23 Junio 2002 Seguir en 
BUENOS AIRES- Desde hace seis meses, más precisamente a partir de la renuncia de Fernando de la Rúa a la presidencia, la Argentina gira en torno de la interna del justicialismo, dueño absoluto del poder que gobierna el país.
Con una Alianza caída en desgracia por su fracaso en la Rosada y pieza de la estructura que sostiene a Eduardo Duhalde en el Gobierno, la oposición parece hoy estar reducida al poder que pueda generar Elisa Carrió (ARI) y a los focos de rebeldía que existen en el peronismo.
Sin embargo, todos, sin excepción, están bajo sospecha, por una ciudadanía que no deja de cuestionar a la clase dirigente, incluidos políticos, sindicalistas, empresarios, banqueros y financistas, entre otros. Es esa misma ciudadanía que reclama una renovación total de sus dirigentes.
Pero está claro que antes de que se pueda producir ese cambio, el país, y más concretamente el Gobierno de Duhalde, debe resolver el postergado acuerdo con el FMI. Este debería traer por estas tierras una tregua tal en la grave crisis económica, que no sólo abra las puertas a la ayuda de Europa y de los Estados Unidos, sino que permita iniciar un camino de recomposición en el campo social, donde cada vez es mayor el número de argentinos que son arrojados a la pobreza y a la marginalidad.
Un camino difícil
El camino no será fácil, sobre todo ahora que la región (léase Brasil y Uruguay) ha entrado en un peligroso barranco, producto de sus propios males y del efecto contagio de la Argentina.Quizás ahora el FMI y el gobierno de George W. Bush entiendan que, por más que quieran castigar a la Argentina y pretendan tenerla aislada, no evitarán que otras naciones sucumban a sus cuestionadas políticas.
A medio año de la caída de la Alianza, el PJ ya comenzó a sacudir su interna con el horizonte de las futuras elecciones.
Está claro que adelantar las elecciones es una idea común, que tampoco escapa al Gobierno nacional. Pero antes deben darse las condiciones políticas, económicas y sociales para poder encarar ese desafío, aunque es necesario aclarar que no habrá una renovación total de dirigentes.
Las provincias son manejadas por caciques políticos que, en su mayoría, se asegurarán no sólo su continuidad sino la de sus principales socios territoriales.
El PJ deberá solucionar su seria puja interna para definir a un candidato que, seguramente, tendrá posibilidad de acceder a la Rosada el año próximo.Es cierto que Carlos Reutemann es quien hoy mejor se perfila para ser el candidato, luego del marcado retroceso del cordobés José Manuel de la Sota y del canciller Carlos Ruckauf.
Pero hay otras cosas para resolver dentro del PJ, como definir el rol que jugará Carlos Menem, quien hoy, en medio de "escraches", está midiendo las posibilidades de disputar la candidatura del peronismo.
Hay otros anotados en esa carrera, como los polémicos gobernadores de San Luis (Adolfo Rodríguez Saá) y de Santa Cruz (Néstor Kirchner); y el salteño Carlos Romero, quien hoy es un interlocutor elegido por el FMI para que ayude a que se impongan sus deseos en la Argentina.
También debe resolverse el futuro del gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá. Habrá que determinar si acompañará en una fórmula a Reutemann, para dejar la candidatura de la provincia a "Chiche" Duhalde o si irá por la reelección.
Duhalde y el resto de los gobernadores peronistas quieren que todos participen de la interna que será abierta y simultánea con las de los otros partidos políticos, como lo establece la nueva ley.
El clima social
De todas formas, la clase política debe tener en cuenta que hoy la prioridad de los argentinos es salir del pozo en que se encuentra el país. En ese sentido, el clima social es fundamental.
El malhumor sigue teniendo en la cresta de la ola a las protestas por el corralito bancario y los piqueteros.
La aparición del actor y humorista Nito Artaza -desplazando a la izquierda de la primera línea de protesta por el corralito- se convirtió en un verdadero dolor de cabeza para la Rosada.
Artaza, con sus movilizaciones semanales, logró reavivar una protesta que había decaído a raíz de la utilización política que estaban realizando esas fuerzas.
El FMI tiene también puestos los ojos en la situación de los bancos y por eso planteó nuevas exigencias para un acuerdo.Duda del éxito que pueda tener el canje de los bonos, donde el dólar vuelve a crecer, ahora empujado por la crisis del Brasil y del Uruguay, agitando el fantasma de la hiperinflación.
Hoy, las aguas están demasiado agitadas como para que los políticos piensen en sus intereses antes que en las soluciones que la Nación demanda. (DyN)
Con una Alianza caída en desgracia por su fracaso en la Rosada y pieza de la estructura que sostiene a Eduardo Duhalde en el Gobierno, la oposición parece hoy estar reducida al poder que pueda generar Elisa Carrió (ARI) y a los focos de rebeldía que existen en el peronismo.
Sin embargo, todos, sin excepción, están bajo sospecha, por una ciudadanía que no deja de cuestionar a la clase dirigente, incluidos políticos, sindicalistas, empresarios, banqueros y financistas, entre otros. Es esa misma ciudadanía que reclama una renovación total de sus dirigentes.
Pero está claro que antes de que se pueda producir ese cambio, el país, y más concretamente el Gobierno de Duhalde, debe resolver el postergado acuerdo con el FMI. Este debería traer por estas tierras una tregua tal en la grave crisis económica, que no sólo abra las puertas a la ayuda de Europa y de los Estados Unidos, sino que permita iniciar un camino de recomposición en el campo social, donde cada vez es mayor el número de argentinos que son arrojados a la pobreza y a la marginalidad.
Un camino difícil
El camino no será fácil, sobre todo ahora que la región (léase Brasil y Uruguay) ha entrado en un peligroso barranco, producto de sus propios males y del efecto contagio de la Argentina.Quizás ahora el FMI y el gobierno de George W. Bush entiendan que, por más que quieran castigar a la Argentina y pretendan tenerla aislada, no evitarán que otras naciones sucumban a sus cuestionadas políticas.
A medio año de la caída de la Alianza, el PJ ya comenzó a sacudir su interna con el horizonte de las futuras elecciones.
Está claro que adelantar las elecciones es una idea común, que tampoco escapa al Gobierno nacional. Pero antes deben darse las condiciones políticas, económicas y sociales para poder encarar ese desafío, aunque es necesario aclarar que no habrá una renovación total de dirigentes.
Las provincias son manejadas por caciques políticos que, en su mayoría, se asegurarán no sólo su continuidad sino la de sus principales socios territoriales.
El PJ deberá solucionar su seria puja interna para definir a un candidato que, seguramente, tendrá posibilidad de acceder a la Rosada el año próximo.Es cierto que Carlos Reutemann es quien hoy mejor se perfila para ser el candidato, luego del marcado retroceso del cordobés José Manuel de la Sota y del canciller Carlos Ruckauf.
Pero hay otras cosas para resolver dentro del PJ, como definir el rol que jugará Carlos Menem, quien hoy, en medio de "escraches", está midiendo las posibilidades de disputar la candidatura del peronismo.
Hay otros anotados en esa carrera, como los polémicos gobernadores de San Luis (Adolfo Rodríguez Saá) y de Santa Cruz (Néstor Kirchner); y el salteño Carlos Romero, quien hoy es un interlocutor elegido por el FMI para que ayude a que se impongan sus deseos en la Argentina.
También debe resolverse el futuro del gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá. Habrá que determinar si acompañará en una fórmula a Reutemann, para dejar la candidatura de la provincia a "Chiche" Duhalde o si irá por la reelección.
Duhalde y el resto de los gobernadores peronistas quieren que todos participen de la interna que será abierta y simultánea con las de los otros partidos políticos, como lo establece la nueva ley.
El clima social
De todas formas, la clase política debe tener en cuenta que hoy la prioridad de los argentinos es salir del pozo en que se encuentra el país. En ese sentido, el clima social es fundamental.
El malhumor sigue teniendo en la cresta de la ola a las protestas por el corralito bancario y los piqueteros.
La aparición del actor y humorista Nito Artaza -desplazando a la izquierda de la primera línea de protesta por el corralito- se convirtió en un verdadero dolor de cabeza para la Rosada.
Artaza, con sus movilizaciones semanales, logró reavivar una protesta que había decaído a raíz de la utilización política que estaban realizando esas fuerzas.
El FMI tiene también puestos los ojos en la situación de los bancos y por eso planteó nuevas exigencias para un acuerdo.Duda del éxito que pueda tener el canje de los bonos, donde el dólar vuelve a crecer, ahora empujado por la crisis del Brasil y del Uruguay, agitando el fantasma de la hiperinflación.
Hoy, las aguas están demasiado agitadas como para que los políticos piensen en sus intereses antes que en las soluciones que la Nación demanda. (DyN)







