La cuestión de los mitos

(De "San Martín en el Olimpo nacional. Nacimiento y apogeo de los mitos argentinos", por Mario Nascimbene, Biblos, Buenos Aires).

24 Junio 2002
"Cuando planeamos este trabajo, habíamos pensado incluir una extensa introducción dedicada a la evolución del marco histórico en el cual se insertó el cambiante mito de San Martín. Tal propósito obligaba a analizar y a definir el carácter de los mitos en general, para lo cual debíamos tener en cuenta los estudios y reflexiones sobre ellos desde la antigüedad hasta nuestros días y, en especial, aquellos referidos a la América hispanohablante e indígena, puesto que el objetivo central de la obra es un mito eminentemente sudamericano. Pero tal introducción, dada la vastísima bibliografía existente sobre el tema, hubiera excedido el propósito de este libro.
En efecto, son numerosísimos los trabajos, en especial los referidos a la antigüedad grecolatina: algo menos abundantes los que remiten a la Edad Media, a la Edad Moderna y al siglo XIX, incluyendo los mitos que tuvieron vigencia hasta la Primera Guerra Mundial. En el período de entreguerras, los mitos políticos fueron, junto a pocas constelaciones míticas más, los más estudiados y quizás los más influyentes.
También en la Argentina surgió en esa época un mito político aún vigente, uno de los poquísimos mitos nacionales que, como el de Carlos Gardel, tuvo trascendencia internacional: nos referimos al de Juan Domingo Perón, cuya etapa formativa -en la que Evita es un elemento esencial- se produjo entre 1945 y 1953, año del fallecimiento de la ?Jefa Espiritual de la Nación?.
En la antigüedad griega, el mito solía oponerse al logos. El primero tuvo, en sus inicios, el significado de relato o fábula. Posteriormente, algunos filósofos (como Aristóteles) lo asociaron con la poesía, le otorgaron carácter fantasioso y por lo tanto poco confiable; para otros (como Platón), el mito era revelador de profundas verdades que se ocultaban tras las apariencias sensibles. El logos, en cambio, constituía un acercamiento a la verdad por medio de la experiencia y de la razón, y se validaba a través de principios lógicos universales o por medio de la prueba empírica. Naturalmente, el judeocristianismo emprendió una vasta crítica de las concepciones míticas paganas -una visión politeísta del mundo religioso- y las reemplazó por sus propias creencias, dando así su respuesta a las frecuentemente angustiantes e insoslayables preguntas primordiales que suscitan en el hombre el misterio del nacimiento, del desarrollo y de la muerte individual, colectiva y cósmica. Estos apremiantes interrogantes se veían potenciados por la gran y definitiva crisis del imperio más duradero y poderoso de la antigüedad occidental, el Imperio Romano.
Cabe aclarar que los mitos judeocristianos tienen un carácter especial pues, en gran medida, se basan en hechos y personajes históricos, cuya existencia y cuyas acciones a menudo han sido verificadas por la arqueología, la filología clásica y otras ciencias históricas modernas. Por lo tanto, los mitos judeocristianos no coinciden totalmente con la religión, a diferencia del caso de Grecia, dado que parte de los relatos que los fundamentan corresponden más al campo histórico que al mítico, sin perder por ello su carácter religioso".

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