Comerciantes se cubren por si la escalada de precios se mantiene

Las distintas estrategias para no perder plata. Algunos decidieron dejar de trabajar hasta que aclare el panorama o se normalice.

“PILOTEANDO”. En algunos casos se remarca, en otros se suspende el fiado y se acepta reducir márgenes de ganancia. Hasta que haya normalidad. la gaceta /  Foto de José Nuno “PILOTEANDO”. En algunos casos se remarca, en otros se suspende el fiado y se acepta reducir márgenes de ganancia. Hasta que haya normalidad. la gaceta / Foto de José Nuno
Por Roberto Espinosa 11 Julio 2022

Incertidumbre. Fastidio. Prudencia. Los abuelos solían decir que no hay que cambiar de caballo a mitad del río. Un refrán que muchos argentinos han aprendido cuando se desatan estas vicisitudes económicas que generan una suerte de histeria colectiva, a partir del bombardeo constante de noticias tremendistas y despiertan ese nada recomendable “sálvese quien pueda”. La afiebrada escalada del dólar ha llevado a los comerciantes de los distintos rubros a tomar medidas para no descapitalizarse para no tener quebrar. El consumidor, siempre víctima, de estos vaivenes, puede apelar a privarse de adquirir cosas y comprar solo lo esencial, más en tiempos en que los salarios no se han actualizado.

“Lo que hacemos para subsistir ahora, es ir aumentando los productos en vista a un posible aumento, se le va sumando un porcentaje cada cosa porque el proveedor te avisa que a la semana se viene un aumento y no te dice de cuánto será. Hoy por hoy, ya no te salva ni el proveedor. La gente lamentablemente ya tiene conocimiento público de lo que está pasando y tampoco puede venir y decir: ‘eh, me estás cobrando de más’, porque está al tanto de que el dólar aumenta”, comenta José, propietario de un drugstore en calle Mendoza al 100.

El comerciante sostiene que bajaron muchísimo las ventas. La gente ahora se cuida en comprar golosinas, ahora compra lo justo y necesario para tomar algo, para comer, antes, se daba un gustito, pero no lo hace ahora, de comprarse un chocolate. A veces la gente pide que le fíe, pero tratamos que no, porque no se puede, no conviene, es plata perdida por la devaluación que hay. Veo que vamos mal, laburo el día a día y tratamos de salir adelante, no sé hasta dónde aguantaremos, pero de que vamos mal, vamos mal porque uno no prospera nunca, labura para cubrir el aumento posible del mes. No se puede progresar. Hay que trabajar y remar”, acota.

Alejandro Palomino atiende con su padre el almacén de Las Heras al 100. “Está complicado, sobre todo esta semana, los proveedores no te quieren vender mucha cantidad porque ni ellos saben qué van a hacer. La estamos piloteando, nos ‘stockeamos’ antes de que ocurra esto. Ya no fiamos, en realidad, hay dos o tres clientes de mi papá, de toda la vida, que los podemos esperar, pero ya no fiamos porque yo te vendo una cosa a un precio y a los dos días va a cambiar. Dentro de todo se vende, pero los márgenes de ganancia se están reduciendo cada vez más. Cada aumento es un golpe al consumo, la gente consume menos obviamente. Ahí estamos, no se siente tanto la caída de las ventas todavía. Los clientes llevan cosas de otras marcas, queso más barato, en general, no hubo una caída muy abrupta. No estamos trabajando a pérdida”, manifiesta.

La situación de los mayoristas no es diferente. “Desde el lunes, no estamos vendiendo nada al público porque los proveedores no tienen precio y no quieren vender y para poner un precio que no existe la gente no lo va a pagar. El gran problema es que nadie sabe lo que va a pasar. Por ejemplo, al Fernet Branca no lo quieren vender, yo lo he vendido al público a 900 pesos y ahora lo tengo que comprar a $1.050. Nadie sabe nada, muchos no están vendiendo y los que están abiertos no venden”, indica Luis García, vendedor mayorista de bebidas con y sin alcohol.

Cuenta que está comprando aquello que está buen precio y que sabe que podrá vender luego al público. “Prefiero no comprar productos que no tengan mucha rotación. Las empresas que tienen el personal, preventistas, fleteros que cobran el mes, tiene que vender. El gran problema son los empleados fijos, deben pagar los impuestos… no se puede estar sin trabajar, pero tampoco podés vender sin saber si después vas a poder comprar el producto. El fin de semana pasado ha sido un desastre porque se ha vendido y el lunes no se ha podido reponer. Encima que no se estaba vendiendo, un aumento del 20% o del 15 es muchísimo. Nosotros tenemos punto de venta, no distribución, no hacemos envíos, pero afecta a todos, el tema del combustible. Muchos mayoristas están igual, no quieren vender, algunos han puesto un precio muy caro para cubrirse, pero el consumidor final no quiere comprar”, dice García.

Los responsables de otros rubros viven una realidad similar. Sergio, encargado de una ferretería de avenida Sáenz Peña primera cuadra, expresa que por ahora los insumos han subido hasta un 20%. “Hay proveedores que tenemos hace 40 años y nos entregan mercadería, pero a otras ferreterías no les entregan. Lamentablemente no se sabe qué va a pasar y no podemos cerrar el negocio, tenemos que trabajar, pagarles a los empleados... No tenemos ninguna expectativa de lo que puede ocurrir porque el gobierno que tenemos no sirve para nada. Todo el mundo ha remarcado, con las tarjetas de crédito estamos trabajando normal”, opina.

“¡Calma, radicales!”, pareciera decirse el propietario de un negocio de venta de artículos de electricidad, iluminación e insumos de uso domiciliario e industrial. “No es la primera vez que nos ocurre esto, ya hemos tenido movimientos de este tipo en otros tiempos, no te olvides que mi empresa tiene 50 años. En el caso particular mío, hemos decidido llamarnos a la calma, no enloquecernos. Es cierto que tenemos compromisos asumidos, los presupuestos hechos, cotizaciones y licitaciones -somos proveedores del Estado- que estén dentro de los plazos convenidos, pero no tenemos ninguna alternativa, tendremos que trabajar a pérdida”, afirma el ingeniero Jorge Migliavacca.

Respecto de la venta en el mostrador, el comerciante y también teatrista comenta: “tenemos una escala de descuento sobre los precios de listas, según como lo pagaban al artículo, hemos suspendido toda la escala de descuento. Las cosas llegan a un incremento de casi del 30%, no por un capricho nuestro, si no, porque es lo que nos están planteando las fábricas de Buenos Aires. No están entregado mercadería, si uno necesita mercadería urgente te la van a facturar con un 30% más, más que un disparate, me parece un abuso.”

En su opinión, “estamos perdiendo plata hasta que podamos modificar las listas de precios. La otra alternativa que nos quedaba era cerrar una semana, tomar vacaciones, pero el tema es que tengo que pagar alquiler, luz, teléfono, empleados, aguinaldo y si no me entra el dinero, estaremos malvendiendo algo, pero no nos desesperamos, pensando que esto puede terminar en una semana, aunque la inexperiencia del nuevo equipo económico, puede llevar a una debacle total”.

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