Entre el cine y la música japonesa

En la película de Daniel Burman, interpreta a un hombre que lo perdió todo.

BUENOS AIRES.- Hace cuatro años, Alfredo Casero lo perdió todo. O casi todo. Se había endeudado para producir la última temporada de "Cha cha cha" (ciclo que repone I-Sat), y el resultado no fue el mejor.
Se quedó sin casa, sin coche y sin trabajo. Nicolás Repetto le dio empleo; los amigos le prestaron plata; armó un show sobre la avenida Corrientes ("Sólo para entendidos") que le permitió aguantar. Lentamente, empezó a levantarse: Adrián Suar lo llamó para hacer televisión ("Vulnerables", y luego, la exitosa "Culpables"), pudo saldar deudas, invirtió en proyectos que aún no se concretaron, y hasta grabó un disco en japonés. Logró ahorrar 50.000 dólares, que una empleada de sonrisa laqueada le recomendó meter en un banco. Casero obedeció y sintió que la Argentina, por fin, lo trataba bien. Pero a fines del 2001, esa misma Argentina le volvió a arrebatar todo: los ahorros se licuaron; "Culpables" -previsto para largar en abril- no despegará hasta septiembre; y "Shima Uta" -su canción en japonés, ese tema que todos pensaban que lo haría millonario- no estará en el Mundial por cuestiones de copyright.
Ahora, Casero sólo tiene los ojos puesto en "Todas las azafatas van al cielo", la película de Daniel Burman donde interpreta a un hombre que también lo perdió todo. Su personaje es Julián, un viudo que viaja a Ushuaia acompañado por las cenizas de su esposa. Un tipo triste y desesperado que decide matarse en la nieve. Ese modus operandi del suicidio se llama "efecto paradojal": cuando uno se entierra en el suelo helado, pierde sensibilidad y alcanza un estado de placer. Poco después, junto con ese bienestar, llega la muerte. "Y yo creo, llevando la situación de Julián al país entero, que nosotros vivimos los últimos diez años un efecto paradojal: comprábamos la licuadora, la tostadora en cuotas y nos íbamos a enchufar todos los electrodomésticos nuevos al hotel de Cancún. No nos dábamos cuenta de que estábamos en un país que era todo mentira. Era como estar en la nieve muriéndote: esa sensación de plenitud que te acompaña hasta que terminás de irte", asegura el voluminoso actor. Por esa razón, Casero dice que no es ninguna casualidad que haya grabado "Shima Uta". "Es una de las canciones más significativas de Miyazawa Kazufumi, y ahí el tipo habla de una isla molida a palos como Okinawa, que termina renaciendo. Y con el disco vienen cinco porotos de regalo y para muchos será una pavada, pero para mí es un mensaje que tiene que ver con el resurgimiento y la autogestión. Con esos cinco porotos, si sos inteligente podés vivir toda una vida", agrega.
Cuando salió "Casaerius" (su cuarto disco, pero el primero en ser editado por una multinacional) la discográfica Sony vio en el horizonte mucho más que cinco porotos: el corte "Shima Uta" (Canción de la Isla) era un hit perfecto para el Mundial Corea-Japón, y eso significaba dinero, aunque Casero jura que no adoptó ese tema con miras a hacer un gran negocio. "Tengo una cuenta pesificada y una deuda de catorce lucas, pero no me falta para comer. Creo que hasta me da vergüenza decir que soy feliz", finaliza. (Especial)

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