Pioneros en Argentina: médicos tucumanos colocaron los primeros marcapasos sin cable

Un equipo dirigido por el cardiólogo Luis Aguinaga realizó las cuatro intervenciones. “Esta tecnología marca un punto de inflexión en la historia de la estimulación cardíaca”, señaló el especialista.

NILDA CÓRDOBA Y SU MÉDICO. La mujer destacó como fundamental la contención que recibió de su doctor. LA GACETA / FOTOs DE Analía Jaramillo NILDA CÓRDOBA Y SU MÉDICO. La mujer destacó como fundamental la contención que recibió de su doctor. LA GACETA / FOTOs DE Analía Jaramillo

“¡Vamos a colocar los primeros marcapasos sin cables en la Argentina!!!!!!”.

Así anunció a LA GACETA Luis Aguinaga, cardiólogo tucumano especialista en arritmias y en electrofisiología, los que hoy ya son los primeros cuatro casos de éxito de nuestro país: tres varones y una mujer recibieron en Tucumán este novísimo modelo de micromarcapasos. Y para cuando leas esto, estarán los cuatro en su casa. El mensaje del doctor Aguinaga seguía: “es el marcapasos más pequeño del mundo; apenas un poquito más grande que un chip de celular, o que una memoria SD, que se adhiere al corazón”. Es muy nuevo, pero no experimental, informó también: está disponible en EEUU y en Europa recién desde el año pasado, pero se usa mucho.

“Presencial”

Cuando después de que salió del quirófano por última vez fue posible hablar con él personalmente, la alegría que transmitía del texto del mensaje se le escapaba también por los ojos y en la voz. “Somos pioneros en el país; en Estados Unidos reconocieron nuestra trayectoria y nuestra especialización”, dijo, desde detrás del barbijo.

“Trabajamos más de un año para lograr que nos habilitaran para hacer estas intervenciones, y es un gran orgullo que las primeras hayan tenido lugar en Tucumán”, agregó y contó que eso implicó, entre otras cuestiones, lograr una certificación luego de su entrenamiento personal en Estados Unidos

La voz desde el otro lado

Una alegría similar a la de su médico, pero expresada desde la cama de recuperación en la Unidad Coronaria del Centro Integral de Arritmias de Tucumán (CIAT), compartió con nuestro diario Nilda Córdoba (54 años).

“A mí ya me habían colocado un marcapasos tradicional, porque tengo una arritmia; pero sufrí una infección, hubo que sacarlo... Y el doctor Aguinaga me propuso esta alternativa”, contó.

“Es el día y la noche... No puedo creer que ya está, que ya pasó todo, y que salió muy bien”, agregó con una gran sonrisa, aunque todavía le queda un poco de los nervios previos. En ese “salió muy bien” Nilda incluyó una diferencia con su marcapasos anterior que -literalmente- percibe a flor de piel: “me toco y no noto nada; con el anterior, ponía mi mano en el pecho... y estaba claramente ahí”. Por un momento la sonrisa pareció diluirse, pero no...

Medicina humanizada

Porque también venía en el paquete del “muy bien” la tranquilidad que todo el tiempo le transmitió su médico. “Quiero resaltar eso: esta mañana en el quirófano escuchaba voces extrañas; incluso, extranjeras. Me puse muy nerviosa. Hasta que él entró; entonces cambió todo”, contó y agregó otro dato que le pareció crucial contar: “su contención lo abarcó todo; incluso la cuestión de los costos, en estos tiempos tan complicados”. En ese momento llegó su médico a verla, y las emociones se multiplicaron; abrazo, más sonrisas y orgullo: “este marcapasos que me puso es mejor que el del Kun Agüero, ¿verdad?”, preguntó Nilda. “Por supuesto; mucho mejor”, contestó el médico. Entre los dos, la mejor de las miradas de complicidad.

Pioneros en Argentina: médicos tucumanos colocaron los primeros marcapasos sin cable

La intervención

Vayamos ahora a las cuestiones técnicas. Aguinaga explicó que son muchas las virtudes de este “minimarcapasos”. “No hace falta una cirugía y todo se hace muy rápido”, comenzó.

José Luis Bustamente, el esposo de Nilda, reconoció que en el reloj fueron unos 30 minutos. “Pero a mí parecieron una eternidad”, contó, ya más aliviado y sabiendo que en pocas horas más Nilda y él estarán en su casa.

Más allá de la reducción del tiempo, es clave la reducción de riesgos. Por un lado los ya mencionados (los de cualquier cirugía); por otro, los de las infecciones, como la que sufrió Nilda. Y también disminuye el peligro de rechazo.

“Y además la intervención es muy sencilla y no requiere anestesia. Se parece mucho a lo que se hace para colocar un stent para ensanchar una arteria, por cateterismo, desde la pierna; pero en lugar de usar una arteria para llegar, se usa una vena. Y ni siquiera se hacen puntos”, explicó Aguinaga. Y añadió que, cuando el marcapasos llega a la posición indicada, se fija al corazón por medio de unos “minianzuelos”.

Equipo y tecnología

Claro que en todo este proceso (recordemos, media hora) Aguinaga no estuvo solo: el equipo tucumano está también integrado por su colega Alejandro Bravo. Y a ellos se sumaron los técnicos (bioingenieros) José Bertotti, Carlos Calvo y Roberto Marrero, que vinieron desde Buenos Aires, Chile y Estados Unidos (así que de verdad, como detectó Nilda, se hablaba más que “tucumano” en ese quirófano).

“Ellos se encargan traer y calibrar la tecnología, cuya precisión es muy importante y difiere según las características de las persona que la reciben, de las diferentes patologías...”, explicó “el DT” del equipo.

Y, como buen grupo inserto en el siglo XXI, destacan otras ventajas del dispositivo: es de larga duración (puede permanecer en el interior del cuerpo hasta 12 años) y es posible conectarlo a computadoras por bluetooth, de manera que el marcapasos va mandando información constante.

“De esa manera, cualquier regulación que fuera necesario hacer tampoco necesita cirugía; se puede lograr simplemente apoyando el celular sobre el pecho de la persona que lleva el marcapasos”, explicó. Y siguió enumerando virtudes: “los controles deben hacerse cada seis meses; pero a veces las personas ‘desaparecen’ y se ponen en riesgo. El dispositivo tiene también geolocalizador; de manera que si fuera necesario (en función de la información que el dispositivo fue enviando) se puede salir en busca del paciente”, resaltó Aguinaga.

Podría haber seguido, casi con seguridad. Pero eligió cerrar: “disponer de esta posibilidad es un punto de inflexión en el progreso de la estimulación cardíaca”.

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