición humana a condición divina para su gloria: “Yo he venido para dar la vida a los hombres y para que la tengan en plenitud” (Jn. 10,10). La vida nueva de Jesucristo toca al ser humano entero y desarrolla en plenitud la existencia humana “en su dimensión personal, familiar, social y cultural” (Bonifacio XVI, Discurso en Aparecida, 4).
Las condiciones de vida de muchos excluidos de la sociedad contradicen este proyecto de Dios e interpelan a los creyentes a un mayor compromiso por la cultura de la vida. El reino de vida que Cristo vino a traer es incompatible con esas condiciones inhumanas.
El cristiano debe derramar a raudales la vida sobre el mundo de hoy. Debe ser portador de vida y no de muerte.
El cristiano es fermento de vida sobre la tierra donde todo tiene ocaso. Porque la propuesta de Jesucristo es la oferta de una vida digna para todos.¡Felices Pascuas de Resurrección!”








