La financiación de la zafra

La Legislatura debe considerar la norma esperada por el sector.

23 Junio 2002
Actualmente, como lo hemos venido informando, inquieta a los factores azucareros el candente problema de la financiación de la zafra 2002. Es conocido que el crédito de 40 millones de pesos que ha dispuesto otorgar el Banco de la Nación con ese propósito recién adquirirá viabilidad cuando la Legislatura de Tucumán sancione la ley que establece el sistema de garantías para la recuperación de aquella suma.
Recién entonces se suscribirá un compromiso entre el Banco y un agente fiduciario, y dos semanas más tarde llegaría la mitad de los 40 millones. Ese monto se destinaría a razón de un 60 por ciento para los plantadores y un 40 para los industriales, y se distribuiría en este caso en proporción al azúcar que cada fábrica produjo en la molienda anterior.
No se ha precisado todavía si el rol de agente fiduciario del préstamo en cuestión estará en manos del Banco de Tucumán o de la Caja Popular de Ahorros. Esta última alternativa no sería la preferida por la institución que aporta los fondos, ya que les parece que la primera constituye un aval más seguro para el cobro, a través de los warrants y de los fondos de coparticipación federal.
Más allá de esa cuestión, que deberá dilucidar la Legislatura, está claro que la norma que se gestiona resulta vital para que pueda desarrollarse normalmente la presente campaña azucarera. Como lo hemos hecho notar, ella corre el riesgo de detenerse si el crédito no llega. La falta de fondos obligará a los ingenios a vender el producto para financiarse, lo que significará la caída del precio y el colapso correspondiente.
Nos parece que, vistas así las cosas, es necesario que la Legislatura provincial avance en el tratamiento de la medida que el sector azucarero aguarda, y que la ley llegue a sancionarse.
No es necesario ponderar la mayúscula importancia que tiene, para nosotros, el hecho de que la zafra azucarera se pueda llevar adelante sin tropiezos, y mucho más cuando pensamos en el grave contexto de pobreza y de desempleo que asuela actualmente a Tucumán. Es preciso buscar las alternativas de financiamiento, que resultan vitales para enderezar las cosas e inyectar en la actividad el dinamismo adecuado. Piénsese, por ejemplo, en el acierto con que se operó en ese sentido en 1991, cuando se implementó el sistema de los warrants.
Pero, si bien nadie puede discutir la necesidad de que este crédito de 40 millones llegue a hacerse una realidad, pensamos también que la actividad azucarera debe tomar, en adelante, urgentes medidas para ordenarse, y lograr que su desenvolvimiento no dependa constantemente de los auxilios financieros de emergencia.
Los actuales tiempos del mundo han marcado, a las empresas en general, la necesidad de adaptarse a una serie de exigencias para continuar participando en el mercado. No es necesario decir que ni el Estado ni los bancos están en condiciones ya de constituirse en el salvavidas permanente de ninguna actividad productiva, por importante que ella sea. Eso parece más que evidente para cualquiera que analice la recurrencia de los problemas que afectan a nuestra histórica industria.
Se requiere, entonces, una mirada realista a esta cuestión por parte de todos los factores que en ella intervienen, para dar a la actividad azucarera en general un sesgo diferente, acorde con los requerimientos del mundo actual. De otra manera, seguiremos aplicando paliativos en un tema que, precisamente por la gran incidencia que tiene en la vida económica y social de esta región del país, debe marchar de modo diferente, como lo han venido expresando con reiteración los especialistas. Es un punto hacia el cual, repetimos, deben enderezarse los más serios esfuerzos, de aquí en adelante.

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