“Sud de Lazarte era lindo, pero el río sepultó todo”

Niogasta sigue bajo el agua, con centenares de vecinos evacuados y sin esperanzas de regresar a sus casas.

LLENO DE BARRO. El camino de acceso tiene socavones en varios tramos, lo cual imposibilita la comunicación y aísla a la gente. LA GACETA / FOTOs DE Osvaldo Ripoll LLENO DE BARRO. El camino de acceso tiene socavones en varios tramos, lo cual imposibilita la comunicación y aísla a la gente. LA GACETA / FOTOs DE Osvaldo Ripoll
Por Rodolfo Casen 30 Abril 2023

Gran parte del pueblo de Niogasta (Nueva Trinidad) permanece desde hace un mes bajo el agua desmadrada del río Chico. A partir de entonces hay unas 25 personas que están evacuadas en el Centro Integrador Comunitario (CIC), mientras que más de un centenar se fue a casas de parientes en localidades cercanas. Gente sumergida en la angustia y la incertidumbre de no saber sobre su futuro.

El drama volvió a agravarse con la nueva crecida que operó el cauce el jueves a la noche. Este paraje, del sudeste de Monteagudo, exhibe una imagen devastadora. El agua está por todos lados con tramos del camino de acceso con varios socavones. Enjambres de mosquitos se despliegan por todos los sitios e invaden el mal olor de los peces y animales muertos. “Este lago sin fin al parecer no se va a retirar nunca. La gente se fue hacia donde pudo y los pocos animales que sobrevivieron, aunque siguen aquí, no tienen espacio para pastar” relató don Vicente Salazar, de 81 años. El hombre, que vive desde siempre en el lugar, es uno de los pocos afortunados que en estos días tiene su casa en un espacio alto y seco. Ahí nomás, a unos 150 metros del camino principal, comienza el interminable espejo de agua en el que hay unas 24 familias obligadas a abandonar para siempre sus casas, la mayoría prácticamente reducida a escombros.

Sin embargo hay unos cuantos ocupantes obstinados que se han plantado a cuidar lo poco que les quedó. Se fueron sus esposas y sus hijos. Aunque parezca increíble, los ladrones no descansan ahí. A Salazar algunos damnificados le confiaron vacas y toros para que las resguarde hasta que algún día se aleje el agua.

EVACUADOS. Marcelo Pacheco dice que debieron salir en canoa.  EVACUADOS. Marcelo Pacheco dice que debieron salir en canoa.

Maldición de décadas

“Esta maldición viene desde 1977. Ese año se produjo una creciente impresionante. El agua arrastró mis ovejas, las amontonó contra el alambrado y ahí murieron ahogadas. Ahora pasó lo mismo con muchos animales de la gente. Esta historia se fue agravando porque nunca se hizo nada en el río”, denunció. “El cauce está trancado en el fondo con ramas de árboles, troncos y las toneladas de sedimentos que vino arrastrando desde los cerros. Por eso se abre y avanza sobre nosotros”, aseguró el hombre. “Por este pueblo no viene ninguna autoridad. Cuando lo hace es para pedir que se la vote. Por eso estamos despareciendo”, añadió.

Salazar, que vive con un hijo y un nieto, admite que tarde o temprano va a tener que abandonar su tierra. Es que el río acecha y gana terreno. “Si me tengo que ir, no sé adónde iremos. Y además no tendremos de qué vivir. Aquí está nuestra vida”, remarcó.

Carga de angustia

En el edificio del CIC están unas 25 personas, entre ellas ocho niños. Ahí permanecen desde hace cuatro semanas. La carga de angustia que tienen es tal que se quiebran a poco de comenzar a hablar y lloran por todo lo que perdieron. Ermelinda Medina está con su esposo, adulto mayor, y un hijo. Ella vivió varios años en Sud de Lazarte. “Ahí tenía animales y cultivos que terminaron bajo el agua. Todo se convirtió en un mar”, contó. Por esa razón emigró luego con su familia a Niogasta. Su cuñada le cedió un terreno en el que levantó su nueva casa y crió animales. “El agua nos volvió a despojar de todo. Una desgracia tremenda. De un día a otro nos quedamos sin nada. Y aquí estamos ahora con la incertidumbre de no saber en qué lugar vamos a terminar”, dijo. “Sud de Lazarte era lindo. Los fines de semanas se armaban partidos de fútbol y reuniones familiares. Había vida y éramos felices. Pero el río sepultó todo”, se lamentó.

EL REFUGIO. En el edificio del CIC se da cobijo a 25 personas.  EL REFUGIO. En el edificio del CIC se da cobijo a 25 personas.

Marcelo Pacheco, otro de los evacuados, está en el CIC con su padre y dos sobrinos. Dice que su casa quedó en medio de un lago del que lograron salir en canoa. Apenas logró rescatar algunas ropas y calzados. “Esto es terrible. Nos han dicho que nos tenemos que ir de nuestras tierras. Que nos van a dar otro terreno con una casilla en otro lugar. Para nosotros es algo tremendo porque no vamos a tener de qué vivir”, advirtió.

La gente teme que, según contaron, les suceda lo mismo que a muchas familias de Sud de Lazarte a las que les dijeron funcionarios del Gobierno que se fueran a alquilar en Monteagudo o La Madrid hasta tanto se les adjudique una vivienda nueva. Pero aseguraron que estas “desde hace años andan deambulando de un lugar a otro sin que se les haya dado lo prometido”.

De una funcionaria

En el CIC los evacuados reciben atención médica y provisiones de mercaderías cada dos semanas. Cocinan con carne que, según dijeron, adquieren ellos mismos. En el dispensario se informó que pese a la proliferación inquietante de mosquitos, solo se reportó un caso de dengue en un hombre que estuvo varios días en la capital. Gladys Medina, secretaria de Atención a Familias en Riesgo Social, del Ministerio de Desarrollo Social, visitó a los damnificados y les aseguró que el Gobierno está en procura de obtener un terreno a fin de reubicarlos en un lugar seguro y, por lo pronto, en casillas de maderas. “Nosotros estuvimos viviendo dignamente y por culpa de un río al que nunca se lo trabajó, ahora estamos en la calle. Por eso, primero exigimos que cumplan con la promesa lo antes posible. Que no nos hagan como a la gente de Sud de Lazarte que se las abandonó. Y que la solución sea para que volvamos a vivir dignamente. No aceptaremos que nos reubiquen en medio de la nada y con nuevos peligros”, advirtió doña Angélica Salvatierra.

El comisionado comunal, David Elías, sostuvo que por instrucción de la provincia, está abocado a la búsqueda de una propiedad en la que se puedan instalar las familias que se quedaron sin casa. “Son 24 grupos familiares que necesariamente tienen que abandonar sus terrenos al sufrir la destrucción de sus casas y quedar expuestos a peligrosas crecientes del río”, dijo. “La tarea no es fácil, además hay varias personas que se resisten a abandonar el lugar. Es algo entendible, pero los riesgos son enormes. De todos modos confío en que pronto la gente tendrá una solución por parte de la provincia. En esa diligencia estamos”, concluyó.

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