Murió el homeópata y acupunturista Miguel Isas

Fue el primer inscripto en la Facultad de Medicina de la UNT. Consideraba la medicina como disciplina humanista y definía la salud “como una canción de libertad que permite al hombre alcanzar los más altos fines de la existencia”.

MIGUEL ISAS. Decía que el médico debe ahondar en el alma del paciente la gaceta / foto de inés quinteros orio MIGUEL ISAS. Decía que el médico debe ahondar en el alma del paciente la gaceta / foto de inés quinteros orio
Roberto Espinosa
Por Roberto Espinosa 17 Julio 2023

Locuaz. Mirada incisiva. Cálido. Entretenido. Espíritu quiromántico. Enamorado de la homeopatía y la acupuntura, este simoqueño que vio la luz el 9 de abril de 1929, no sólo fue un médico prestigioso, sino también un hombre de la Universidad. Protagonista de la época de oro de la Reforma Universitaria, diputado provincial por Vanguardia Federal, entre 1973 y 1976, la UNT lo designó en 2009 “profesor emérito”. En 2017, vio la luz el libro “Michel Isas, médico hasta los tuétanos. Diálogos con Carlos Duguech”. “Me preocupa sobremanera cómo se ha instalado y avanzado exponencialmente la droga a lo largo y ancho del país, porque deteriora la salud, que es el bien más preciado del ser humano, sacude los cimientos de la familia, genera tensiones y violencia. Y el poder político mira para otro lado. Faltan valores. Yo siempre defino a la salud como una canción de libertad que permite al hombre alcanzar los más altos fines de la existencia, es decir, la plenitud, el sosiego, la paz interior, la libertad, que es el máximo tesoro de los hombres; el coraje, que es la fuerza que nace del corazón”, dijo en una reciente oportunidad el doctor Miguel Isas, que acaba de dejar para siempre su amado Tucumán.

En 2007, cuando trabajaba en la “Historia de la Facultad de Medicina de la UNT” entrevisté a Michel, que fue el primer inscripto de esa casa de estudios. La charla no solo recrea los momentos fundacionales, también parte de su vida. He aquí un fragmento de esa conversación.

- ¿Cómo nace tu romance con la medicina?

- Nací en Simoca. Y me vine a vivir a los 13 años a San Miguel de Tucumán, a la calle San Lorenzo al 800. Estudié todo mi secundario en el Colegio Nacional, terminé en 1948. De ahí me fui a Córdoba, empecé el primer año de Medicina, y me tocaba hacer el servicio militar; muere mi padre el 2 de marzo, y el 18 me incorporan. Trabajé en el hospital militar, ahí lo conocí a Ricardo Prebisch. Una vez alguien había matado un pájaro y nos pusimos los dos a disecarlo. Ricardo que estudiaba medicina en Buenos Aires, me mostraba todos los órganos que tenía el pajarito. Yo le insistí en que nos quedáramos en Tucumán. Decidí quedarme en Tucumán y Ricardo siguió mis pasos. Llaman a inscripción en la recién creada Escuela de Medicina. Tucumán tenía un gran prestigio, Córdoba no lo tenía. Había una gran cantidad de profesores que habían venido de Europa, lo que prestigiaba a la Universidad de Tucumán. La medicina es una profesión humanista, tenés que tener cultura, ahondar en el alma del paciente, y eso daba la Universidad en ese momento con tantos hombres ilustres. El médico tiene que ser psicólogo, médico, hasta los tuétanos.

- ¿Qué te sucedió cuando fuiste a inscribirte?

- Voy a las 8 de la mañana. La Michila Araóz de De Luca, jefa de sección alumnos, me pide la documentación y me dice: “Le voy a dar el Nº 2”. “¿Por qué?”, le digo. “Porque el doctor Enrique Pasquini ha pedido que su hijo sea el Nº 1”. “Está equivocado el doctor Pasquini, porque yo estoy acá, si su hijo quiere ser el Nº 1 que se levante más temprano”. Y me dio el Nº 1. Entré a la Universidad peleando, peleando por mis derechos”.

- ¿Qué profesores tenías?

- Resulta que la Escuela de Medicina se crea el 21 de noviembre de 1949, y se llama a inscripción en marzo del año siguiente. Era regente de la Escuela el doctor Juan Dalma, un humanista, un psiquiatra, que había recorrido 200 facultades de Europa y América, durante cuatro meses para organizar nuestra Escuela, fue enviado por Descole. Él hace su plan de estudio, se aprueba, tenía muchísimas materias, como biología animal, biología vegetal, matemáticas, estadísticas, idiomas, cosas importantes. La cuestión es que empezamos y al poco tiempo, se tuvo que cambiar el plan de estudio. Indudablemente había viejos profesores, conservadores que hacían sus resistencias. Tuve profesores como el doctor Dacio Deza, un hombre de prestigio, que había trabajado en anatomía patológica (fui su ayudante): también fui ayudante del doctor Miguel Conejos, me dedicaba a enseñar a los alumnos, la universidad me daba un sueldo.

- ¿Cuantos alumnos entraron ese año?

- Entraron 208. El ambiente en la facultad era extraordinariamente bueno, había una sana amistad entre los profesores y alumnos, y nosotros en mi casa, en San Lorenzo 850, nos reuníamos siempre, profesores y estudiantes: Ricardo Prebisch, Carlos Gareca, Fernando de la Serna, el “Gringo” Juárez Peñalva, el “Flaco” Noble, Eugenio Chanta. Nos reuníamos en fiestas, bailábamos, se hablaba de la Facultad, de los problemas políticos de la época, éramos casi todos de la misma edad, entre los 18 y 20 años. Iban los profesores Juan Carlos Fasciolo, inolvidable profesor de fisiología, Suárez, Juan Abuin, Miguel Conejos, jefes de trabajos prácticos. Siempre fui militante, en esa época era socialista. Lo conocí a Descole; en 1950 cesanteó a más de 30 docentes de la universidad. Ha hecho muchas cosas, yo no tuve oportunidad de estar a su lado. No compartía su política universitaria.

- ¿Qué recuerdos guardás de esa época?

- En 1947, desaparece el movimiento estudiantil y en 1949, año que se crea la Escuela, se crea el movimiento estudiantil de la Escuela de Medicina. Se crea por problemas gremiales que iban suscitándose, y también se crea la Confederación General Universitaria (CGU), que eran los oficialistas, que vendría a ser como la Franja Morada de hoy. La cuestión es que Julio Rossi, compañero mío en la secundaria durante cinco años, me dice: “Turco quiero que me acompañés a trabajar en la Universidad”. Yo le comento que era reformista y socialista, y él me dice: “no importa. Tenemos que aplicar un principio de reforma”. Me pusieron en la lista y salgo electo. La gente de Medicina era bastante elitista, teníamos que ser los mejores estudiantes, el dirigente no solo debía ser buen dirigente, sino también buen estudiante, el prestigio del centro se debía al prestigio de cada de uno de nosotros. Fui primero secretario de Cultura, abrí un local en la calle Ayacucho al 100, ahí vendíamos los apuntes, libros, que yo había recogido de todos los profesionales de Tucumán, donaciones, e hice dos publicaciones sobre los cuadernos reformistas. En 1953, hubo una epidemia de viruela, yo, secretario de cultura, me incorporé a trabajar en la provincia con el Centro de Medicina, para combatir la viruela y me fui a los valles, a investigar, a vacunar. Dormíamos en el campamento de operaciones en Colalao del Valle, con luces encendidas porque me sentía abrazado por las vinchucas, no pude dormir nunca más.

- ¿Eran muy exigentes los profesores de los comienzos de Medicina?

- El más severo, Manuel López Pondal; aprendí con él lo que no decían los libros. Ginecología me enseñó Jacobo Schujman, con quien tenía una gran amistad. Era sensacional, nos enseñó un montón de cosas… la vida diaria del paciente. Una mujer joven se casa tiene dos hijos, y quería que le liguen las trompas, lo hace, y a esta pobre mujer se le muere el marido en un accidente, se casa de nuevo y no podía tener más hijos, ese ejemplo me quedó grabado a fuego en mi mente. Con López Pondal he tenido una relación hermosísima. Él me decía: “Amigo Isas, venga esta noche que va a venir Deza a comer a casa y quiero tenerlo conmigo”.

- ¿Por qué demoraste en graduarte?

- Me recibí el 25 de agosto de 1961; demoré porque me puse a trabajar. Nosotros veníamos trabajando en la Universidad, era socialista, después me hice radical. Julio César Saleme (intendente después de la caída de Perón), me llama un día y me dice: “Quiero que usted sea secretario general de la Asistencia Pública, pero después de una larga charla me dice: “Usted no va a ser mi secretario, va a ser el director de la Asistencia Pública”. Trabajé 18 horas por día, postergué mi recibida por esto.

- ¿Qué profesores habían llegado de Buenos Aires?

- Carlos Landa vino de Buenos Aires y después se quedó, enseñaba Clínica Médica, se fue a vivir a Horco Molle, enseñaba las patologías. Era un hombre de una versación extraordinaria, recitaba las clases, las preparaba, era un contrapunto en el Consejo Superior con Vallejo Vallejo. Manejaba el latín perfectamente; el padre de Landa había sido médico de Yrigoyen. Vallejo Vallejo enseñaba piel, también fue decano. Nicasio Herrera era un gran profesor. Landa fue luego ministro de Salud, y no fue tan bueno; fue rector de la Universidad y dijo: “yo voy a ser un administrador de la universidad” y pensé: “tampoco va a ser bueno”. Un rector debe tener una mente creadora, eso fue Julio Prebisch.

- Parece que tenías vocación de consejero, ¿cuántas veces lo fuiste?

- Fui 14 veces seguidas consejero entre 1988 y el 2002, consejero por los graduados. Siempre he tenido vinculación con la Facultad de Medicina, y la tengo porque la llevo en el alma. Porque yo sé perfectamente que el poder reside en la sabiduría.

- ¿Qué especialidad querías hacer?

- Primero quería ser médico. Siempre supe que quería ser homeópata. Tuve el privilegio de ser amigo de Julio Prebisch, el rector reformista que tuvo nuestra Universidad. Era médico homeópata. Compartía días, almuerzos, me enseñó a querer la homeopatía. Me sintió como un hijo. Decía que era su hijo dilecto.

- ¿Cómo era don Juan Dalma?

- Era bajo, de frondosa cabellera, de paso cansino, siempre con algún libro bajo el brazo. Él soñaba con retirarse de la Universidad para leer los clásicos, su gran obsesión; ya siendo médico, me tocó atender a su esposa. Fue mi profesor de psiquiatría. Murió en un accidente automovilístico. No tuvo hijos. Descole lo hizo traer, y lo nombró regente. Era muy amplio, de conocimientos superlativos, íbamos a hacer prácticas al Hospicio del Carmen con él.

- La Facultad de Medicina fue cambiando con el correr del tiempo.

- Creo que ha tenido un crecimiento progresivo por la calidad de sus docentes, tucumanos y no tucumanos. La Facultad se fue consolidando, es considerada ahora una de las mejores del país. No estoy totalmente de acuerdo con el plan de estudio. Estoy de acuerdo con el ingreso. No se puede formar médicos para que después sean choferes de taxis. El nivel elevado se debe porque la carrera se hace en forma regular, el estudiante debe estudiar, no trabajar, su trabajo debe ser el estudio. No fue mi caso. Los médicos que salen de Tucumán son médicos generalistas, y los chicos se tienen que definir en qué especialidad van a desarrollarse.

- ¿La Facultad de Medicina debería formar médicos humanistas?

- Es un déficit de la Universidad, en general. Desconocen la historia, la filosofía, idiomas, cuando los idiomas abren las fronteras... El déficit se genera por la formación. La universidad debe apuntar a los postgrados, a la investigación.

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