El desborde del río Chico dejó aislado a Niogasta

Quedaron intransitables los caminos vecinales que unen la localidad con Sud de Lazarte y con Esquina, en sur del departamento de Simoca. Una vieja historia.

Por Redacción LA GACETA 22 Marzo 2006
Mientras ayudaba a su caballo a cruzar los caminos destruidos por el desborde del río Chico, Obila Garza repetía: “esto es un sufrimiento”. La mujer, de 66 años, se traslada en su sulky todos los días para trabajar en unos campos cercanos a su pueblo natal, Niogasta, al sur del departamento de Simoca. Ayer  le contó a LA GACETA que desde hace siete años sufre cada vez que comienza el período estival.

En 1999 perdió su cauce
Lo que más le preocupa es que los ríos se desbordan y los pobladores se quedan incomunicados y hasta sin sus hogares. “Desde 1999, cuando el río Chico perdió su cauce, cada vez que crece se inundan los caminos, como si fueran brazos del río. Los desbordes  han causado estragos en la zona. El sábado, las aguas cubrieron los caminos que unen Niogasta con Sud de Lazarte y con Esquina”, comentó.
El sol del domingo y del lunes fue un alivio para algunos pobladores ansiosos por llegar a sus trabajos: las lagunas -vestigios de las tormentas desatadas en las fuentes de los ríos Chico y Medina-, fueron evaporándose con el correr de las horas y les permitieron a los habitantes de Niogasta salir de su encierro.

Docentes viajan en tractor
Pero no son los únicos que sufren este problema. Sólo gracias a un tractor los maestros y la directora de la escuela Nº 41 de esa localidad pudieron dar clases a  los alumnos. “Algunos caminos todavía están intransitables. Desde el sábado está todo inundado, pero este es un problema que lo padecemos desde hace siete años”, remarcó desde el vehículo Mabel Acosta de Sabino, directora de la escuela. “Pedimos soluciones al gobernador, José Alperovich, porque esta situación ya es histórica; pero jamás se acercaron para darnos respuestas”, se quejó.

Ni en sulky pudo llegar
El barro y las piedras fueron un obstáculo para Juan Angel Sosa, que no pudo llegar con su sulky a la feria de la localidad de Monteagudo, donde cada lunes hace las compras para toda la semana. “Tendré que esperar unos días más para poder transitar por estas sendas olvidadas por todos”, expresó con angustia el hombre de 69 años. Además, remarcó que muchos pueblos van desapareciendo a raíz de las inundaciones que provocan los ríos, entre ellos San Antonio, y que de a poco va muriendo Sud de Lazarte. En este paraje quedan contados pobladores, ya que los que perdieron sus casas se fueron a vivir a Monteagudo.
“Creo que los habitantes de Niogasta sufriremos la misma desgracia; estamos esperando nuestro turno... En cualquier momento dejaremos de figurar en el mapa de la provincia”, agregó desesperanzado el obrero rural.

Tres familias afectadas en Choromoro
Un asentamiento de 17 familias ubicado a la vera del río Choromoro, cerca del acceso al pueblo del mismo nombre, sufrió las consecuencias de la fuerte crecida del río. Tres casas se anegaron, pero afortunadamente sus habitantes no resultaron dañados ni perdieron muebles o enseres. Así lo informó a LA GACETA el delegado comunal del lugar, Luis Angel Díaz. “Lo que pasa es que llovió mucho en la zona serrana, en Gonzalo, en Rodeo Grande y otros lugares. Eso provocó que creciera el río Choromoro como no lo hacía desde 1992”, explicó el funcionario.
Díaz agregó que, sin embargo el desborde del río no fue tan grande, y por eso el agua sólo alcanzó a tres casas. “Estas familias que viven junto al río tienen un problema de larga data debido a que los terrenos que ocupan no les pertenecen; es más, aparentemente son propiedad privada. Esto le impide a la comuna realizar trabajos para mejorar el barrio”, señaló.
Personal de la comuna y de Vialidad Provincial llevó alimentos a la gente afectada y verificó que no había problemas de salud. “Está todo bajo control”, aseguró  el delegado comunal.













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