Parecido a la nada

La otra cara de la asistencia nacional. No faltaron los punteros que en las filas exigían un porcentaje.

24 Junio 2002
Por Alvaro José Aurane

Desde lejos, parece que nadie está soñando en Tucumán. Y no es para menos. La esperanza y la expectativa, dos probables materiales con los que se construyen los sueños, siguen siendo arrasados sistemáticamente. De eso se encargó, la semana pasada, el otro rostro que mostró la asistencia nacional. En dos escalas.
La investigación sobre el incierto destino del centenar de millones de dólares en ATN descartó la excusa más alentada y probó la hipótesis tan temida. No hay errores en los registros. Los fondos que aparecen girados para la provincia, fueron efectivamente enviados. El desvío de un verdadero dineral es un hecho.
Dos radiogramas del Ministerio del Interior, obtenidos por LA GACETA, muestran que Villa Quinteros se acostó a dormir en 1990 con dos ATN para viviendas y emprendimientos productivos. Y se despertó este año con el 60% de la población infantil sumida en la desnutrición, a raíz del desempleo y de las precarias condiciones de vida de la mayoría de las familias. De 1991 hay otros tres aportes extraviados.
Este es el verdadero precio del fabuloso festival del que participaron diputados, senadores, intendentes, delegados comunales y altos jerarcas de la provincia y de la Nación.
Los millones, se mostró, llegaron al compás de los calendarios electorales. Por ello, mientras los gestores de los ATN afirman que los recursos llegaron a destino, lo cual es ratificado por los funcionarios de Casa de Gobierno que debían darles curso, los jefes municipales y comunales que debían recibirlos se debaten entre tres posturas generales. Tratan de probar lo indemostrable, acusan al Poder Ejecutivo local de retenerles dinero o, por lo bajo, dicen que debían entregar a los tramitantes, cuanto menos, la mitad del importe. Para que, a costa del hambre de las criaturas de Villa Quinteros, pudieran costear sus candidaturas e incrementar sus patrimonios.

Cosecha de males
Tucumán ya ni siquiera es la sucesión de promesas de bienes. Es, plenamente, la reiteración de cosechas de males.
Si "toda cosa bella es una alegría que dura para siempre", como afirmaba el poeta y soñador inglés John Keats (1795-1825), las "preciosas" barbaridades que se perpetran contra los necesitados tucumanos explican acabadamente el sempiterno descontento de este pueblo.
En una prosaica exhibición de la miseria, se expuso en una cola de cuatro cuadras a los padres y madres sin trabajo que esperaban recibir $150 del plan "Jefes y Jefas de Hogar Desocupados". Como si no bastaran los indicadores de línea de pobreza o de necesidades básicas insatisfechas, aquí, la pobreza ya puede medirse hasta en metros lineales. No hubo ni siquiera exhibición de padrones para que quienes se habían inscripto pudieran confirmar si figuraban o no. Silveria Juana Ríos hizo cola desde las 7 y a las 19 le dijeron que, pese a no tener trabajo, no era beneficiaria. Esa tarde, casi noche, no tenía dinero ni para comprar un cospel para volver a su casa del barrio Los Plátanos, donde vive con sus dos hijos. Como ella, 40.000 tucumanos se anotaron para soñar con tener $5 pesos por día. Y se quedaron sin poder pegar un ojo.

Aprovechándose
Eso sí, no faltaron en la fila los punteros que controlaban quiénes cobraban, para exigirles luego un porcentaje. Aprovechándose de la ignorancia de los pobres, que desconocían que no necesitaban intermediarios. Y del miedo, amenazando que del futuro voto dependerá la continuidad de la ayuda. Y de los estómagos vacíos, advirtiendo que si no entregaban parte de la plata, no habría el próximo mes ni siquiera el poco dinero que les dejan.
Dos preguntas buscan compendiar pavorosamente esta realidad. Por un lado, si hay dirigentes capaces de extorsionar por monedas a los vecinos cuyos rostros ven diariamente, ¿de qué habrán sido capaces de hacer otros, en posiciones más encumbradas, con los millonarios ATN? Por el otro, ¿qué diferencia a estos apretadores de pobres de quienes desviaron fondos dirigidos a las paupérrimas administraciones del interior?
Desde cerca, este Tucumán parece una pesadilla de la que nadie puede despertar.

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