23 Marzo 2008 Seguir en 
Humedezca sus labios suavemente. Luego respire profundo, con sosiego. Y finalmente imagine su boca apoyándose en otra, abierta, incitante. Mordisquee esas comisuras, sienta el sabor de una única saliva, trague aliento impropio, acaricie los dientes... Sólo después de haber evocado un beso con ardor, continúe con estas líneas.
Rabioso, cautivador, impúdico, promiscuo, imperecedero, irresistible, fogoso, desbocado, tímido y dulce. El beso es una de las manifestaciones más poderosas en la vida del hombre. Qué alma no acabó temblequeando en cuerpo ajeno después de un simple encuentro de labios.
Y esa indómita caricia es, además, antiquísima. La Antropología sostiene que apareció inmediatamente después del lenguaje, hace más de dos millones de años. Según algunos antropólogos, cuando nuestro primigenio adquirió posición bípeda, encontró más gozoso hacer el amor cara a cara y no como las bestias. Así, mirando a los ojos, habría aprendido y aprisionado para siempre el placer de besar.
Pese a su diversa naturaleza, los besuqueos pueden dividirse en dos tipos: los protocolares y rituales, que se dan en las mejillas y constituyen una convención de saludo, y los amorosos, de boca a boca.
La primera representación pictórica del beso como forma de saludo se halla en el templo de Khajuraho, en la India, y data de 2.500 años antes de Cristo. En la Biblia también hay referencias al respecto. "Saludaos los unos a los otros con ósculo de amor", dice Pedro. Más adelante, las escrituras sagradas hablan del beso, pero esta vez de la traición. Es el que le dio Judas a Jesús para entregarlo a sus enemigos.
Pese al paso del tiempo, aún hoy continúa siendo uno de los mimos más excitantes. La sexóloga Amelia del Sueldo Padilla explica que basta con un simple encuentro de labios para desencadenar profundas sensaciones.
"El momento del beso es apabullante. Se produce una revolución que moviliza 36 músculos, acelera el ritmo cardíaco, activa el impulso sexual y aumenta la sudoración", enumeró la terapeuta.
Además, descubrimos si hay o no química con quien tenemos enfrente. "Para algunas personas, el primer beso es revelador. Les basta con tener labios ajenos sobre los propios para darse cuenta de lo que sienten", dice. Es que al besar se disparan otras señales de la atracción como el olor, la respiración y los sonidos.
Resulta innegable que el contacto mutuo con la boca es capaz de dejarnos satisfechos, porque genera endorfinas relacionadas con el bienestar.
Sin embargo, puede ocurrir que en estos tiempos modernos y apresurados, no siempre después de un beso el alma se llena del más terrible deseo. La psicóloga Inés Páez de la Torre -especialista en terapia de parejas- considera que esta caricia ha perdido algo de su carga emotiva.
"Si bien sigue siendo una manifestación importante, sufre de cierto descrédito, especialmente entre los adolescentes", opina.
La psicóloga indica que al observar ciertas conductas sociales, se advierte que el beso afectivo se ha debilitado. "Actualmente, para algunas personas un puede resultar sumamente importante y especial, mientras que para otras no conlleva ninguna implicancia afectiva y se relaciona más con juegos y conquistas", concluye.
Así las cosas, el beso merece ser justamente reivindicado en un mundo cada vez más seducido por la ansiedad materialista. Mejor cierre los ojos y quédese suspendido en beso perpetuo.
Rabioso, cautivador, impúdico, promiscuo, imperecedero, irresistible, fogoso, desbocado, tímido y dulce. El beso es una de las manifestaciones más poderosas en la vida del hombre. Qué alma no acabó temblequeando en cuerpo ajeno después de un simple encuentro de labios.
Y esa indómita caricia es, además, antiquísima. La Antropología sostiene que apareció inmediatamente después del lenguaje, hace más de dos millones de años. Según algunos antropólogos, cuando nuestro primigenio adquirió posición bípeda, encontró más gozoso hacer el amor cara a cara y no como las bestias. Así, mirando a los ojos, habría aprendido y aprisionado para siempre el placer de besar.
Pese a su diversa naturaleza, los besuqueos pueden dividirse en dos tipos: los protocolares y rituales, que se dan en las mejillas y constituyen una convención de saludo, y los amorosos, de boca a boca.
La primera representación pictórica del beso como forma de saludo se halla en el templo de Khajuraho, en la India, y data de 2.500 años antes de Cristo. En la Biblia también hay referencias al respecto. "Saludaos los unos a los otros con ósculo de amor", dice Pedro. Más adelante, las escrituras sagradas hablan del beso, pero esta vez de la traición. Es el que le dio Judas a Jesús para entregarlo a sus enemigos.
Pese al paso del tiempo, aún hoy continúa siendo uno de los mimos más excitantes. La sexóloga Amelia del Sueldo Padilla explica que basta con un simple encuentro de labios para desencadenar profundas sensaciones.
"El momento del beso es apabullante. Se produce una revolución que moviliza 36 músculos, acelera el ritmo cardíaco, activa el impulso sexual y aumenta la sudoración", enumeró la terapeuta.
Además, descubrimos si hay o no química con quien tenemos enfrente. "Para algunas personas, el primer beso es revelador. Les basta con tener labios ajenos sobre los propios para darse cuenta de lo que sienten", dice. Es que al besar se disparan otras señales de la atracción como el olor, la respiración y los sonidos.
Resulta innegable que el contacto mutuo con la boca es capaz de dejarnos satisfechos, porque genera endorfinas relacionadas con el bienestar.
Sin embargo, puede ocurrir que en estos tiempos modernos y apresurados, no siempre después de un beso el alma se llena del más terrible deseo. La psicóloga Inés Páez de la Torre -especialista en terapia de parejas- considera que esta caricia ha perdido algo de su carga emotiva.
"Si bien sigue siendo una manifestación importante, sufre de cierto descrédito, especialmente entre los adolescentes", opina.
La psicóloga indica que al observar ciertas conductas sociales, se advierte que el beso afectivo se ha debilitado. "Actualmente, para algunas personas un puede resultar sumamente importante y especial, mientras que para otras no conlleva ninguna implicancia afectiva y se relaciona más con juegos y conquistas", concluye.
Así las cosas, el beso merece ser justamente reivindicado en un mundo cada vez más seducido por la ansiedad materialista. Mejor cierre los ojos y quédese suspendido en beso perpetuo.







