¿Sirve el paro como herramienta para la consecución de los reclamos?

¿Sirve el paro como herramienta para la consecución de los reclamos?

¿Sirve el paro como herramienta para la consecución de los reclamos?
07 Noviembre 2022

La dirigencia nacional de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) anuncia que decretará un paro por 72 horas en todos los distritos del país, a excepción del Área Metropolitana de Buenos Aires -incluye Capital federal y parte del conurbano bonaerense-. Inmediatamente se activan los Gobiernos provinciales y las autoridades de los Ministerios nacionales de Trabajo y de Transporte, satisfacen en parte los planteos sindicales, y la medida muere nonata.

Más o menos por esos días, Conadu Histórica (Conaduh), la federación que agrupa gremios de profesores de numerosas universidades del país -en nuestra provincia, la Asociación de Docentes e Investigadores de la Universidad Nacional de Tucumán (Adiunt)- cumple, en efecto, una huelga por 24 horas, que parece pasar inadvertida: los estudiantes de las facultades estudian en sus casas; los alumnos de las escuelas medias lo toman como un día de descanso, y solo algunos padres de estos -sobre todo, de los más pequeños- reprochan por la pérdida de clases, pero también porque deben reorganizar su jornada de modo tal que los chicos no queden solos en la casa.

Entonces, ¿cabe preguntarse acerca de la eficacia del paro como herramienta? Ambos gremios adoptan la misma metodología para plantear sus reclamos. Pero mientras UTA logra torcer el brazo del Gobierno -e, indirectamente, de las patronales-, los docentes no ven que mejoren ni su salario ni el presupuesto para educación -exigencias de Conaduh-.

La diferencia de las resoluciones de una y otra medida de fuerza pareciera ser cuantitativa: mientras el paro anunciado por UTA podría paralizar por tres días la economía del país -impediría que la gran mayoría de los trabajadores lleguen a sus puestos laborales-, los efectos de la huelga de Conaduh no se advierten en el plazo inmediato o, incluso, en el mediano.

Por esencia, las medidas de acción directa -paros, piquetes, movilizaciones- deben afectar algo. En última instancia, la economía, el “talón de Aquiles” de cualquier Estado o sector empresarial o industrial. Por eso no existe aquello de llevar la protesta donde no moleste; porque si no molesta, si no causa afectación, no hay manera de que los reclamantes vean satisfechos sus reclamos.

Esto puede verse con claridad cuando la Asociación Bancaria se encuentra en medio de alguna discusión paritaria. Sus masivas movilizaciones por “la city” se hacen sentir con bombos, redoblantes, interrupciones de tránsito, sinnúmero de panfletos y pintadas en el frente de los bancos. Vale señalar que se trata de uno de los gremios que mejores acuerdos salariales consigue. Y esto no se debe a que el sector financiero es uno de los que mayores ganancias acumula, porque aun así podrían conceder magros porcentajes de aumentos.

Las protestas del movimiento Unidad Piquetera también sirven para analizar la eficacia de una medida de acción directa. Normalmente, cuando la protesta resulta masiva -sobre todo, en los centros del poder-, el Gobierno suele atender, al menos parcialmente, los reclamos del sector. Sucedió hace poco menos de dos meses, cuando una fuerte acción cumplida en todo el país, que incluyó acampes y piquetes, obligó a las autoridades del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación a recular y a anunciar que, finalmente, los programas Potenciar Trabajo y Progresar no serían incompatibles entre sí, como se había dicho originariamente.

Gabriela Gramajo (Polo Obrero): “El método histórico de la clase obrera en todo el mundo”

Las huelgas y los paros son un derecho de los trabajadores, consagrado en la Constitución nacional, al igual que el derecho a la protesta. Este derecho es ejercido por los trabajadores desde su implantación -incluso antes de que sea incluido en la Carta Magna-. Durante años, las patronales han tratado de deformarlo y de regimentarlo, mediante leyes y decretos de distintos Gobiernos. Pero la huelga sigue siendo una herramienta fundamental de los laburantes. Cuando el ejercicio del derecho a huelga es practicado por los desocupados se convierte en piquete, en movilización o en acampe. Los desocupados somos parte la clase obrera, y nos manifestamos por nuestras necesidades; primeramente, por el derecho a trabajar. Las huelgas y los piquetes son necesarios para hacer valer nuestros derechos, que de otro modo no serían escuchados ni por el Gobierno ni por las patronales. Este el método histórico de la clase obrera de todo el mundo.

Ariel Osatinsky (secretario general de la Asociación de Docentes e Investigadores de la Universidad Nacional de Tucumán): “Las respuestas resultan parciales porque los paros son aislados”

El paro o la huelga es el método histórico de los trabajadores en las luchas por el reconocimiento de sus derechos. El Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (Sutna) no habría tenido repuesta satisfactoria a sus demandas sin el contundente paro que cumplió. Las patronales, que cosecharon enormes ganancias con el aumento del precio de los neumáticos del 150% querían dar una suba salarial de un 35%. Esa tremenda “rebaja” salarial fue derrotada por la huelga del Sutna. La docencia universitaria hace paro por salario, pero también contra el ajuste del presupuesto educativo, que perjudica también a los estudiantes, que aprenden en ámbitos donde reina la precariedad edilicia, la falta de recursos y pésimas condiciones de trabajo y de estudio. El Gobierno y las autoridades universitarias, comprometidos con el ajuste del Fondo Monetario Internacional (FMI), nunca dan respuestas sin medidas de fuerza. Comienzan a dar algunas cuando se anuncian y cumplen los paros. Estas respuestas resultan parciales, porque los paros son aislados y esporádicos. Y en ello la burocracia sindical juega un rol fundamental. Para frenar el ajuste, la precarización y la reforma laboral, y para defender salarios y condiciones de trabajo, se requiere una huelga de conjunto y contundente. La deberían impulsar las centrales sindicales, pero sus conducciones burocráticas no defienden a los trabajadores; están con el Gobierno y cuidan sus negociados. El gobierno y la burocracia sindical buscarán imponer un retroceso a los trabajadores, a pedido del FMI. Pero habrá más luchas y huelgas por parte de los trabajadores, que defenderán sus condiciones laborales y de vida.

Pronunciamiento de padres de alumnos de escuelas experimentales de la UNT

Los alumnos de las escuelas preuniversitarias de la UNT han perdido 21 días de clases en lo que va del año por paros docentes. Se trata de la totalidad de los días hábiles de octubre, por ejemplo. Un mes entero sin actividad en las aulas, solo por reclamos salariales del gremio que agrupa a los profesores. A este número hay que sumarle feriados, paros de colectivos, y suspensiones de actividades por otras circunstancias. Si se suman todas estas jornadas, la cifra de días perdidos estaría cercana a los dos meses, sobre casi nueve que suele tener el calendario escolar de estas instituciones. El panorama es desolador. Se suele decir que “maestro que lucha también está enseñando”; y que este problema trasciende a las autoridades universitarias, porque el Gobierno nacional define la pauta salarial y presupuestaria. No se cuestiona la legitimidad del reclamo. Al contrario. Pero quizás sea momento de evaluar y de hacerse cargo del impacto de lo que está pasando. Quizás también sea momento de reflexionar sobre si dejar a los chicos sin clases en una protesta de la que nadie -salvo los afectados- toman nota tiene el efecto deseado. No puede ser inocuo que centenares de chicos no tengan continuidad en sus procesos educativos y que la tónica de su actividad sea la incertidumbre de saber si deben o no ir a sus escuelas. La mayoría de los padres y también los chicos han hecho carne que los paros forman parte de la rutina de las escuelas que dependen de la UNT. “Es así y hay que aceptarlo”, se murmura en la resignación de lo que parece ser el precio a pagar por apostar a un modelo educativo público y laico que supo ser señero y transformador. Alguna autoridad debería preguntarse qué está pasando. No pareciera ser ese el camino. Al contrario. Quizás sería bueno no resignarse. Capaz sea importante pensar que la educación y estar en las aulas es lo mejor que puede pasarle a nuestros hijos.


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