Las respuestas de un país cada vez más desigual

Casi como a cuentagotas, el censo nacional realizado la semana pasada comenzará a revelarnos datos sobre quiénes y cómo habitamos lo que hemos denominado hace tiempo “nuestro país”. Si bien ya conocemos un número provisorio que da cuenta de la cantidad de personas que habitan el territorio, quedan por procesar los índices más interesantes para conocer la complejidad de la demografía nacional. Sin embargo, mientras esperamos que esos números se hagan públicos, ya tuvimos algunos esbozos estadísticos que si bien no son revelaciones taxativas, pueden ya inquietar a quien pretende describir las diferencias existentes en esta enorme Nación.

El crecimiento del 18% respecto al último relevamiento nacional era, según los especialistas en demografía, relativamente esperado. Por eso quizás, uno de los mayores hitos que celebraron los funcionarios del Indec la semana pasada fue la participación activa del censo en su modalidad digital. Por primera vez en Argentina, y por segunda en Latinoamérica, el relevamiento se adelantó varias semanas a través de una plataforma en línea que contenía las mismas preguntas que luego haría el censista de manera presencial. De esta forma, se aliviaba la carga de datos y el trabajo de las más de 600 mil personas que recorrieron cada rincón del país. Según detallaron los funcionarios, el 50 por ciento de la población fue censada a través de esta modalidad. “El censo digital superó todas las expectativas y eso permite que el operativo de campo sea mucho más rápido”, celebró Marco Lavagna, titular del Indec.

Más allá de la celebración, el censo digital fue la primera instancia que arrojó números de la radiografía que intenta ser esta gran campaña de relevamiento. Fue una primera capa de datos, seguramente incipiente, pero que si es proyectada en un mapa de provincias, resulta más que curiosa. Si pintamos a las provincias por su porcentaje de participación en el censo digital podremos ver un gradiente muy marcado entre los distritos del norte con respecto al centro y sur del país. Ninguna de las provincias que conforman esta zona geográfica tuvo una participación superior al 45%, es decir, estuvieron por debajo del porcentaje nacional. De hecho Salta fue la provincia con menor participación con un 31%, seguida por Chaco con un 33% y Jujuy con un 34%. Tucumán se ubicó en el sexto lugar en el ranking de esta pobre participación en la encuesta virtual, con apenas el 38,7%. Los colores de este particular mapa comienzan a cambiar de Córdoba para abajo, provincia con una participación superior al 55%, y curiosamente los mejores índices no estuvieron en Capital Federal, distrito que siempre ostenta las mejores métricas vinculadas a la infraestructura tecnológica. Hubo que viajar hasta el fin del mundo para dar con la mayor participación en el censo digital, con un 66% de la población de Tierra del Fuego.

La pandemia ya nos había dado una clase magistral de las enormes desigualdades tecnológicas que existen en Argentina. La ilusión de que de un día para el otro podíamos pasar a clases digitales, o teletrabajo al cien por cien, no fue vivida por todos los habitantes de la misma manera. Bien lo saben docentes, padres y madres que tuvieron que lidiar con apuntes por Whatsapp, caídas de conexión o la necesidad de imprimir tareas porque no alcanzaban las computadoras del hogar. De esa experiencia pasaron solo dos años en los que no hubo una transformación tecnológica capaz de saldar las brechas entre lugares con accesibilidad pobre y accesibilidad rica, o entre buenas conexiones y malas conexiones.

Los datos aportados por el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom) también dibujan un mapa que si bien no coincide del todo con el que recién describimos, al menos nos confirma algunos prejuicios sobre dónde realmente existen prestaciones tecnológicas acordes a las necesidades y los tiempos. Según los datos del último trimestre de 2021, en Capital Federal existen 111 accesos a Internet por cada 100 hogares. Es decir, existe más de una conexión por hogar. En el otro extremo, en el que se ubican los índices más pobres, vuelven a destacarse varias provincias del norte, con Formosa liderando el peor panorama con 33 accesos cada 100 hogares, Chaco con 42, Santiago del Estero con 47. Tucumán está en el puesto 15, con 54 accesos, por debajo de Salta y Jujuy, ambas con 55. Y si hablamos no solo de cantidad, sino de calidad, podemos tomar las mediciones de velocidad de conexión que también releva el Enacom. Capital Federal, nuevamente tiene el mejor índice, con conexiones de 78 megas en promedio, seguida por Buenos Aires. En provincias como Salta o Jujuy se navega con una velocidad que está por debajo de la mitad del principal distrito del país, y en Santiago del Estero el promedio apenas alcanza los 13 megas.

Si a los especialistas no les sorprende el crecimiento poblacional, seguramente tampoco los sorprende las desigualdades estructurales que vuelve a confirmar un censo nacional. A diferencia de hace diez años, hemos comprobado que la conectividad no es un privilegio o una elección, sino una instancia capaz de darnos acceso a derechos tan fundamentales como la educación o el trabajo. Nos queda un decenio para proponernos como desafío no volver a darnos con índices tan desiguales en materia tecnológica. Son diez años en los que la forma de conectarnos puede cambiar radicalmente como ha pasado desde el cambio de siglo. A trabajar entonces, porque la cuenta regresiva ha comenzado.

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