Se empezó a hablar de “lovebombing” en los años ‘70, en el interior de la secta Moon, también llamada Iglesia de la Unificación. Su fundador, Sun Myung Moon, instaba a los miembros a captar nuevos fieles mediante “bombas de amor” para hacerlos sentir seguros, protegidos y amados frente a la hostilidad del mundo exterior. Actitud que cambiaba drásticamente una vez que la persona ya estaba adentro, totalmente vulnerable, dependiente y a la vez aislada de sus seres queridos.
Análogamente, hoy se habla de “bombardeo de amor” para designar un tipo de violencia psicológica presente sobre todo en relaciones de pareja (aunque también puede darse en vínculos amistosos o laborales). ¿De qué se trata? Apenas comienza la relación, el que “bombardea” hace demostraciones de afecto desmesuradas, llenando al otro de halagos y regalos, prestándole toda su atención y disponibilidad, remarcando sus virtudes, haciéndolo sentir el ser más valioso del mundo. Algo que, si bien para algunos puede resultar intenso y empalagoso -y dispararle el impulso de huir-, para otros constituye en el anzuelo perfecto: una inyección de amor incondicional y un refuerzo a la autoestima… que pueden convertirse en una adicción.
Ocurre que este despliegue de amor no es genuino. Por el contrario, consiste en una muy elaborada técnica de manipulación que busca enganchar al otro y ganar su confianza, para luego controlarlo. Porque repentinamente el manipulador cambia y muestra su otra cara, o mejor dicho su verdadera cara: es narcisista, inseguro, controlador, obsesivo, celoso, maltratador.
Etapas del lovebombing
En el bombardeo amoroso pueden identificarse dos etapas básicas. En la de “idealización”, la sobredosis de afecto hace que todo sea color de rosa: no hay conflicto y la relación fluye en total armonía. Se siente como la luna de miel de dos almas gemelas. “Demasiado bueno para ser cierto”, podrían pensar los desconfiados del entorno. Pero la víctima en cuestión es engatusada frente a tanta incondicionalidad y por lo mismo baja sus barreras de protección.
Luego de la fase de ensueño viene la “devaluación”. Es cuando el manipulador -o la manipuladora- empieza a mostrar actitudes y conductas opuestas a las del principio. Y aparece la distancia, la frialdad, los silencios, la presión, la desaprobación, las amenazas de terminar la relación. A modo de castigo retira su amor con la intención de generar culpa y confusión emocional. Esto ocurre cuando el otro -previsiblemente- empieza a mostrar intereses por fuera de la pareja: cultivar otras amistades, actividades, espacios propios.
Ambas etapas pueden volverse un círculo vicioso: la víctima da por perdida la batalla y opta por adaptarse a lo que sea y prácticamente renunciar a su vida con tal de evitar este tipo de reacciones y volver a recibir “amor”, cosa que el manipulador recompensa (es la llamada etapa de “agotamiento y descarte”). Pero los cuestionamientos no tardan en reaparecer y el ciclo tóxico empieza otra vez.
Afortunadamente algunas personas, no sin sufrimiento, sabrán retirarse a tiempo (otras veces el que se aleja es el propio victimario, de un día para otro, para enfocarse en una nueva presa). En cualquier caso, la psicoterapia y una red de contención de familiares y amigos pueden ser grandes aliados para sostener la decisión de alejarse de un vínculo tan nocivo y acercarse a uno mismo, para buscar allí la fuente de amor.








